Más allá del falo: la hibridez

Registro de un debate público

Mollusca
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Jun 27, 2021 · 10 min read

Nota preliminar:

El presente material es una relatoría que recoge los desarrollos principales que se plantearon en el debate MÁS ALLÁ DEL FALO. Nociones de lo masculino, organizado por el Sustrato de estudios de Mollusca y celebrado en octubre de 2020. El panel estuvo conformado por Florencia Alvarado (artista visual y activista lgbtq+ — desde Nueva York), Nacho Uzcátegui (productor audiovisual y activista transfeminista y antirracista — desde Barcelona), Jordi Santiago Flores (investigador en masculinidades y escritor — desde Caracas) y José Rafael Perozo (artista visual— desde Miami), y en la moderación Marianela Díaz Cardozo (artista, editora y cofundadora de Mollusca).

La intención de esta actividad era complejizar y compartir experiencias reflexivas acerca del lugar que ocupa el rasgo masculino en la cultura y cómo influye en el curso de sus disciplinas laborales y su vida cotidiana.

La intención de este texto es sintetizar las proposiciones principales de la conversación, organizándolas por tópicos que permiten hilar el conjunto.

Al final del documento, podrás disfrutar del registro en video de la actividad.

Preguntas que orientaron el debate:

1) ¿Cómo te toca en lo personal lo masculino?

2) ¿Qué recoges de valioso, curioso o inquietante del lugar que tiene lo masculino en las discusiones actuales de tu comunidad?

3) Suele decirse que el arte es femenino. ¿Dónde ubicas lo masculino en tu práctica artística o de investigación?

Masculino — femenino: ¿dicotomía o espectro?

Masculino y femenino son conceptos establecidos para nombrar aspectos diferenciados de la personalidad, roles, energías y maneras de ser vinculados al género. Ambas nociones aluden a formas características de hacer las cosas, de responder ante situaciones. Aunque son categorías universales y desde hace mucho tiempo nos organizamos en torno a ellas, también es cierto que son construcciones arbitrarias, culturales, locales y epocales.

Masculino y femenino son dos polos de un espectro presente en toda persona, dos rasgos que coexisten en distinta proporción y expresión en todo ser humano y que en la vida práctica se experimentan como un continuum. Estas nociones son marcas propiamente culturales que involucran — y en gran medida normativizan — los cuerpos, sus representaciones y sus interacciones.

En el arte, la idea de “lo femenino” proveniente de la apreciación crítica o estética, es también un adjetivo impuesto. Por ejemplo, aspectos como lo íntimo, lo intuitivo, lo delicado, incluso lo queer, suelen tildarse de “femeninos”, mientras que, por otra parte, la acción, la ejecución y otros rasgos de fuerza, rústicos, son caracterizados como “masculinos”. Sin embargo, estas son apreciaciones estéticas externas a la sensibilidad del artista.

Hibridez

Nadie responde estrictamente a un único sentido, hay muchas líneas de identificación que atraviesan lo masculino y lo femenino; ninguna sexualidad está posicionada de un solo lado. No obstante, se experimentan dificultades para relacionarnos más allá de las etiquetas de lectura, del afán de querer leer rápida y transparentemente a la otra persona. Una necesidad de clasificación que encuentra extrañas o problemáticas a las subjetividades difíciles de encasillar, quizás porque estas muestran su componente híbrido (no se confunda con andrógino), en tanto que proyectan la coexistencia natural de su masculinidad y su feminidad.

Por ello se planteó en el debate — reconociendo su cierta dimensión de utopía — lo adecuado que sería si reconociésemos con naturalidad el borramiento de estas divisiones entre cosas “masculinas” y “femeninas”, permitiendo que estas energías se manifiesten y transiten más fluidamente en el cuerpo y la personalidad; aún más, que estas subjetividades híbridas puedan jugar sus roles sin ser juzgadas de una manera u otra.

Referentes y estereotipos

Esta fuerte tendencia a la catalogación simple y rápida tiene como fin “facilitar” la manera en que se lee a una persona, identificarla en su posición de género (¿y qué se hace con eso?). Los estereotipos sirven de guías estéticos y morales de cómo deben funcionar los roles. Sin embargo, los roles no necesariamente funcionan como estereotipos, puesto que una persona puede interpretar fluidamente varios roles que podrían catalogarse de masculinos o femeninos, poniendo de manifiesto la hibridez.

Masculinidades y feminidades, en tanto que constructos cargados de sentido, son ensamblajes hechos de muchos referentes — positivos y negativos — ligados a la historia personal, al efecto de los estereotipos y al gusto estético de cada quien. ¿Cómo debe ser un hombre, cómo una mujer? ¿Cómo ha de ser una lesbiana, un homosexual o un transgénero? No hay una respuesta fija, pero abundan los moldes para pretender dar cuenta de esa pregunta.

