Crisis migratoria: ¿Nos sentamos a esperar?

Rodrigo Villar
Jul 3, 2019 · 5 min read

La imagen de los cuerpos de un padre salvadoreño y su hija de un año, ahogados en el Río Bravo al tratar de cruzarlo en busca de asilo en Estados Unidos, no puede dejarnos indiferentes. No a cualquier mexicano que tenga, como decimos, aunque sea tantito corazón. Y lo mismo aplica para todo estadounidense capaz de sentir una mínima empatía por los sufrimientos de los demás.

Estoy seguro de que en ambos casos se trata de la mayoría, lo mismo que en América Central y en toda la región, donde, además del drama migratorio o crisis humanitaria de los centroamericanos que huyen de la pobreza y la violencia, tiene lugar el desplazamiento de cientos de miles de venezolanos que han tenido que dejar su país por circunstancias similares.

México cuenta con una importante tradición de recibir a refugiados de guerras o situaciones de persecución y opresión, mientras que Estados Unidos es el país de los inmigrantes por antonomasia. Simplemente recordemos el famoso poema en el pedestal de la Estatua de la Libertad: “Denme a sus masas cansadas, pobres y que, hacinadas, anhelan su libertad”.

Frontera de EEUU con México

Con esos antecedentes, ¿cómo puede minimizarse el que en la era del Internet de las Cosas haya tanta gente que emprende travesías de meses o años, atravesando precariamente desiertos, mares y ríos, en la clandestinidad, en el techo de trenes o escondidos en remolques de tráileres?

El problema es que así ocurre: a pesar del sentimiento de compasión, efectivamente, todo acaba por minimizarse u olvidarse, hasta que otra tragedia vuelva a poner el tema en los titulares. Hace cuatro años, la foto del niño sirio muerto en una playa de Turquía; en 2010 y 2011, las masacres de San Fernando, Tamaulipas: al menos 265 migrantes asesinados por el crimen organizado.

En estos días supimos cómo la capitana del Sea-Watch 3, embarcación humanitaria, desobedeció una orden de no acercarse a la costa italiana, aduciendo temor de que los pasajeros, migrantes exhaustos y desesperados, se suicidaran por las condiciones en que estaban. Asimismo, del hallazgo, el 15 de junio, de más de 400 migrantes perdidos en el Sahara, con los que, según la Organización Internacional para las Migraciones, van cerca de 20 mil rescatados en la zona en tres años, la mayoría abandonada por traficantes de personas.

¿Qué hacer? ¿Cada quien a lo suyo, hasta la próxima tragedia? ¿Paciencia, para que con suerte surja una camada distinta de políticos en México, en Estados Unidos, en el mundo? ¿Una para la cual el uso electoral de la migración sea completamente inaceptable, que asumiendo que causas y soluciones rebasan las capacidades y las responsabilidades de una nación por sí sola, por fin tome en serio las políticas internacionales promovidas en foros multilaterales? ¿Nos sentamos a esperar?

Una señal alentadora es que el Gobierno de México ha tomado la bandera de ir a las causas originarias, con una estrategia integral de desarrollo para el triángulo norte de Centroamérica. Diseñada por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, y firmada como acuerdo por los jefes de Estado de este país, Guatemala, Honduras y El Salvador, incluye inversiones billonarias en infraestructura, educación o apoyos sociales. Una especie de Plan Marshall para esta región.

La cuestión sería obtener respaldo internacional y dinero, en especial de Estados Unidos, donde habría que relegar la idea del muro por esta alternativa de generosidad y visión. Y si eso ocurriera, ser muy optimistas para que las cosas funcionen, dados los retos de gobernabilidad y Estado de derecho en nuestros países, que suelen estropear estos planes, más allá de las buenas intenciones y capacidades de los economistas y funcionarios que los desarrollan en papel, en su escritorio.

