Son Requeche

Cuando el hambre se junta con las ganas de comer.. surgen proyectos increíbles, vínculos intensos, y sobre todo músicas poderosas que nos llevan a lugares especiales.


Uruguay | Enero 2011

Estaba en Valizas, en la costa uruguaya, y el misticismo del lugar me había invadido hacía ya unos días. Un destino turístico reservado pero casi de moda.. barcitos, cafés, calles de tierra, el mar.

Era medio día y aproveché para ir a tocar y hacer unos pesos. La gente amable y agradecida como de costumbre mientras pasaba el sombrero me contaba de su vida y de aquel primo músico o aquel recuerdo que le vuelve cuando ve un cello, y una chica de cabellos largos recuerdo me mencionó lo lindo que podría ir ese cello con una flauta. Siii. Claro que iría hermoso, pero justo faltaba cruzarme con un flautista buena onda para hacer fluir esa magia.

Me fui tranquilo a recorrer el pueblo y, como invocado por las palabras de la chica de cabellos largos, apareció Diego, un flautista amigo de un amigo, con la mochila al hombro y la disposición de salir de Valizas para ir a buscar suerte a La Pedrera, otro balneario cercano donde vacaciona gente con más.. dinero.

No podía irse sin que compartiéramos unas músicas, así que nos instalamos en el pasto al lado de camino y nos pusimos a tocar. Era de esperar que empezaran a llegar amigos y así estuvimos un rato pasándola bien hasta que fue evidente que Diego no podía irse a La Pedrera así no más. Decidió quedarse por la noche y al día siguiente íbamos a ir juntos a buscar suerte.

Estuvimos los siguientes 4 meses dando vueltas por el Uruguay.

Una cosa lleva a la otra, y cuando uno se deja llevar por los caprichos de la vida, pues.. qué le vamos a hacer, la vida es muy caprichosa!

Campamento Requeche en La Pedrera.

Por el Diego lo conocí al Chino (Javier Pereira) en La Pedrera quien, antes de enterarme de que era un guitarrista excepcional, me salvó de morir de frío cuando me quedé dormido al lado del fuego en el campamento donde estaban parando. Yo muy tranquilo me dormí sin abrigo y el Chino se ocupó de dejarme un montoncito de leña al lado. Cuando desperté de madrugada congelado pude prender de vuelta el fuego y la noche fue mucho más tolerable.

Pronto volvimos a Valizas y ahí llegó el Andrés con sus congas, y con el Tito que se convirtió en un hermano del alma, y ahí empezamos una aventura de muchos colores. Literalmente. Son Requeche se llamó la banda que armamos.

Requeche, en uruguayo, es lo que se arma a partir de las cosas que te van quedando, desperdicios.. Requeche es ese plato de comida en que mezclás el arrocito de ayer con las verduras del día anterior con un quesito rayado que trajo una amiga y voilà, una comida deliciosa!

Era una banda de salsa, obvio. Eso por iniciativa del Diego que estaba prendido fuego con estos ritmos tropicales. Para mí una ironía interesante, recorrer el continente entero para encontrarme con mis raíces.

La salsa es muuuuy rica de bailar, creo que en eso estamos tod@s de acuerdo, pero lo que yo no conocía es lo sabrosa que es para tocar! Yo hacía las de contrabajo con el vittorio (mi violoncello legendario) así que me tocaba sostener el tumbao, una labor que es ciertamente más difícil de lo que parece, pero así de importante. Básicamente el tumbao marca el paso de baile, si te equivocás podés causar un accidente.. y si no lo hacés bien, pues.. la gente no va a bailar, punto.

Practicando en la casita colectiva de Valizas.

Lo cierto es que para todos era un reto musical importante . Desde el inicio sabíamos que el proyecto implicaba muchas horas de ensayo y estudio, pero teníamos los recursos disponibles para el asunto: principalmente las ganas!

