Buenos Aires: ¿en elefante?

Cuando nombran la ciudad de Buenos Aires todos pensamos en estilosas chaquetas de cuero, bifes de chorizos y obras de teatro aplaudidas por la crítica. Pero la metrópoli también puede ser un excelente destino para familias que vibran con las orcas, los tigres cachorros y los paseos en elefante. A continuación los mejores datos para un viaje verdaderamente “maravillozoo” al otro lado de la cordillera.

Cuando era una periodista intrépida y aventurera que trabajaba en un conocido programa televisivo de animales, alguien me sopló que en la capital trasandina podría darme un festín con la cantidad de lugares para visitar relacionados con el mundo animal. En mi máxima incredulidad pensé en los clásicos zoológicos a los que estamos acostumbrados, en donde muchas veces salimos deprimidos por la precaria ambientación en las que viven esos pobres seres vivos. Pero al llegar allá mi asombro fue mayor. Y el susto, también.

En 1, 2 por 3 conseguimos todo lo necesario para llegar y acomodarnos en Buenos Aires gracias a Viajes Falabella. Así llegamos al Zoológico de Luján porque nos habían pasado el dato de que se podía alimentar a leones cachorros, pasear en elefante y acariciar guepardos. El rating en mi mente comenzó a subir. A 60 minutos de la ciudad de la furia y por unos 7 mil pesos chilenos podría tener mi propio Safari personal. ¡Y ahorrándome las vacunas!

El lugar no es particularmente ordenado ni prolijo, pero el solo hecho de poder juguetear con cachorros de pumas, subir a un elefante y —si eres audaz— entrar a la jaula de un león macho y tocarle la melena, hace que todo se olvide. Puedes incluso con una mamadera darle leche al tigre y dejar que te chupetee la mano, mientras tu posas con cara de felicidad para la foto que quieres subir a Instagram, pero asumiendo que internamente ya llevas varios padrenuestros mientras sientes el aliento piola de ese animal que sólo pesa alrededor de 360 kilos. En la jaula estás sólo tú y el cuidador. La sorpresa es mayor cuando uno le pregunta a los guardias el cómo garantizan que no nos transformemos en el canapé del felino, ellos te comentan con total seguridad: “Los tenemos dominados”. Una razón más para amar a ese pueblo único.

Experiencia única para grandes y chicos amantes de las emociones fuertes y la adrenalina.

Muy “relajada” con el guepardo

Envidiando al hipopótamo…

En la misma ciudad y con un estilo completamente distinto, también existe un bioparque privado de 5 estrellas y glamoroso. Con total certeza el más lindo y cuidado que he ido y en dónde casi por unos extraños minutos tuve vocación de veterinaria. Temaikén es sin lugar a dudas la obra de gente que verdaderamente ama la naturaleza. Con una ambientación en la que dan ganas de ser hipopótamo, flamenco o yacaré, lo que se respira en ese parque es conservación tanto animal como vegetal. El imponente acuario circular, con más de 1 millón de litros de agua de mar argentino, se preocupa de dar a conocer las especies más típicas del océano trasandino. Todo esto sumado con tecnología del más alto nivel que permite a los visitantes aprender de forma entretenida.

Temaikén se encuentra a 50 km de la ciudad de Buenos Aires (en su sitio web entrega varias alternativas de cómo llegar), ofrece ocho locales de comida y la entrada cuesta para adultos unos $14.000 pesos chilenos y para niños de 3 a 10 años $11.000 pesos chilenos. Para nosotros que somos los Von Trapp (4 hijos) no digamos que es una ganga, pero vale la pena usar la tarjeta e ir. Créanme.


Y no podían faltar las Orcas…

El siguiente panorama es uno de mis favoritos porque para los que nos encantaría llevar a nuestros hijos a EEUU, pero antes deberíamos jugar el Kino y ganarlo para cumplir con esa meta, esta es una GRAN alternativa y que no te obliga a asaltar un banco. Repitan conmigo: MUNDO MARINO.

Este parque acuático está en San Clemente del Tuyú, a 320 km de Buenos Aires. Hay que considerar el alojamiento en los gastos y no espantarse con la localidad que personalmente no la encontré muy bonita. Para ser honesta: bien FEA. Pero nada de eso importa cuando el objetivo final es Mundo Marino.

Mundo Marino tiene todo para que nuestro niños se convenzan de que SÌ somos los mejores papás del mundo y nos hagan los favores que les pidamos por un año de corrido. Es entretención pura. Show de orcas de primer nivel, delfines, lobos marinos, safari terrestre y acuático por pantanos (se paga aparte) y un teatro sorpresa hace que este lugar tenga muy poco que envidiarle al Sea World de los gringos.

Una pequeña idea de todo lo que se ofrece y por qué escribo con más entusiasmo que novia acerca de este panorama.

Hay además actividades pagadas aparte que cuestan entre $ 1400 y $4.300 pesos chilenos que son bien tentadoras. Un taller de arquería, el paseo en lancha que mencioné, un recorrido por el mágico “Castillo de los 7 mares”, la posibilidad de estar con los delfines o lobos de mar “detrás de escena” y alimentarlos son sólo alguna de las opciones que ofrece este parque fascinante.

Hay además un albergue de pingüinos que fueron rescatados de morir producto de la contaminación petrolera y en donde se explica el aporte en rehabilitación animal que se hace en la Fundación Mundo Marino. Una de las atracciones que más interés despierta es la posibilidad de ver a través de una ventana panorámica a los delfines cachorros acompañados de su mamá que todos los años nacen en el parque. Suspiro de amor garantizado.

La entrada para personas mayores de 11 años vale unos $15.600 pesos, niños entre 3 y 10 años $10.400 y menores de esa edad gratis.

En resumen lo máximo que se podría pagar en entradas por persona para estos tres panoramas son unos $40.000. Una excelente opción considerando que ninguna de estas atracciones se puede ver en Chile. Y además cerca de nuestro país, comiendo como los dioses y disfrutando de ese “qué se yo” que sólo tienen nuestros hermanos argentinos.

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