El derecho a la blasfemia

Los participantes en el programa Dimensión

El pasado domingo, 1 de abril de 2018, tuve la suerte de aparecer en el programa Dimensión en Canal 3 de Guatemala en donde fui invitado para hablar sobre “El papel de la religión en la sociedad”. El programa, producido por la asociación guatemalteca Libertad y Desarrollo del empresario guatemalteco Dionisio Gutiérrez, anunciaba el programa en los siguientes términos en su web (de donde tomo prestadas las fotos del programa):

El Dr. Johan Melchor y el entrevistador Paul Boteo
El fenómeno religioso ha sido un tema muy investigado a través de la historia. Alrededor del mundo la existencia de uno o varios dioses, los rituales espirituales, los textos sagrados, etc. han marcado una pauta importante para las culturas. Es por eso que la religión se ha convertido en punto de partida para entender dinámicas sociales, pues revela características, tanto sobre comportamiento de la propia sociedad, como del individuo.
Esta semana, en Dimensión, discutimos sobre la importancia y el papel de la religión para las sociedades a través de la historia:
- Johan Melchor (Historiador del arte)
- Gonzalo Chamorro (Teólogo)
- Manuel Pulido (Director de postgrados [sic, Escuela de Posgrado] de UFM)

El debate estuvo marcado por el tono cordial y respetuoso, como no podía ser de otro modo entre amigos. Tengo la enorme fortuna de contar con el Dr. Johann Melchor como coordinador de nuestro programa de Posgrado / M.A. en Historia del Arte Sacro en la Escuela de Posgrado de la UFM, donde aborda con enorme profesionalidad académica y sensibilidad artística el fenómeno artístico con mayor tradición en Guatemala. El maestro y doctorando en la UFM Gonzalo Chamorro, es un joven teólogo, erudito, muy instruido, que el próximo año estará impartiendo en nuestro programa en línea del Posgrado / M.A. en Filosofía algunos cursos, como uno de la Teología de la Liberación desde una perspectiva histórica y filosófica. Eché en falta, eso sí, la presencia de feministas para hablar sobre el tema abordado. Ójala haya la oportunidad de poder establecer más debates de este tipo en un futuro próximo en Guatemala.

Manuel Pulido y Gonzalo Chamorro

Mis intervenciones introdujeron algunos temas sobre los que llevo un tiempo leyendo, reflexionando y escribiendo.

El primero de ellos es el de las tres funciones principales que históricamente ha cumplido la religión. Una sería la de creación de conocimiento. Esta sería la función que más se ha resentido con la revolución científica. La religión ya no es fuente de conocimiento fuera del campo de la teología hoy día. Otra sería la función de ser referente moral, o fuente de la normativa o regulación del ethos individual o colectivo. En un contexto globalizado actual, donde tenemos Estados de derecho regulando la convivencia entre diferentes credos u opiniones, ya no podemos imponer una sola visión moral a la sociedad. La legislación debe basarse en una reflexión ética, de base filosófica moral, donde la razón sea el campo común de interlocución de los que piensan o sienten distinto. La última de las importantes funciones que cumplía y aún cumple la religión es la del consuelo ante la pérdida, el duelo o la muerte. Los ateos tienen el apoyo de la psicología o la filosofía tanatológica, pero es cierto que aún falta trabajo que realizar en este campo, que es relativamente novedoso. Es uno de los motivos por los que he abierto este blog y sigo investigando y publicando sobre estos temas.

En una segunda intervención hice una defensa atea del Cristianismo, algo que ya he hecho en alguna otra ocasión. Creo que esta idea procede de alguna lectura de Ortega y Gasset. No encuentro ahora mismo la fuente exacta, pero recuerdo haberle leído a este filósofo la idea de que el Cristianismo es la única religión que lleva en sí la propia semilla de su autodestrucción. Y en efecto, es en la sociedad cristiana occidental donde el humanismo cristiano acabó con la esclavitud, creó la separación de poderes terrenales y religiosos (“Dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”), donde la filosofía grecolatina sobrevivió para justificarse e imponerse teológicamente, lo que luego permitió el Renacimiento, la Reforma y la Ilustración y sus derivados (Revoluciones Científica, Industrial, Capitalista y Política Liberal). Frente al Islam, una de las principales amenazas actuales a la globalización, religión que sigue aunando en su Sharía poder terrenal y poder espiritual, con un proselitismo violento, intolerante y expansionista, el Cristianismo aparece como el seno cultural del humanismo seglar y eso es algo que, desde una perspectiva histórica, los humanistas descreídos debemos valorar. Si hay una sociedad donde se desarrolló la idea de derechos humanos e igualdad ante la ley a partir de la idea de igualdad de todos los humanos frente a Dios, es la sociedad occidental, cristiana. Si las mujeres pudieron alcanzar la igualdad jurídica con los hombres por vez primera fue gracias a la relativa mayor debilidad del cristianismo comparado con otros credos, pero también gracias a las bases culturales, filosóficas, teológicas del humanismo cristiano.

