El remendón de Portsmouth

EL REMENDÓN DE PORTSMOUTH

Este hombre era John Pounds, y mantenía un pequeño taller de zapatero remendón en Portsmouth, donde trabajaba duro y bien, para que la gente comenzara a traer sus botas para que él las reparara, prefiriéndolo a cualquier otro remendón, porque sabían que él hacía un trabajo honesto y obtenían más por su dinero.

Pronto empezó a conseguir mucho más efectivo de lo que le era necesario para sus necesidades.

Sin embargo, no compró una casa grande ni se instaló en ella a su gusto.

Hizo una cosa mejor. Cuando estaba ocupado, algunos muchachos aburridos solían llegar alrededor de su tienda mirándolo cómo estaba muy ocupado haciendo su trabajo; y, mientras cosía y remendaba, platicaba con los muchachos y ponía interés en ellos. Los muchachos son buenos sujetos, y cuando encuentran a alguien interesado en ellos, aunque estén vestidos con harapos, tendrán interés en él, gradualmente van cultivando el deseo de oírle hablar y empiezan a imitarlo, buscando tener un trabajo estable.

Entonces hizo uso de sus ahorros en una forma que era mejor que alimentarse a sí mismo con buenas cosas, porque alimentó a esos muchachos que necesitaban desesperadamente una comida. Y gradualmente comenzó una especie de club o escuela para sus harapientos amigos; al final tenía una especie de Tropa Scout, de muchachos que aprendían artes manuales bajo su supervisión, se volvían fuertes con su buena alimentación y hombres de trabajo bajo su instrucción.

Por esto, a él le era posible de enviar al mundo a un grupo de trabajadores buenos y fuertes, que de otra forma hubieran sido basura.

Y de este pequeño esfuerzo en Portsmouth surgieron escuelas similares para andrajosos y clubs para muchachos en diversas partes del reino.

Los caballeros en los viejos días se ordenaban por su código de reglas para ser frugales, esto es, para ahorrar dinero tanto como fuera posible para mantener- se a sí mismos y no ser una carga para otros, y para que pudieran dar más para obras de caridad.

Si eran pobres no tenían que limosnear dinero, sino que tenían que ganárselo con su trabajo.

Aunque la frugalidad es parte de la virilidad, porque implica trabajo duro y auto sacrificio, además de que los niños nunca son demasiado jóvenes como para trabajar por dinero. Y éste ha sido especialmente el caso desde el fin de la Gran Guerra, ya que, debido a la pobreza de los hombres, una gran cantidad de cuentas se abrieron para los buenos muchachos, y los Certificados de Ahorro del Gobierno les dieron una gran oportunidad de poner su dinero en una inversión segura.