La falta de vergüenza como método de supervivencia

¿Cómo vive un planillero con su consciencia? ¿Cómo hacen los hijos de los dictadura para disfrutar su riqueza malhabida?

¿Cómo hace un Ministro para entregar su dignidad frente a todo un país, ser la burla y la decepción de miles, a cambio de mantener su puesto?

¿Cómo hace un profesional para incumplir un contrato con su cliente, perjudicarlo y colocarse en posición de víctima?

¿Cómo hace un socio para negar olímpicamente sus acuerdos previos? ¿Qué se dice a sí mismo un esposo infiel?

La vergüenza es una emoción dolorosa. El ser humano tiende a evitar el dolor y buscar sólo el placer. Cuando algo le genera placer, pero también dolor en forma de vergüenza, se le cruzan los cables y se ve obligado a resolver el dilema en su interior desconectándose de la realidad “macro” y conectandose a su propia burbuja de realidad.

Para sobrevivir emocionalmente a la vergüenza, reescribe su propia historia. Reinterpreta la realidad de forma que adquiera un nuevo significado. Crea una versión alternativa que, en su mente, pinta un “panorama más amplio” de la situación. Que desdibuja los hechos lo suficiente para que aparezca, en su cabeza, como la verdadera historia.

Luego se la cuenta a otras personas para tratar de formar un núcleo de gente suficientemente grande para reforzar la veracidad de su burbuja. Esa gente puede ser su familia, su partido, sus amigos, esos que “le apoyan.”

Todos los demás están equivocados. No entienden. Son victimarios. Lo acusan “injustamente.”

Dado que “la realidad” es, en esencia, subjetiva, piensa que este ejercicio de malabarismo neurolingüístico será suficiente para vivir consigo mismo.

Lo que olvida es que la sociedad ha creado una realidad colectiva a través del consenso y de la palabra escrita.

Ciertamente, no todo lo que opina la mayoría es correcto. Pero cuando viene acompañado de la palabra escrita, de fotos, de pruebas, se considera un hecho. La diferencia entre los pensamientos, opiniones o emociones, y los hechos, es que estos últimos pueden ser verificados con medios tangibles.

Por eso existen los contratos entre clientes y proveedores, donde se habla de montos, fechas de entrega y otros términos. Por eso los esposos se inscriben ante el registro civil, con sus derechos y obligaciones. Por eso los individuos se inscriben en un partido politico (no dos al mismo tiempo).

Hacemos que estas cosas aparezcan en un papel para convertir algo subjetivo en objetivo.

Es objetivo decir que el Ministro Santiago Peña pertenece a dos partidos políticos al mismo tiempo. Consta en los papeles. Y consta, por las declaraciones del Presidente y sus secuaces, que lo hizo para mantenerse en el puesto. Santi puede contarse otra historia en su cabeza, pero esa pañoleta roja en su cuello es un simbolo de vergüenza que lo va a acompañar siempre. Consta que así se hacía en la época de la dictadura — si no eras colorado no podías trabajar para el estado — y ahora consta que esa práctica ha vuelto. Es objetivo decir que estamos en camino a otra dictadura, igual de disfrazada de democracia como la anterior.

Es objetivo decir que si sos un proveedor y no entregaste en tiempo y en forma tu trabajo según tu contrato o presupuesto aprobado, estás en falta. Podés poner mil excusas, acusar a tu cliente, pero si no tenés pruebas escritas de tus argumentos, y si no se corresponden con el contrato, sencillamente estás creando una burbuja en tu cabeza para evitarte la vergüenza. Como Santi.

Es objetivo decir que si tu papá o tu abuelo era un hombre pobre que después de hacerse militar en la época de Stroessner se hizo rico y poseedor de millonarias tierras, existe una posibilidad bastante alta de que estés disfrutando de bienes malhabidos. Consta en papeles, en documentos, en investigaciones, en testimonios, si te animás a enfrentarlos.

Hay muchas realidades objetivas, comprobables, que el paraguayo prefiere ignorar.

El olvido, el contrataque, la posición de víctima, la justificación subjetiva, la falta de vergüenza, son todos métodos de supervivencia emocional a la simple realidad de su carencia de integridad.

En su más reciente intento de mantener su burbuja, de convencerse a sí mismo, el Ministro dijo: “esperaba el mejor momento para hacerlo sin que genere controversia ni fuese un motivo de conflicto, pero ese momento no existe.” Se supone que tenemos que pensar que ya venía pensando en afiliarse hace rato y “juuuusto” el mejor momento fue el día exacto en que los colorados intimaron al Presidente a despedir a todos los ministros que no fueran colorados. Vamos na.

Para muchos, la única forma de vivir con su consciencia es creando y manteniendo una realidad alternativa, una burbuja, con la esperanza que algunos se la crean. O comprando quién se la crea a platazo limpio.

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