VOX MULIERIBUS VS. ACZINO

O DE LA MISOGINIA EN LA RIMA

Mimí Kitamura en Casa Talavera, Foto: Dan Wonka.

«Dicen que por mujeres servimos sólo como musas perras o esclavas, he aquí mi refutación en metafórica sonrisa y el danzar de mis estróficas angustias lúcidas», Mimí Kitamura.

Este año se celebró la tercera edición de Secretos de Sócrates México, una plataforma que promete sacar al público de las Batallas de Gallos, de su zona de confort, pues los participantes que se enfrentan en estos escenarios, tienen tres rounds para exponer diversas temáticas, por medio de la palabra, la rima, la poesía, el canto, el movimiento corporal, el humor y el rap.

En Secretos de Sócrates, el anfitrión es el Hip Hop, aunque no reproduce las mismas estructuras de las Batallas de Gallos en las que imperan los raperos especializados en la violencia y la humillación rimada; por el contrario, Secretos de Sócrates busca la retroalimentación con otras disciplinas artísticas y formas de escritura, como el rap en lenguas mexicanas, el eslam de poesía, el stand up, el son jarocho o el improteatro, y eso es uno de los aciertos que tenemos que reconocerles a Danger, a Rojo Córdova y a Zoé, los productores de esta edición denominada «Las Mentes Despiertas Debaten Ideas».

En «Las Mentes Despiertas Debaten Ideas» hubo muy buenas participaciones, como la de ShahMat y Bankai, quienes rompieron con el concepto de batalla al realizar un performance en el que unieron sus voces para que el público reflexionara sobre el término «migración», uno de los conceptos más debatibles en nuestros tiempos, a pesar de las experiencias históricas llamadas genocidios, que no nos han hecho aprender mucho al momento.

También disfruté del stand up, sobre todo de Renato Guillén, quien se ha caracterizado por someter al público a intelectuales pruebas de humor, con sus innumerables referencias literarias.

Y finalmente, la batalla estelar, tan esperada por el público respetuosísimo que no dejaba de hablar mientras en el escenario se generaban propuestas ideológicas con más contenido que la que puede ofrecer el morbo de escuchar a dos personas insultarse. «Aczino vs. Gino», dos representantes de las Batallas de Gallos mexicanas. Aczino, uno de los más ovacionados por el público, pues hace poco representó al país en una batalla internacional, organizada por Red Bull.

La confrontación entre estos dos raperos, que se supone tenía que ser un debate, no produjo argumentos ni a favor o en contra de un tema, todo se redujo a la desacreditación del contrario. Incluso así comenzó Gino, hablando sobre su dificultad para elegir el lenguaje más apropiado para enfrentarse a un contrincante que, para muchos, era el más fuerte.

Justo en esa desacreditación, surgió la única frase de esa batalla que me hizo reflexionar ―y en este punto, querido lector, quiero advertirte que si eres fanático de Aczino, dejes de leer y continúes endiosando a tal personaje, pero si eres una persona analítica y capaz de generarse un juicio propio, adelante, continúa con la lectura―.

Aczino, en su último round, en el último retumbar del beat y con los gritos de los asistentes inundando el recinto, dijo que: «[Gino] es la voz más femenina que del Hip Hop ha existido».

Así fue, queridas lectoras, el insulto más aplaudido, ovacionado y padecido de la noche fue referente al «ser mujer». No se enfaden, recuerden que arriba advertí que si eran fanáticos religiosos, se abstuvieran de leerme. No es necesario tener un doctorado en lingüística, ni si quiera haber leído de semántica, semiótica o pragmática, para interpretar el sentido del mensaje como negativo.

Aczino utiliza en su frase la palabra «femenina» como un insulto para su oponente, como un concepto humillante que rebaja al contrincante de su posición masculina a la condición desvalorada de lo femenino, que en términos del rap y del machismo mexicano, es sinónimo de la vulnerabilidad, de la sumisión y de la falta de talento.