Se denuncia el machismo como generador de violencia, que en muchos casos produce “microtraumas” o temores que (la mayoría de los participantes del debate coincidió en haberlos sentido) impulsan a construir una “masculinidad fake” que les permita integrarse sin ser juzgados o causar sospechas. La admiración hacia referentes masculinos también interviene en el modelado de estas masculinidades.

De igual modo, la reflexión sobre estos referentes y las experiencias personales son la materia para darse a construir — en el caso de los hombres — una masculinidad auténtica, propia, variable, con la cual sentirse a gusto. Ocurre así también, en general, para la construcción de todos los géneros.

En el debate se acordó que se trata de procurar el respeto hacia cada quien en su elección de ser. Un respeto que consideramos es inherente a nuestra condición de seres humanos, más allá o más acá de los géneros.

Las diversidades dentro de la diversidad: confluencias y conflictos.

La lógica fálica (de querer ser el referente dominante al que ha de seguirse como “ideal”) parece funcionar también entre ciertas prácticas de agrupaciones representantes de la diversidad. Hay también concepciones dominantes y hegemónicas dentro de estas comunidades donde, es importante señalar, existen igualmente grupos minoritarios. Bajo estas lógicas también se reproducen estereotipos o moldes a seguir, plantillas en las que calzar según la elección de género o la comunidad a la que se pertenece, todo esto muy determinado por la sociedad o el entorno local.

En algunas instancias no basta con ser queer, hay que “parecer queer”, porque si no se cumple con el diseño estandarizado, se desconfía (“ya pareces…”). Verse muy femenina en una comunidad lésbica o avanzar demasiado en la transición masculina pueden ser estéticas que se salen del molde, y eso causa sospechas.

Se destacó también en el debate la importancia de generar y preservar los vínculos fraternales y sus redes de solidaridad y seguridad entre las comunidades de la diversidad sexual. Las personas heterosexuales también forman parte de este espectro, más que diverso, híbrido. Es fundamental la comunicación para generar tejidos.

Surgió el comentario de que algunas personas se preguntan ¿por qué son tan intensos estos activismos? ¿Por qué tan intenso el mes del pride? Florencia Alvarado dice: “porque si grupos de personas bien intensas no se reúnen a discutir y visibilizar ciertos temas intensamente, ¿cómo se logran los cambios y conquistas legales y políticos?”

La corrección política no es lo mismo que el respeto. Es importante atender sentidos y ejercicios de poder que vienen del lenguaje, pero preocupa dejar todo a la designación de los nombres universales o, por el contrario, ultra específicos que establecen qué es cada cosa y cómo “correctamente” ha de llamarse a cada quien.

MÁS ALLÁ DEL FALO. NOCIONES DE LO MASCULINO. Debate en línea. Octubre 2020.

La homofobia en Venezuela

El panel coincidió en que la homofobia está muy presente en la sociedad venezolana. Ser “muy hombre” o “muy femenina” son dos polos que suelen ser vistos como positivas o hasta idealizadas maneras de ser. Pero los lugares intermedios no suelen tomarse también como naturales y, en cambio, están constantemente inquiridos por estos estereotipos. Desde sus experiencias, los participantes coincidieron que en la cultura venezolana, mientras más te mantengas cerca de la orientación de estos dos polos, causará menos problemas tu transmisión de género (“mientras no se te note, todo bien…”).

También se destacó lo común que es el chiste homofóbico o la “ofensa graciosa” en la interacción social. Tildar “jocosamente” al otro que se considera como “extraño” de una manera burlesca, es una actitud naturalizada y agresiva que muchas veces pasa desapercibida (“¡ay, parchita!” “marico el que lo lea”).

Tanto Nacho como José se preguntan si, teniendo ahora una vida establecida fuera de Venezuela, es posible reconciliarse con esa masculinidad hegemónica con la que crecieron. Florencia señala que para ella es difícil reconciliarse cuando a nivel local y global siguen ocurriendo feminicidios, agresiones, abusos y discriminaciones por parte de la masculinidad tóxica.

La experiencia migrante

La vivencia migratoria — experimentada por tres de los cuatro panelistas — fue interpretada como un punto de inflexión. En estos casos, se destacó que los contextos diferentes al entorno social-legal venezolano, y la apertura de estas sociedades receptoras a ciertos acuerdos civiles, les han brindado las condiciones para descubrirse más, constituirse en su elección sexuada y obtener reconocimientos legales.

No obstante, en esas sociedades también tiene mucha presencia el racismo y otros prejuicios locales contemporáneos. Llamativamente, en estas segregaciones hay una tendencia a desconfiar más de los hombres que de las mujeres. Se sospecha de ellos — planteó Nacho — como si fueran “enemigos”; trasmite que en su contexto europeo no es lo mismo ser leído como mujer latina que como hombre latino, de quien — según él — se desconfía más.