En Valizas nos fuimos cruzando con más gente, yo estaba alucinado de la cantidad de músicos de tantas partes del mundo, en un ambiente tan cómodo para compartir. Nos fuimos quedando y se fue armando la tribu. Terminamos siendo como 15 personas en una casa muy chiquita, compartiendo todo, desde la avena de la mañana hasta las frazadas para cubrirnos del frío a la noche.

Un arcoiris en Valizas, y un montón de hippies disfrutando el espectáculo ;)

Después de una tormenta que nos dejó mojados hasta los huesos, viajamos a Montevideo, para asentar las bases del proyecto y arreglar a Vittorio que estaba ya sufriendo los desgastes del aire costero, y estuvimos parando en la Casa de la Bola, en pleno Barrio Sur, donde suena el candombe como en ningún lugar del planeta:

El Chino y Andrés estudiando la brujería detrás del candombe.

Son Requeche fue sumando adeptos, todo surgía del puro corazón y las ganas de bailar, así fuimos recorriendo por casas amigas, de cena en cena, de toque en toque, hasta los barrios menos glamorosos fuimos a dar, compartiendo con niñ@s, viej@s, gente de ciudad, gente de barrio, y sobre todo con gente luchando por un mundo distinto. No es poca cosa que uno se cruce con gente así, los hay por todo lado, aún en aquellos lugares donde uno cree que no.

Conversaciones de militancias varias en casa de Isa.

Más convivencia, más compartir, y de eso muchísimo aprendizaje para tod@s los que estábamos involucrad@s. Una motivadora incondicional del proyecto fue Isa, quien nos abrió su casa y su corazón hasta donde era humanamente posible — y más. Su casa la usábamos de sala de ensayo, estudio de grabación, patio de recital, fogón, comida compartida, alojamiento. Y ojo que es una casa con una sola habitación. Hay personas realmente generosas en este mundo, me consta.

En Montevideo dimos unas cuantas vueltas, y por una invitación llegamos en tren a Santa Lucía, un pueblo hermoso en el departamento de Canelones. Llegamos para colaborar en una jornada de limpieza de un galpón que había conseguido un grupo de colectivos para activarlo como espacio cultural para el pueblo. Era un galpón que había sido de la red ferroviaria y había quedado en abandono, así que esta gente con iniciativa lo había pedido en comodato para usar por 5 años.

Ahí conocimos al Mingo y a Wilson, que de una se sumaron a la banda, con quienes compartimos unas músicas de otros mundos en la casa de Carlitos y la Negra, del colectivo de radio Espika.

Pucha, tremenda magia he tenido que hacer para meter a personajes tan inmensos en un párrafo tan chiquito.

Diego, Andrés y Wilson practicando en un pequeño galpón en la casa de algún amigo que nos daba alojamiento.

Ahí todo se hizo más grande..

Mingo nos involucró en un proyecto inmenso que se llama Despierta tu Magia.. y Compártela, y recorrimos el Uruguay entero (o una buena parte), de pueblo en pueblo, intentando ayudar a la gente a través de la ayuda que nos daban. Sin un peso pero con nuestras mochilas cargadas de amor incondicional y ganas de proponer cosas nuevas y buscar soluciones a los problemas comunes de tod@s. Es increíble lo que podemos hacer cuando nos ayudamos l@s unos a l@s otr@s.

Pero esa es una historia para otro día.

Son Requeche siguió sonando por un tiempo en la plaza, en la feria, en la peatonal, en varietés, fiestas, manifestaciones, marchas.. y gracias a las colaboraciones de vari@s amig@s pudimos grabar un poco de la música que tanto nos gustaba:

Grandes amistades, grandes sueños. Hoy en día Son Requeche está por todas partes de Latinoamérica, no como banda, sino en la esencia de cada uno de los que fuimos parte — y que andamos de andariegos por este hermoso continente. Hace falta una alineación de planetas bastante compleja para volvernos a juntar a todos otra vez. Por el momento nos conformamos con cruzarnos de a dos o de a tres cada vez que el viento sopla a favor..

Un abrazo grande hermanitos! Hasta la próxima!

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