Nota de tapa (a rosca)
Un informe publicado por Wine Intelligence indica que el sistema de cierre “screw-cap” está dominando mercados tales como Australia y el Reino Unido. Para saber qué sucede en nuestro país, fuimos a buscar a un referente de la industria.
A principios de julio de este año, la consultora británica Wine Intelligence (@WineIntell), publicó el reporte “Closure Trends in Australia, UK & US 2014”, acerca de las tendencias de sistemas de cierre en dichos mercados. Para sorpresa de algunos, el tan vapuleado “screw-cap” o “tapa a rosca”, se lleva el protagonismo de dicho informe al liderar cómodamente la participación de mercado en Australia y UK; sin embargo, en Estados Unidos, quienes eligen corcho natural como sistema de cierre, triplican en cantidad a los fans de la tapa a rosca. ¿Cuáles son los motivos que sustentan tal elección? Si bien en los 3 mercados se asocia el corcho natural con vinos premium, el reporte muestra que es más habitual que los consumidores de Australia y el Reino Unido compren botellas con tapa a rosca.
Para conocer lo que sucede en el ámbito local, nada mejor que ir a buscar una fuente que, desde dentro de la industria, lidie con estas estadísticas en el día a día de su propio trabajo. Muy amablemente, Carlos Soliz (@CarSoliz), quien se desempeña en el área de Calidad de una de las bodegas más prestigiosas del país, aceptó responder algunas preguntas acerca de la eterna batalla entre tapa a rosca y corcho.
Carlos, por lo que dice el informe, podemos identificar en Argentina algo similar a lo que ocurre en EEUU, verdad? ¿Por qué relacionamos el cierre a rosca con vinos económicos o de gama baja?
Sí, en Argentina el consumidor es más tradicional. Pero no hay que pensar que la experiencia de los consumidores en todo el mundo es la misma y siempre el consumidor es preferente de garantía de Calidad. Si hoy el consumidor australiano prefiere las tapas rosca es porque en algún momento los vinos que se consumían allí tenían corchos de muy baja calidad. Mientras que en Estados Unidos no pasó lo mismo: allí un vino de un segmento determinado de precio siempre tuvo un corcho acorde a dicho precio.
Más allá del costo que tiene el insumo, ¿qué beneficios trae aparejados para la bodega dicho sistema de cierre?
Los beneficios son siempre enológicos para aquellos vinos diseñados para tapa rosca. De hecho, es más complejo colocar una tapa rosca, ya que hay que incorporar una máquina adicional para poder colocar la tapa rosca y agregar otro tipo de controles.
En el otro extremo y, obviamente, con costos más acordes a un vino de alta gama, se encuentra el tapón de corcho natural. Si como enólogo pienso en esa línea de vinos, voy a querer lo mejor del mercado para ellos, pero no sólo por el costo. Entonces, ¿cuál es exactamente la función que cumple un tapón de corcho natural durante la guarda en botella?
El tapón de corcho tiene características que la tapa rosca jamás podrá tener: la capacidad de microintercambio gaseoso. Esta función es la que permite una evolución del producto en forma paulatina, prevista y controlada por el enólogo al cabo de años.
Hasta aquí mencionamos 2 sistemas de cierre, pero existen otros. ¿Cuántos tipos de “corcho” hay hoy en el mercado? ¿Se están desarrollando otros sistemas además de los mencionados?
Los tipos de corchos que existen son: Naturales (Flor, Extra, 1ra, 2da, 3ra), Colmatados (1ra, 2da, 3ra), Técnicos (que tienen un cuerpo aglomerado y dos discos naturales, conocidos como “1+1”), Microaglomerados (poseen una glanulometría muy fina más aglutinante y expansores). Por otro lado, están los sintéticos, de diferentes tipos dentro de dos configuraciones: los de molde y los estrusados (con calidades diferentes según el proveedor). Particularmente, he visto 5 tipos de cierres más, pero sólo solo un par vieron la luz y los otros quedaron en prototipo.
Para cerrar, y aprovechando tu función clave en una industria como la vitivinícola, contanos brevemente a qué tipo de pruebas someten un sistema de cierre antes de incorporarlo a alguna de las líneas que producen.
Las pruebas son muy complejas, y dependen de muchos factores como, por ejemplo, el tipo de vino que debe guardar y dónde se consumirá. Los ensayos pueden contemplar, antes de su aprobación de uso, desde pruebas de tapado por 2 años para hacer ensayos de descorche y degustación, hasta ensayos a temperatura altas y bajas y trabajo mecánico por la máquina taponadora y el destapador. Una vez hecho ese proceso, y antes de usar un lote, se hacen pruebas de degustación de corchos, dimensionales, tratamiento superficial, calidad visual, densidad, color, impresión, análisis mediante cromatógrafos, todas en caso de ser un sistema de cierre conocido. Para uno nuevo, las pruebas pueden durar muchos años antes que puedan ser aplicadas a un producto definitivo, siempre con el objetivo que el consumidor reciba un producto con garantías según sus expectativas y nada de afectación al vino al cual fue destinado para su comunión.
Agradecemos a Carlos que nos aclaró algunas dudas al respecto, pero es evidente que no sólo se trata de un tema de gustos o preferencias. Hay aspectos mucho más complejos que entran en juego al momento de decidir qué tipo de cierre seleccionará el enólogo. Y todo hace a la experiencia final que tendrá el consumidor antes de disfrutar del líquido elemento.
Diego Migliaro — @dmigliaro
Originally published at elenologoargentino.com on August 25, 2014.