Cuando un día, todo será un recuerdo

Puede ser una pregunta o un deseo. ¿Cuándo un día todo será un recuerdo? o cuando llegue un día en que todo será un recuerdo… No lo se. Lo que sí se es que esta última etapa de mamá de tres me ha consumido tanto que ni siquiera he tenido tiempo de escribir. ¿Será porque mis días pasan tan rápido y me quedo con esa sensación de que no alcanzo a vivir el presente? Debe ser.

Un día les dije a mis enanos, no sé si reír o llorar. Ellos se rieron y yo de verdad me reía llorando. El cuadro era el siguiente: después de dar y dar vueltas cocinando y sirviendo la comida, logré sentarme a la mesa. El bebé lactaba mientras yo empezaba a tomar la sopa; la Isabelita quería otro plato de arroz y el José refunfuñaba porque no le gustaba la carne. Yo rezaba porque el papá llegue al almuerzo.

-“Espera una rato Isa, ya te sirvo”

-“Ay mamá ¡qué lenta eres!”

-“Mamá esta carne huele feo”…

-José, deja de moverte en la mesa que vas a re….

Plum!! Buahhhh!! Mamá, mi arrooooozz!!

“No sé si reir o llorar”… Los enanos “grandes” se reían y el bebé lloraba del susto. Yo me reía llorando. Para colmo sonaba a risa destemplada porque estaba afónica y con tos, lo cual para rematar les daba más risa a los enanos. Yo solo pensaba, sé que va llegar un día en que todo esto será un recuerdo, sé que va llegar un día en que todo esto será un recuerdo… Luego decía, ojalá cuando llegue ese día, mientras me acuerde de esto me ría o quién sabe si sea mejor que de estos días no me acuerde…

A veces siento frustración, a veces desesperación y casi siempre las dos. Ya no llores bebé ya te atiendo, que dónde están las medias, dónde dejaste los zapatos, lávense las manos antes de comer, mamá no me gusta lo que cocinas, dame que ese juguete es mío y no te presto, no grites Isa, no le pegues a tu hermana José, no dejes la ropa en el piso, ordena tus juguetes, ya no llores bebé ya te atiendo, mamá leeme otro cuento, mamá tengo pesadillas, mamá quiero a mi papá… Mis días empiezan así de arrebatados y así mismo terminan. Yo consumida, literalmente, mis energías, mi sueño, mis sueños… ¿Qué hay de mí si ya no me pertenezco? ¿Qué hay de mí si ya no puedo ser yo sin ellos, pero tampoco soy la que fui ni la que soñé ser? Ellos dependen de mí y no lo saben, pero tampoco saben que aunque les amo con toda mi alma, también quisiera un respiro, quisiera trabajar como antes, pero sin el cargo de conciencia de dejarlos sin mamá, quisiera dormir cuatro horas seguidas, quisiera almorzar sin tener que calentar la sopa una y mil veces, quisiera ir al baño sin sentir que me persiguen…

Bueno, por el momento debo ir a alimentar a un bebé… hasta que un día todo esta cotidianidad sea un recuerdo, ojalá un lindo recuerdo…

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