Meditación
Hablemos de suicidio
Crónicas de desamor a los 40
Hablemos de perder, hablemos de quitarse la vida, de decidir que ya no existen ni una sola de las motivaciones que cada mañana hacían que diera el primer paso. Hablemos. Vamos a hacerlo, sin miedos. Sin miedo a las palabras, a las excusas ni a las razones. Solo hablemos del alma negra, de la sensación de ahogo. Hablemos del llanto que quedó atrapado en mis pupilas, ese que no quiere inundar la vida pero que, hoy, lo es todo.
No quiero que creas que tomar estas decisiones de este calibre, lo hago sin antes haber pensado profundamente en ello. Es en un acto de libertad, de mi fuero interno, porque lo escribo. Si no lo hiciera, si no lo escribiera sería injustamente preciso. Sería real y tendría miedo. Porque sé cuándo y cuánto, porque estoy seguro que, en cada paso que doy, percibo mi suerte. Mi negra suerte, que no hace más que hundir sus lodos en lo más profundo de un pozo que no tiene fondo. En tu aliento muero. En tus labios descanso.
No quiero, años después, ver todo lo que perdí en este juego, no quiero, entonces, sentirme vacío y formar parte de la inmundicia que nos rodea. No quiero formar parte de este mundo inservible, ajeno y torpe al que me enfrento desde una cama vacía. Y sí, sé que no me atreveré, mi cobardía será mi escudo, mi plaza y mi fundo. Pues nada más me pertenece, solo son mías las manos con que escribo estas líneas perdidas, llenas de odio y sangre. ¿Qué hice?, dime, ¿qué males causé que ahora recibo estos golpes certeros?
No quiero mirarme a un espejo donde ya no veo al hombre feliz del que me sentí orgulloso. Ahora solo el cetrino rostro de la amargura me observa desde el otro lado. Con la sonrisa rota, hundido en los mares de lejanos recuerdos y olvidadas batallas ganadas. Ya no, no quiero seguir echando leña al fuego, si no morir en él, calcinado por la luz de un atardecer que llega sin remedio, para quedarse.
Hablemos de suicidio, de esa palabra maldita que no es mas que un final como cualquier otro, uno elegido en libertad. La libertad perdida, la que una vez fue motor de esta vida.

