Chac Mool

One of the most famous ancient statues throughout Mexico is the “Chac Mool.”

Hace miles de años en las majestuosas tierras de los mayas, vivía un niño muy inquieto y su nombre era Chac Mool, de gestos risueños, cabellos negros y brillantes, como era costumbre al levantar el nuevo día, Chac Mool obedecía y contribuía en casa con los deberes que por su edad le correspondían. Se enjuagaba la carita, ordenaba su cama y cariñosamente saludaba a papá y mamá.

Le encantaba imaginar a los animales que veía camino de la escuela a la casa en majestuosas situaciones, al jaguar en un trono adornado con guirnaldas, el jabalí por su apariencia lo imaginaba como un gran general de ejercitos gloriosos, al tapir por su noble apariencia como un líder espiritual para todos. Así se la pasaba imaginando también cómo estos animales formaban una sociedad como la de su pueblo, unos enigmáticos y otros simples pero con un rol esencial. Esa tarde Chac Mool se divirtió tanto en la escuela que cuando regresaba de camino decidió descansar bajo la frescura de un enorme árbol que ni cien niños como él, aunque se tomasen cada uno de las manos no podrían rodearle. Mientras pensaba y pensaba en sus cosas, el sueño lo llevó a la tierra que él imaginaba cuando se imaginaba a la iguana, al mono y al pavo jugando a la pelota. Entonces escuchó el siseo de una serpiente, primero se asustó, pero no temió más porque esa serpiente le inspiraba una paz que solo había sentido cuando en brazos de mamá encontraba consuelo.

La Serpiente Emplumada en Teotihuacan

— ¿Me ayudas a buscar unas plumas para coserme un abrigo? — le dijo con una voz tan dulce que no podía responder con un no.

— Vamos, espero que no sea lejos, tengo que regresar a casa y hacer tareas.

La serpiente le dijo que sí, que no tardarían mucho porque solo había que subir a la copa del árbol. Entonces subieron hasta una de las primeras ramas y la serpiente le señaló un nido y le dijo a chac Mool que tenía que ser él quien tenía que ir al nido y recoger las plumas, coserlas y regresar en seguida. Chac Mool se dirigió en sigilo, paso a paso muy cuidadoso como si se escondiera de algo, cuando llegó al nido se dio cuenta de lo enorme que era, incluso pensó que podía llegar a ser una cama muy cómoda. Se sorprendió que las plumas eran doradas, resplandecían tanto como el penacho de hojas doradas del jefe de la aldea. Cuando estaba juntando y cosiendo escuchó a una voz que venía de atrás de él:

Cotorra dorada de Brasil, guarouba guarouba.

— ¿Qué haces con mis plumas? — le preguntó una cotorra dorada un poco indignada.

Chac Mool se detuvo y dirigió la mirada a la hermosa cotorra, y le explicó la razón de su visita. Entonces la cotorra ya tranquila y amable le dijo que podía tomar las plumas que deseaba, más le dijo que primero debería ayudarle a limpiar el nido. Chac Mool, muy entusiasmado hizo todo cuanto pudo y con la ayuda de la cotorra dorada terminó el abrigo de la serpiente y regresó a ella para entregarle el abrigo recién cosido. La serpiente le agradeció y le pidió disculpas por todo el ajetreo, se despidieron y Chac Mool quedo satisfecho de haber ayudado a ambas criaturas.

Chac Mool le contó la historia a sus padres, quienes muy felices lo abrazaron y besaron tiernamente.