Selous el Niño Cazador

EL NIÑO CAZADOR

Selous(1) había ido por primera vez a Sudáfrica, cuando tenía diecinueve años, en cuanto dejó la escuela, con la única idea de convertirse en un cazador de animales grandes. Rodesia era llamado entonces Matabeleland, y le pertenecía al fiero jefe nativo Lobengula y sus afamados guerreros Matabeles. Había gran cantidad de animales de caza grandes en el lugar, pero Lobengula no les daba a los blancos permiso para cazarlos. Pero cuando este muchacho llegó a pedirle permiso, el jefe se rió y dijo que era tan niño que le concedería su deseo.

El viejo jefe estaba muy sorprendido de saber, que en un corto tiempo, Selous probó que no solamente era muy valiente y un astuto cazador, sino que era mucho mejor que cualquiera de los mejores guerreros y cazadores que la tribu podía producir.

Selous tenía una maravillosa resistencia. Podía correr milla tras milla siguiendo elefantes; era un maravilloso rastreador, y con una puntería muy buena con el rifle. Siempre se las podía arreglar con muy poca comida; al estar siempre en buena condición y nunca habiendo tomado nada más fuerte que agua, no necesitaba beber; podía obtener lo que quería para comer disparando y cocinando cualquier ave o animal.

Siempre vestía pantalones cortos, ya que le daban libertad a sus piernas. Nunca fumó cigarros ni ninguna clase de tabaco, para poder mantener bien su respiración, y podía fácilmente ganarle aun a los nativos más veloces (y ellos podían correr ¡cuarenta millas en un día!). Era el tipo más verdaderamente scout que se podría encontrar en cualquier lado. Ningún hombre le disparó a tantos elefantes, o a tantos leones como él lo hizo.

Y cuando al fin se retiró de la vida al aire libre y volvió a Inglaterra, encontró que no podía quedarse mucho tiempo en casa. Casi cada año se le podía ver en algún lugar u otro cazando animales grandes.

Un año podría estar en la Montañas Rocallosas, al siguiente se encontraba en África Oriental, después en Alaska o en el Sudán.

Una vez, cuando se encontraba en mi cuarto, vio un par de cuernos de un tipo de antílope que no tenia en su colección. Al momento anotó el nombre del lugar donde los había conseguido, era en algún lado del Sudeste africano, y en cuanto salió como no estuvo satisfecho, no descansó hasta conseguir un par de ese tipo.

Ese era el tipo de hombre que lo caracterizaba, siempre listo para embarcarse en una aventura. Y sin embargo era, como un scout, muy callado y modesto de lo que había hecho; nunca presumía o hablaba de las hazañas que había realizado.

Cuando no podía ir a cazar animales grandes, iba a observar aves para conocer sus hábitos, colectar sus huevos y cosas por el estilo. Tenia un hogar encantador en Worplesdon, en Surrey, donde había construido un museo para guardar los especimenes de todas las diversas clases de animales que había cazado, y muchos Boy Scouts han tenido un día feliz viendo las maravillosas grandes bestias de la jungla allí coleccionadas.

EL FIN DE UNA GRAN CARRERA

Pero cuando llegó la guerra Selous no se podía mantener tranquilamente en casa; aunque tenía sesenta y tres años de edad, él se “enlistó”, y pronto estuvo en el frente de África Oriental. Ahí, sirviendo como oficial en los Fusileros Reales, cuando todos los oficiales que estaban con él se encontraban enfermos de fiebre, este veterano endurecido estaba tan en forma como un violín y hacía un gran trabajo. En septiembre le fue concedida la Orden de Servicio Distinguido “por galantería notoria, recursos y resistencia”.

El ocho de enero este espléndido scout cayó, muerto en acción, peleando por su país.

Un muy apropiado final para una vida aventurera, ¡y era lo que él habría deseado!. Él fue el mejor scout de nuestro tiempo.