Sí, no, blanco, negro

El péndulo oscila en el sentido que yo quiero y vos necesitás, marca una respuesta bastante inverosímil. Respuesta que nos obligamos a creer, porque nos permite dejarnos guiar por ese determinismo falopa que nos libra de la inhibición más rápido que un trago de absenta y nos permite, dentro de las posibilidades físicas y fisiológicas, llegar a aquello que tanto queremos vivir o poseer.

También podría decirse que, ante la dicotomía de creer o reventar, preferimos creer. Porque por ahí no estamos persiguiendo una quimera sino algo más o menos posible, que se nos podría dar en cualquier momento.

La verdad, ni idea. Lo que sí sé es que, por h o por b, mis cuarzos terminan coincidiendo con la realidad. ¿Cómo no creer en ellos?