Ardiendo por dentro

Basada en hechos reales.
Desde muy pequeño ha imaginado al amor de su vida. Ha tenido la gallardía de pensar que este mundo es perfecto y que con él puede hacer lo que quiere. Oliver siempre –por encima de todo- ha creído en el amor.
No ha pensado nunca en dejar de creer en lo que será posible algún día: encontrar la plena libertad. Dejar de enjaularse, decir lo que siente y no quemarse más por dentro.
Un día supo estar con alguien, a quien quiso mucho pero no completo. No como debía y quería. Su nombre es Elena. Hacían el amor cómo querían, cuándo querían y dónde querían. Una y otra vez. Pero él sufría.
Al cabo de 5 meses rompieron. No se guardó rencor. Ella lo entendió. Comprendió que el fuego que lo quemaba por dentro no era fácil de apagar, y lo estaba ahogando. Aunque por fin pudo tomar un sorbo de aire.
Pasaron tres meses. Un sábado por la noche, sentado en un bar, encontró lo que siempre creyó posible: su oportunidad y sus ganas de libertad hechas persona; todo en uno. Era alto, de ojos cafés y de contextura media. Se llamaba Abel. Hablaron durante toda la noche y compartieron sus números de teléfono.
Durante los próximos 2 meses intercambiaron mensajes de texto, llamadas por la noche y algunas salidas. Se regalaron buen tiempo. Se contaban la vida, el cielo y el infierno. Se empezaban a querer.
Hasta que quedaron en encontrarse aquel sábado por la noche, en el mismo bar. Abel nunca llegó. Oliver lo esperó hasta media noche, tomando vino y deseando que llegara, al menos, un mensaje de excusa por no llegar aquella noche. Nunca más volvieron a hablar.
Ahora, dos semanas después, se vuelven a cruzar. Ambos arden y se quiebran por dentro. Quieren hacerlo todo, pero no pueden, porque ahora Abel está esperando un hijo con Elena, que tiene tres meses de embarazo.