Surge una pregunta del público asistente (Fabiola Arroyo — investigadora y curadora venezolana, desde Lima): ¿A quién le habla el artista migrante? José responde que su obra sigue hablándole a quienes sufren la violencia de género, aunque en el contexto estadounidense no sea leído como un trabajo especialmente queer. Su planteamiento — dice — procura ser empático con las problemáticas de otros, no solo las propias. Esto es relevante porque se trata de asuntos de los vínculos humanos, y como seres humanos exigimos respeto.

Visiones para un mundo híbrido más respetuoso

Hay que trascender las concepciones binarias para que cada cual descubra su lugar en una amplitud de registros y para comprender que el otro también ocupa distintos lugares. No somos únicamente de una manera u otra, no somos una cosa fija, uniforme, íntegra, pura. Todos los sistemas naturales — incluyéndonos — funcionan de forma híbrida.

Es primordial aceptar la propia rareza que uno es, trascender las etiquetas; el ser cultural es diverso. Se es muchas cosas a la vez y eso vale la pena defenderlo.

Algo valioso de nuestra época es la posibilidad que tenemos de hacer estos diálogos, la invitación a deconstruirnos. Descubrirse y construirse es un trabajo de lenguaje que pasa por abrirse a pensar categorías comunes, como por ejemplo, ‘fragilidad’, ‘sensibilidad’, ‘masculinidad’, ‘feminidad’, etcétera. Jordi testimonia el alivio que un hombre se puede procurar al darse cuenta de que puede fragilizarse — algo inaceptable para el canon de la masculinidad hegemónica — sin cuestionarse a sí mismo; esto permite situarse mejor ante posibles presiones provenientes del estereotipo. Él propone hablar de “masculinidades diversas” y no de “nuevas masculinidades”, porque no son nuevas y porque son, principalmente, diferentes.

Debemos aprovechar los medios globales para comunicarnos, dialogar a pequeña, mediana y gran escala. Son importantes la conversación en torno a estos temas, los espacios de visibilización y la difusión para que haya acceso a estas conversaciones que, o se ocultan o se dan por sentadas, quedando captadas por el prejuicio.

Para que haya conversaciones la gente tiene que hablar. Florencia apunta lo relevante que ha sido para ella pasar de ser espectadora a convertirse en “una voz”. Señala que, para sanar, hace falta transformar muchas cosas en relación al respeto hacia la mujer y otros sectores vulnerables. Tanto la conversación conciliadora como la radicalidad son necesarias: todo el espectro de los actores políticos, desde los más apáticos hasta los más activistas son necesarios, siempre que sean conscientes de la necesidad de estos cambios.

Los efectos de que permanezcan estas lógicas fálicas y binarias en la política y en la cultura es que muchos líderes totalitarios podrían tomar el poder. José señala la potencia del arte para incomodar y sacar a la luz temas de los que se debería hablar. Es una lucha que aboga por el respeto entre seres humanos.

Es imperativo construir sistemas políticos y sociedades que alberguen, propicien y faciliten los cambios en materia de género y diversidad, un ámbito que incluye tanto a personas heterosexuales cis, como a todo el espectro queer.

Proponemos exaltar la hibridez como celebración de lo humano, su amplitud más allá del binarismo, e incluso de los propios géneros y sus clasificaciones.

Texto realizado por Marianela Díaz Cardozo y Jordi Santiago Flores.

Panelistas:

Florencia Alvarado: artista visual, fotógrafa y diseñadora gráfica, residenciada en Brooklyn, Nueva York. Su trabajo interroga las tensiones entre lo analógico y lo digital desde una exploración sensual, erótica y sensorial. Es coeditora de la revista de arte y poesía lésbica WMN zine.

Nacho Uzcátegui: informático y productor audiovisual migrante, activista transfeminista y antirracista. En 2020 participó en la exposición De disturbios, lutos y fiestas en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona, con la serie fotográfica Trans en los baños del gym. Pertenece a diferentes colectivos migrantes y de la disidencia sexual en la ciudad de Barcelona (España).

Jordi Santiago Flores: investigador, escritor y director del Sustrato de estudios de Mollusca. Sus intereses de trabajo se mueven hacia el arte, el psicoanálisis lacaniano, el lenguaje, el sonido y, desde hace unos años, desarrolla una investigación personal sobre la masculinidad.

José Rafael Perozo: artista visual, actualmente residenciado en Miami. Su trabajo se centra en el abordaje del tema de la diversidad sexual en sus tensiones con el poder y el lenguaje, haciendo uso de medios y técnicas variadas que van de la pintura al bordado y, más recientemente, el videoperformance.

Conducción:

Marianela Díaz Cardozo: artista, editora y traductora, residenciada en Caracas. Es directora del Sustrato editorial de Mollusca.

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Sustrato de creación e investigación sobre la sensibilidad contemporánea. Una reserva cuidada para el pensamiento, las artes y el encuentro // Substrate for creation and research on contemporary sensibility. A cared-for reserve for thought, art, and confluence.

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