Sin miedo a nada

 El Salvador / Belice


Hace unos dias mis pies probaron la arena blanca en un destino repleto de turistas que siempre han deseado conocer la belleza de los países tercermundistas, estuve en la isla a la que todos, inclusive Madona llama la isla “Bonita” su nombre oficial es la isla de San Pedro en Belice, era un paraíso, no se si por lo que mis ojos miraban o por lo que vivian mis sentidos, en realidad los ojos visualizaban tonos color turquesa que me de describían, una playa digna de jactarme, realizar snorkling era obligado sus en aguas contienen una riqueza tan exagerada, como la cantidad de turistas que llenan la isla.

La calidez del agua era tan agradable que el sumergirme en mundo tan basto que pasarían 10 vidas y no lo conocería, nade entre arrecifes de coral, que constituían los pent house caribeños del mundo acuático, toque tiburones inofensivos, vi colores tan genuinos que no he podido olvidarlos, porque era como ver pequeños arco iris con aletas.

Una especie me llamo mas la atención, parecia estar sentirse segura, y quien no con un blindaje tornasol perfectamente diseñado a su cuerpo, decorado con finos tatuajes color oscuro, así es una tortuga marina, toma muchas fotos de ella mientras mis ojos parpadeaban en modo ráfaga, pero se me hace imposible mostrarles esos archivos que constituyen un tesoro en mis recuerdos, era impresionante ver una tortuga marina en su entorno, verla con tamaño impresionante.

Hace un año libere algunas tortugas marinas en El Salvador, donde me explicaron que de cada 1000 que fueran liberadas solo el 1% llegaría a edad adulta, el 99% no superaria los obstáculos que se requiere de vivir.

Muchas, no aprenderían la suficiente astucia como para ocultarse y al mismo tiempo alimentarse, la ocasión en la que la pequeña tortuga miraba por primera vez el oceano era imposible imaginar que lucharia sin entrenamiento por su propia supervivencia , comenzando su trayecto en la vida, el señor oceano la arrastra con sus olas que se mueven al ritmo de la marea sin respertarla, ni brindarle el cuidado que estamos acostumbrados a darle a un indefenso recién nacido.

Senti tanto respeto y amor por el valor o mas bien por el reto que asume ese pequeño e indefenso ser, tan pequeño que no almacena espacio para la duda, porque al hacerlo sus aletas, lo empujan a ir hacia adelante, sus aletas le obligan a nadar y sus ojos a avanzar, me parece que ese ser no piensa en < cual sera su destino? o cual sera su ruta? o mucho menos cual sera su comida? no… no creo que piense eso.

Creo que su instinto borra esas dudas y comprime con un caparazón un deseo nato de avanzar, de crecer, de vivir como si todo dentro de ella la obligara a nadar sin importar los retos.

Si tan solo tuviéramos la mitad de valor que tienen esas criaturas, si tan solo nos atreveríamos a avanzar, recorreríamos tantas distancias , caminaríamos por el mundo con una mochila como caparazón y un instinto como brújula, de los cinco sentidos solo existe uno que escucha, lo malo es que gran parte de lo que escuchara lo hará retroceder y nos susurra que la vida es mas comoda en la arena y que nos merecemos pasarla bien que no es necesario correr riesgos y que el oceano es tan grande que cualquiera se pierde para siempre, y que muchos, mejor dicho que la mayoría no sera grande, no nadara lo suficientemente fuerte.. las tortugas marinas llegan a ser grandes porque se obligan así mismas a avanzar.

<que tal si comenzamos a crecer, ahora que ya comenzamos a leer?