Así que a esperar… O hagamos algo, desde la sociedad civil y la iniciativa privada, no sustitutivo, sino complementario, para llenar esos vacíos que deja el Estado. Con la ventaja de los proyectos focalizados y que surgen desde la base, del emprendimiento social, que conoce los problemas de cerca y crea oportunidades, más que esperarlas. Con flexibilidad que brinda eficacia; lo contrario a gobiernos copados por restricciones presupuestales, burocráticas o de carácter político.

Es ante desafíos como esta crisis migratoria que la inversión de impacto adquiere todo su sentido y pertinencia. Hablando de tener corazón, el solo nombre del primer reporte de The Social Impact Investment Taskforce, hoy The Global Steering Group for Social Investment, de 2014, dice lo suficiente al respecto: Impact Investment: The Invisible Heart of Markets.

Es realmente emocionante la velocidad con que se ha activado y se moviliza el sector ante la problemática de la migración, particularmente en Estados Unidos y en relación a América Latina. Con un fuerte empuje, ha emergido el colectivo Refugee Investing Network (RIN), para desarrollar fundamentos, modelos y áreas de atención para la inversión de impacto con enfoque en los refugiados y los migrantes (migration lens investing).

El grupo RIN recientemente publicó el reporte Paradigm Shift: How Investment can Unlock the Potential in Refugees. Ahí ilustran cómo el capital privado puede mitigar una crisis que, según se estima, incluye a más de 70 millones de personas desplazadas por conflictos armados, violencia, violaciones a derechos humanos o efectos del cambio climático. Todo esto con retorno a la inversión y rendimiento social de alto impacto en líneas de acción como potencializar el espíritu emprendedor de los migrantes o apoyar en capacitación y empleabilidad, como lo hace Hola Code, programa de enseñanza de ingeniería en software para jóvenes y dreamers deportados, una empresa con la que hemos trabajado en New Ventures.

Estudiantes de Hola Code

Eso es cambiar paradigmas y generar valor. Como destaca en sus documentos programáticos el Mecanismo de Negocios del Foro Global de Migración y Desarrollo: 40% de las compañías Fortune 500 tuvo a inmigrantes o hijos de éstos como fundadores. Hoy, los inmigrantes en Estados Unidos tienen una predisposición para fundar empresas que duplica a la de los “nativos”; llegan a representar un 30% de los nuevos empresarios que emergen cada año. Quienes provenimos de familias descendientes de inmigrantes lo hemos visto desde primera fila.

¿Y si financiamos a tantos hondureños, haitianos o africanos que pueden generar riqueza, aportar a nuestras ciudades, por ejemplo en zonas fronterizas? Restaurantes, talleres, cooperativas… A eso apuesta un instrumento como Kiva, una plataforma de crowdfunding que ha encontrado una tasa de repago de casi 97% en sus préstamos a refugiados emprendedores.

Sobre las mismas bases de confianza –en la fórmula ROI + impacto social positivo– está en pleno desarrollo una amplia diversidad de estructuras de mezcla financiera o blended finance: bancos de desarrollo unen fuerzas tanto con instituciones financieras locales como con fondos de inversión y el mismísimo Vaticano para hacer inversiones de impacto en áreas como provisión de servicios básicos, para mejorar las condiciones de vida en las comunidades de donde salen los migrantes. Sobre un caso concreto, precisamente en El Salvador, hablaremos en la próxima entrega.

New Ventures

Promoviendo el sector de inversión de impact | Promoting the impact investing sector

Rodrigo Villar

Written by

Rodrigo es socio fundador de New Ventures Group en México — Rodrigo is the Founding Partner of the New Ventures Group based in Mexico

New Ventures

Promoviendo el sector de inversión de impact | Promoting the impact investing sector

Welcome to a place where words matter. On Medium, smart voices and original ideas take center stage - with no ads in sight. Watch
Follow all the topics you care about, and we’ll deliver the best stories for you to your homepage and inbox. Explore
Get unlimited access to the best stories on Medium — and support writers while you’re at it. Just $5/month. Upgrade