La seducción del escritor maldito

El escritor maldito se hace de la reputación de llevar el mal en sus entrañas. Las definiciones de este tipo de autores varían desde el Romanticismo hasta el día de hoy: de personajes con vidas atropelladas y lastimeras, una minoría o una persona antagonista a todo sistema establecido. Uno contra todo.

Lista de reproducción de la novela de ¡Qué viva la música! de Andrés Caicedo, donde a través del Rock y la Salsa distingue y retrata entre un Cali burgués y otro marginal.

Los escritores malditos nos seducen con su rebeldía y la expresión de un universo único, donde él es todopoderoso. Desde inicios del 2017 nos llegan los fantasmas de personajes como el tímido y caótico escritor colombiano Andrés Caicedo, que el 4 de marzo cumplió 40 años de su suicidio. Justo el mismo día que publicó su única novela ¡Qué viva la música! (1977), la que el chileno Alberto Fuguet prologaría décadas después y diría que es la historia que debió leer en su adolescencia. El maldito se vuelve esencial.

Otro fantasma aparece en la misma fecha. El 4 de marzo se cumplió un año de aniversario de cuando la editorial Alfaguara compró los derechos de las obras del chileno Roberto Bolaño -quien escribió en una carrera contra la muerte hasta el 2003 y catalogado como maldito por un documental de Televisión Española- y revelando una novela inédita El espíritu de la ciencia-ficción (2016) y un libro de cuentos. El escritor maldito vende desde la tumba y atrae lectores.

Las nuevas portadas de algunos libros de Roberto Bolaño (16 de 22), para su reedición en la editorial Alfaguara.

La idea de la atracción del maldito comienza con un ensayo del francés Paul Verlaine en su libro recopilatorio llamado Los poetas malditos (1884), donde examina su obra y la de otros cinco autores -Rimbaud, Corbière, Mallarmé, Desbordes-Valmore y illiers de L’Isle-Adam- a quienes consideraba con una voz y visión única que los alejaba del resto de la sociedad al declararla como decadente, y claro, una vida trágica. Dicha definición trasciende hasta crear una etiqueta que encasilla a cada escritor con una historia caótica o desgraciada, o ambas.

La definición se concretaría con el tiempo. En el libro La historia maldita de la literatura (1977), del profesor alemán Hans Mayer, se dictamina que la esencia de este tipo de escritores es que “se empeña a negar el orden establecido”. Mayer coloca a la rebeldía y la marginalidad como características esenciales para distinguir a un escritor maldito.

Pero Mayer aporta un detalle más en su libro. Establece tres grupos de marginados naturales: a las mujeres, homosexuales y judíos. Técnicamente declara a estas tres facciones como productoras de escritores malditos, por su marginalidad y condición de “peligrosos” para el orden establecido. Ese mismo concepto usaría el catedrático español Fernando Díaz Ruíz en su artículo Fernando Vallejo y la estirpe inagotable del escritor maldito (2007), para destacar a este escritor colombiano como maldito: por su homosexualidad y su iracunda y filosa voz contra Dios, contra la Iglesia, contra la reproducción humana, contra el asesinato de animales, contra Gabriel García Márquez, contra la política colombiana, contra todo lo que él desapruebe y esa es una larga lista para nombrar.

El discurso de Fernando Vallejo en la Feria Internacional del Libro de Bogotá 2016, donde arremetió, como solo él pudo arremeter, contra sus antagonista y defender las causas a favor de los animales y contra la Iglesia, Dios, el presidente Juan Manuel Santos y el expresidente Álvaro Uribe.

Por otro lado, el intelectual francés Georges Bataille, agrega otra característica al escritor maldito en su libro La literatura y el mal (1971): estos “no sienten ninguna obligación social hacia sus lectores, convirtiendo sus obras en una rabiosa búsqueda del mal, en otras palabras, de la soberanía individual frente a la sociedad”. La definición se vuelve amplia y abraza a más variedad de malditos.

