AUTORIDAD Y MENSTRUACIÓN

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¿Qué sucede cuando la relación con tu menstruación está mediada por un sistema de valores hegemónico, patriarcal, judeo-cristiano? Nos acostumbramos a la información polarizada, dirigida a propiciar el consumo y obediente a intereses particulares que permiten un mayor control sobre la sociedad, aquí el concepto de higiene juega un papel vital porque es a través de este que se puede apartar sobre todo a la mujer, calificarla de impura, enferma y no capacitada para cumplir ciertos roles dentro de la sociedad, además de seguir reproduciendo el discurso de exclusión de una sexualidad binaria definida por nuestras características fisiológicas, en el que solo las mujeres tienen cuerpos menstruantes.

Parece importante para los poderes que mueven los hilos invisibles que manejan el mundo tener control sobre la relación de todas y todos con la menstruación, y es que como fenómeno cultural cobra tal importancia para el desarrollo, tener control sobre ella es tener el control de la perspectiva de la mujer dentro de la sociedad, es tener el dominio sobre esta perspectiva y tener el poder de generar segregación y división entre géneros a partir de esto.

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La religión gobierna y crea una moral anti menstruación, “Los cánones reformados del siglo XII ordenaban a las parejas casadas evitar el sexo durante (…), durante los periodos menstruales de la esposa, durante el embarazo, durante la lactancia y mientras hacían penitencia (Brundage, 1987: 198–99).” (Silvia Federicci Calibán y la bruja, mujeres cuerpo y acumulación primitiva). El capitalismo dirige sus mensajes hacia el consumismo desmedido y no pensado, reforzando imaginarios negativos, ignorando el efecto que tienen estos sobre las personas. “Se convierte en vergüenza social menstruar, manchar la ropa. Muchas mujeres se ponen tampón e incluso compresa a la vez para asegurar que no se manchan, o cambian con más frecuencia la compresa para que no se note. Las multinacionales lo saben, les interesa que nos siga dando vergüenza.” (Diana Fabianova, 2017).

Las ideas patriarcales, instauradas fuertemente en Colombia, se alzan también sobre la menstruación. La han convertido en un hecho penoso, impuro y que da muestra de inferioridad. Estas ideas puestas sobre la menstruación no deben pasar desapercibidas, ya que a partir de estas se genera una concepción negativa generalizada en la sociedad de los cuerpos menstruantes, un auto concepto negativo y sobre todo sigue aumentando la brecha existente entre géneros. Carolina Cruz nos relata acerca de su primera menstruación:

“Yo tenía 14 años y estábamos en Cartagena, cuando yo me vi manchada y yo llamaba a mi mamá y ella me gritaba “Ay, ¿qué quiere?” desde lejos. Ella pensó que quería algo de la tienda, pero a uno siempre le da pena decir esas cosas, hasta que fue allá. Ella me empezó a explicar el manejo, mi mamá me dijo “No, eso en el agua se le quita”. Entonces como estaba todo el día en el mar y en la piscina no fue muy traumático y me dio pena porque ella le dijo a mi papá, y me daba pena que los hombres de mi casa supieran” (Entrevistas, 2017),

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Melany Díaz, por su parte nos cuenta “Le dije a mi mamá cuándo se dio cuenta que si le decía algo a mi papá me iba a enojar con ella. No quería que él supiera porque me daba pena.” (Entrevistas, 2017).

Nos damos cuenta que bajo nuestro sistema de valores resulta bastante mal el hecho de ser cuerpos menstruantes, sin embargo, existen otras culturas regidas por valores que permiten una libre relación de todxs con la menstruación y la vivencia de ciclos no censurados, donde las prácticas y la información se dan desde el amor, el autoconocimiento y el respeto del propio cuerpo y ser y del entorno que rodea al individuo. Estando encaminadas hacia el bienestar personal y comunitario estas ideas resultan ser muy valiosas para la construcción de conocimientos propios y la re significación de nuestra menstruación, siendo de mayor valor para la creación de un mejor auto concepto y de una apreciación más veraz de los cuerpos menstruantes y su rol dentro de la sociedad-comunidad.

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