Ronchas

#motivosdeconsulta 1


Tiene que ayudarme. Tengo ronchas en la cabeza y en el cuerpo. Hace cinco meses le dije a mi mujer que había dejado de fumar. Me amenazó hasta con dejarme. Y sé que es capaz. No soy el mejor marido del mundo. Ni siquiera sé si la amo como al principio. Ella, desde luego, no. Ha tenido tiempo de conocerme. Pero creo que sin ella el torrente me arrastraría. Ella, aún, se preocupa por mí. La ropa limpia, la cena preparada, dormir las horas que tocan. Yo no sería capaz de cuidarme solo. Así que hace cinco meses le dije que había dejado de fumar. Por ella, le dije.

Es mentira.

Sigo fumando. En la calle, en las terrazas, nunca a cubierto para que la ropa no huela, nunca en el coche. Me duele el estómago de tanto café y tanto chicle contra el mal aliento. Cada día, al llegar a casa, abandono la cajetilla con tres o cuatro cigarrillos. Al principio la destrozaba con rabia, la escondía dentro de la papelera que hay tras la esquina y juraba que había sido la última vez. Ahora la dejo a la vista, apoyada en equilibrio en el borde, por si alguien más desgraciado o más afortunado que yo los puede aprovechar. O, vaya usted a saber, esperando que ella lo descubra, que terminen la espera y el picor. Cinco meses así. Tengo ronchas en la cabeza y en el cuerpo, me pican y no se van. Desde entonces.

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