IDENTIDAD, TERRITORIO Y MENSTRUACIÓN

Imagen tomada desde Internet

Es vital en este punto reconocer la menstruación como un fenómeno no solamente fisiológico sino también energético y sociocultural, que, por lo tanto, se ve influenciado por las practicas y el entorno que se dan dentro de este territorio en el que se vive este proceso, modificando las prácticas, creencias, actitudes y relaciones referentes a la menstruación. Conocer las diferentes cosmovisiones de las diferentes comunidades que se asientan en ciertos territorios, nos permite tener una visión más amplia para lograr una desmoralización de nuestra propia menstruación y una identificación más sana y amorosa con nuestra parte femenina del ser.

Dentro de las comunidades que se relacionan directamente con su territorio y con la menstruación, donde juntxs la celebran y llevan sus procesos de vida cotidiana siendo conscientes, respetando y apreciando los ciclos naturales, se desencadena una sincronización masiva de los cuerpos menstruantes con los ciclos lunares y con los ciclos menstruales de todos los cuerpos menstruantes dentro de la comunidad. Esta sincronicidad permite que la fuerza de los cuerpos menstruantes se sume alrededor de rituales espirituales, de siembra y de compartir comunitario que benefician a la comunidad entera y que permiten también una identificación de los procesos propios en los otros y del lugar que se ocupa dentro de la comunidad . Miguel Angel “El diablo” nos relató:

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“Allá arriba son más o menos 23 mujeres sincronizadas, entonces antes de la luna nueva y de su Luna ellas salen en una caminata de tres días hacia un lugar apartado en donde pasan sus días de Luna haciendo bailes, rituales, medicina y compartiendo la palabra. Mientras tanto las mujeres que no menstrúan quedan encargadas de cuidar a los niños de la comunidad” (Entrevistas, 2017).

En sociedades como la nuestra la sincronía se da en menor escala, a veces entre el grupo de amigas o dentro del núcleo familiar. No somos cuerpos menstruantes compartiendo un territorio y una relación con este de manera consciente, ignoramos nuestro cuerpo y el lugar que este ocupa en el mundo, nos sentimos identificadas con el dolor, el fastidio, las molestias y demás síntomas que lleva encima la menstruación y por lo tanto nuestra propia identidad. Es el desconocimiento, la normalización y la invisibilización las tres posibles causales mayores que impiden la sincronización a gran escala de la menstruación en las ciudades, propiciando el no reconocimiento de los ciclos e ignorando los poderes energéticos que surgen del conocimiento y sincronización de la menstruación disfrazándolo de patología y convirtiendo a los seres menstruantes en seres patológicos crónicos.

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Las diferentes visiones que surgen en los diferentes territorios nos dan cuenta una vez más que no hay una manera correcta o única de vivir la menstruación, que realmente lo indispensable es ser libre de obtener información, de sentir, de vivir y de hablar acerca de nuestra menstruación con los otrxs. Para menstruar libres, conscientes, amorosas y felices necesitamos la comunidad en donde reconocernos y conocernos sin vergüenza y con gusto. Cuando nuestro territorio no nos proporciona estas condiciones es necesario que seamos nosotrxs mismos lxs propiciadores de estos espacios comunitarios porque para generar un nuevo discurso, nuevas creencias, nuevas identidades, prácticas y saberes tenemos nuestras historias singulares que se entretejen en un relato concreto que habla acerca de menstruación, entonces al ser contada y apropiada por nosotxs, la menstruación deja de ser una construcción impuesta del imaginario de otros y empieza a ser totalmente nuestra.

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