Mi tercera intervención fue una respuesta a una pregunta sobre la Reforma Protestante que cumple ahora 500 años. Mi visión es ambivalente: si por un lado, desde una perspectiva histórica, la Reforma fue la ruptura del monopolio discursivo del papado católico y su poder, abriendo la posibilidad de la tolerancia religiosa y las sociedades abiertas, por otro lado, supuso un gran sufrimiento en costo de vidas humanas en guerras de religión durante el siglo XVII como bien ha descrito Francisco Pérez de Antón en su reciente ensayo Cisma sangriento. El cisma fue necesario, pero la sangre, vertida por ambos bandos, no. Quizás inevitable, pero no necesaria.

Foto tomada de Publinews

La última idea que presento en el programa es la idea del derecho a la blasfemia en relación a la reciente polémica de la “Procesión de la Poderosa Vulva” que protagonizaron las feministas guatemaltecas el pasado 8 de marzo, día de la mujer trabajadora. La imagen era una parodia de la imagen d la Virgen de Guadalupe, asimilada al órgano sexual femenino.

Mi ateísmo es congénito. Nunca perdí la fe religiosa. Sencillamente nací y vivo, más feliz que desgraciado, sin ella. Aunque los creyentes de talante liberal suelen respetar el ateísmo, igualmente suelen objetar fuertemente el derecho a la blasfemia. Igual respeto al que crea en lo que sea mientras respete a los que no crean en lo mismo.

Ahora, ¿cómo definimos respeto? Pues yo lo entiendo como derechos de las personas o sus propiedades. Nadie tiene derecho a profanar un templo, dañar una imagen o violentar a nadie. Pero hay una distancia entre decir y hacer, aunque podamos hacer cosas con las palabras.

La blasfemia, la sátira y la parodia son necesariamente parte de la libertad de expresión, de opinión y de credo. Tiene, además, una larga tradición en la sociedades cristianas, mediante la inversión lúdica del Carnaval. Por añadidura, recordemos que las personas tienen derechos; pero las ideas, creencias y divinidades, no.

La piñata de la Poderosa Vulva en andas. Foto tomada de Publinews.

Para algunos esta piñata con forma de vulva será reivindicativa, divertida, graciosa, quizás de mal gusto, obscena o pornográfica, herética, blasfema o desacralizadora.

Sin embargo, las feministas, aunque no sean santo de mi devoción, tienen derecho a procesionar con la piñata o imagen que quieran, al igual que los católicos hacen con sus imágenes. A los que no somos creyentes las imágenes cruentas de personas torturadas como ocurre con el Nazareno o los santos, lejos de movernos a la compasión, nos crea una inquietud parecida a la obscenidad de una imagen pornográfica. Ver y que mis hijos menores vean por la calle la imagen de alguien sangrando por un costado por una herida abierta o lacerado por azotes no deja de crearme mucha más inquietud por lo obsceno que una vulva sonrosada de papel seda o papel couché. Sin embargo jamás se me ocurriría pedir que se prohibiesen los pasos de Semana Santa o películas como La Pasión de Cristo (2004) de Mel Gibson.

El actor Jim Caviezel en un fotograma de la película de Mel Gibson

La imagen de la piñata-vulva es de ellas, encargada con sus recursos o hecha con sus materiales, y procesionan o se manifiestan legalmente, con todos los permisos, y ejerciendo su derecho a la libre expresión de ideas y creencias. Las imágenes no atentan contra la propiedad, la integridad o la imagen de nadie en concreto. No hay forma de impedir esta blasfemia, herejía, impiedad o desacralización en un código penal liberal o republicano sin dañar los derechos básicos de expresión, opinión y creencia. Podemos, claro está, criticarlas. Posiblemente actos como este alejen a las mujeres cristianas, particularmente, las católicas, del movimiento feminista. Pero supongo que asumen con gusto el riesgo.

Pero nada más puede o debe hacerse mientras respeten la propiedad privada y la integridad física, o el derecho al honor de personas. Las deidades no son personas jurídicas. No podemos personar, ni denunciar en un juicio a Buda, Belcebú o al arcángel San Gabriel. Tampoco a la Virgen de Guadalupe.

Vean el debate completo en el siguiente video:


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Manuel Pulido Mendoza es director de la Escuela de Posgrado de la UFM (Guatemala) y autor habitual en el blog Praxis & Lexis y en la revista digital Disidentia. Se pueden encontrar sus publicaciones en Academia.com.