Los escritores malditos se van diversificando. Encuentras suicidas como Sylvia Plath o Dolores de Veintimilla; atormentados como Edgar Allan Poe o Martín Adán; extravagantes como Oscar Wilde o Pablo Palacio; o rebeldes como Simone de Beauvoir o Federico García Lorca; entre otros. No todos murieron a tempranas edades, pero todos tuvieron una sensibilidad y visión única al escribir, y una vida destacada por tragedias y combates contra los prejuicios de una sociedad moralista.

Libro recopilatorio de perfiles de escritores malditos latinoamericanos, editado por la periodista argentina Leila Guerriero y publicado el Ediciones Universidad Diego Portales.

Así mismo, en la historia de cada país, los escritores malditos van apareciendo y haciéndose conocer. En el 2011, la periodista Leila Guerriero, editó y prologó Los Malditos, un libro recopilatorio de perfiles de escritores con una vida desgraciada y laureados en la literatura de cada país. Encontramos personajes desde poetas como el colombiano Porfirio Barba Jacob o la argentina Alejandra Pizarnik, hasta personajes ignorados en el exterior como el escritor ecuatoriano Pablo Palacio, perfilado por Gabriela Alemán quien determinó a “la locura” como el hilo conductor de su vida. Un escritor maldito por nación.

En el prólogo de ese catálogo de malditos latinoamericanos, Leila Guerriero menciona que “el malditismo es quizás una categoría difusa y evasiva pero, en todo caso, no está reservada para siglos viejos: no es una categoría en extinción”. Esa es la atracción casi sexual del maldito: agresiva, rebelde e incomprendida. A la industria literaria le harían una jugarreta por su adicción a las vidas jóvenes y trágicas.

El 22 de enero del 2016 se estrenó el documental Autor: La mentira de JT Leroy, donde desglosan y sintetizan como una mujer, Laura Albert, inventó un escritor y su respectiva obra (tres novelas) desde 1999 hasta 2005. La obra de un autor ficticio, JT Leroy, que a los 12 se prostituyó, a los 15 se convirtió en heroinómano y ya enfermo de sida decide escribir. El falso maldito se convirtió en una explosión literaria.

La vida inventada de JT Leroy y sus libros sedujo a los famosos como Winona Ryder, Bono, Lou Reed o Madonna, y detrás de ellos una multitud de lectores. El juego terminó en el 2005 cuando se descubre el engaño y se encuentra a Laura Albert entre bastidores. “Ser un mito está bien, porque mis libros no son un engaño, son de verdad. Pero sí me siento como un fraude, porque tengo caras muy diferentes. Soy JT Leroy pero a la vez no”, dijo Albert en el documental que retrata cómo la simple esencia de un escritor maldito puede atrapar a miles de lectores entre las páginas.

“Ser maldito es no encontrar tu lugar en el mundo, no soportar la vida y no soportarte a ti mismo. De alguna manera todos somos escritores malditos” expresó Rosa Montero de su novela La Carne (2016). Sin embargo, no hay que ser escritor para ser maldito. Existen personajes no relacionados a la literatura como James Dean, Kurt Cobain, Jim Morrison o Marilyn Monroe, que han tenido un vida desgraciada y que alrededor de ella gira un culto al mito que representa: locura, excesos e inconformismo.

En eso consta la seducción del escritor maldito: en la representación de nuestros problemas, existenciales o no, que marcan nuestra vida, crean las marcas que hace una existencia única y a la vez similar a la de otros que se sienten representados en las páginas de los libros. El maldito es una persona cualquiera, inadaptado o rechazado, que escribe para poder sobrevivir.

“No serviam. Jamás serviré, jamás obedeceré. Si me mandas a salir, entro”
Fernando Vallejo, Años de Indulgencia (1989).

Publicado en: Revista Cartón Piedra (9 de abril del 2017, Ecuador).