
La experiencia es un grado
Ya lo he dicho con anterioridad. La experiencia es un grado. Obviamente, es un grado que tiene un valor, económicamente mensurable. Y también profesionalmente.
Hoy se ha lanzado una página web que no voy a mencionar. Un proyecto liderado por uno de esos curiosos personajes publicistas comerciales, simplificando los términos, iluminados y que tanto gustan en los mundos empresariales y elitistas que se dejan embriagar por las más efímeros fragancias de modernidad.
Ha tenido muchísima repercusión en las redes sociales,y con apenas unos cientos de visitas, se ha caído. Y se ha caído de una manera tan estrepitosa que hasta han intentado taparlo diciendo que “es guay” que se haya caído, por qué no… que forma parte de la filosofía que la envuelve.
Recubren de ingenuidad la inexperiencia con la que se ha levantado la web, desbordados por el desconocimiento de la reacción de su masa crítica ante la creación de unas expectativas. Pero, ¡oye! es legítimo. La excitación de sus creadores y acólitos trata de compensar el hecho de que, cuando el contador llegó a cero, la web no era visible.
Tras esa web hay gente de reputada experiencia. Autónomos que se avergüenzan de llamarse de tal forma y que prefieren utilizar un anglicismo tecnológico para justificar que cada mes deben retractarse ante las autoridades tributarias para poder facturar, separándose del resto temiendo que al denominarse así no sean lo suficientemente atractivos para sus potenciales clientes.
La experiencia, como he dicho, es un grado, y al parecer, cuando sopla algo de brisa, el humo se dispersa. Es de esperar.
Ahora sé cuánto vale mi experiencia y mis conocimientos. Porque ante el ejercicio teórico de cómo lo solventaría yo, he llegado a la conclusión de que a mi no me hubiera pasado. Lo he analizado como el agricultor que mira al cielo y sabe que hoy no lloverá, o el cazador que sólo con olfatear su entorno sabe dónde acechará con éxito a su presa. Ese sentido de la realidad que únicamente puedes percibir cuando tienes lo que hay que tener.
No necesito ser modesto a estas alturas de la vida. Yo ya fracasé como ellos hoy, y no vendo humo. Por eso ya no me pasan estas cosas.
Email me when Mis dos céntimos publishes stories