Quizá yo no habría puesto tanta atención a un rapero emitiendo esa frase o «barra» sin sentido, si yo no hubiera estado presente, porque entonces no me habría dado cuenta del impacto que tienen las palabras en el público, que se extasió en aplausos y gritos cuando su portador de rimas, expresó tal juicio. Y eso es lo que más me preocupa, la mayoría sigue aceptando la violencia a lo femenino como lo normal y lo risible.

Porque en México, queridos lectores y lectoras, la mujer sigue sujeta a los estándares de lo masculino, prueba de ello es que siguen generando burlas alusivas a nuestra «debilidad» o al invento psiquiátrico nombrado «histeria».

En nuestra defensa, afirmo que como mujeres también tenemos, en nuestros labios, la capacidad de crear discursos con excelente estructura y retórica. Si revisamos la historia de la literatura mexicana podremos encontrar infinidad de voces femeninas creando versos con mucho mayor contenido que la reproducción de la violencia; desde la época prehispánica, con Macuilxochitzin, pasando por el barroco de Sor Juana Inés de la Cruz, con La semana de colores de Elena Garro o el terror de Amparo Dávila, pues las voces femeninas también han explorado con maestría los rumbos misteriosos de la narrativa.

Y en la actualidad, podría mencionar a muchas eslameras y raperas que representan las voces femeninas de la escena lírica actual, Betsy Númen; Sara Raca; Mare Advertencia Lírica; Rebeca Lane; Batallones femeninos; Victorian Tyler; Cynthia Franco; Sandrah Mendoza, llevando la palabra a centros de reinserción social, Mimí Kitamura, representante de la Rojo Liguilla rumbo al eslam nacional, Edmeé Diosa Loca, finalista del eslam internacional en Brasil, y muchas que, por motivo de espacio, no alcanzaré a mencionar, pero que llenan de metáforas y nuevas propuestas literarias, los escenarios.

En esta edición de Secretos de Sócrates, sí me admiré de varias mentes despiertas que pusieron en los oídos del público la reflexión, como Bankai y ShahMat, quienes unieron al público en un sólo grito contra la competencia, tema que debían debatir; sin embargo, también percibí mentes adormecidas, que siguen empleando la actual condición femenina para humillar al otro, como si estar sujetas al maltrato en la calle fuera algo que nos hemos ganado por la inacción, puesto que ahora, en recintos culturales también tenemos que escuchar los aplausos a la violencia, que nos afecta, quizá no con una muerte física, sino con una muerte que nos somete a la fragilidad artística que, sin duda, se contradice y pierde validez ante toda la literatura que las voces femeninas han expuesto mucho antes que unas simples «barras» y rimas.

Y para finalizar, no creo, querido Aczino, que rompas las normas convencionales o sean tus rimas prueba de una inteligencia adelantada, como expusiste en Secretos de Sócrates, porque suponer que lo femenino es símbolo de debilidad y humillación es lo más convencional en la cultura mexicana, así como reproducir dicha normalidad, es muestra clara del poco análisis y raciocinio ante ciertas estructuras e ideologías sociales que hemos concebido como máximas realidades.

Incongruente que en un «debate» haya sido la falacia ad hominem lo más aplaudido y relevante.

Edmee García en Flupp 2016.

Mimí Kitamura [mimi.yohualli@gmail.com]


Artículo publicado en el periódico Hoy Novedades, el 16 de diciembre de 2016.

Mimí Kitamura

Un recorrido virtual por la poesía anciana de Mimí Kitamura. Huyo de la estulticia y me pudro en el hecho poético, luego renazco en la retórica de mis versos.

Mimí Yohualli Kitamura

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Mimí Kitamura

Un recorrido virtual por la poesía anciana de Mimí Kitamura. Huyo de la estulticia y me pudro en el hecho poético, luego renazco en la retórica de mis versos.

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