¿Inversión en combate a la pobreza o movilidad social?

Rodrigo Villar
Jul 24, 2019 · 5 min read

Ningún mexicano con un mínimo de sensatez y conocimiento de las tremendas desigualdades que marcan a nuestro país puede negar la pertinencia de la consigna “por el bien de todos, primero los pobres”. Pareciera que las diferencias están los medios y no en el fin. ¿Pero estamos seguros de esto? Porque, si nos detenemos a pensarlo, también pesan las discrepancias en la forma de plantear el objetivo. Aunque parezca absurdo, tratándose de un desafío de tal trascendencia y endémico a lo largo de nuestra historia, la verdad es que no lo tenemos tan claro.

¿Se trata de paliar la difícil situación de quienes están en situación de pobreza o de empoderarlos para que puedan dejarla atrás? ¿Hay que combatir la pobreza o la desigualdad, la exclusión o el rezago? ¿Hay que distribuir riqueza o expandirla? Podemos frasear la tarea con una enunciación negativa, como abatir la pobreza, o de manera afirmativa, por ejemplo, crear una sociedad de clase media.

Si sopesamos estas preguntas, resulta evidente que, efectivamente, está pendiente el ponernos de acuerdo en los qué, para proceder con rumbo claro a los cómo, cuándo y quién. Trazar así un mapa con una ruta bien definida hacia la meta fijada y que oriente las políticas públicas en las que debe concentrarse el gobierno, en sus tres niveles, tanto como las áreas en las que es más necesaria y puede aportar más la iniciativa privada, la filantropía y la inversión con conciencia social. A fin de cuentas, ese es el modelo de la inversión de impacto.

Las inversiones con un compromiso de responsabilidad social implican, de entrada, evitar hacer algún daño. En cambio, una inversión de impacto busca activamente generar un efecto positivo y medible en alguna causa, fijando de antemano los resultados a conseguir, tanto en retorno de inversión como del impacto social o ambiental. En el reto de la pobreza y la desigualdad en México tendríamos que seguir un esquema similar: precisar el puerto de destino.


Para esa tarea fundamental resulta muy útil, y sobre todo esclarecedor, el Informe Movilidad Social en México 2019, presentado en la segunda mitad de mayo por el Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY), el cual nos orienta sobre cuál es su posición desde la concepción de su misión institucional: “Think Tank que se dedica a la investigación de movilidad social en México”.

Para ellos, la clave y el fin sobre el que deberíamos concentrarnos es justamente la movilidad. En esencia, el concepto complementa la idea del combate a la pobreza, al dotarla de un enfoque de sustentabilidad. Es decir, que las personas en condiciones de marginación y carencias puedan superarlas de manera definitiva, no de forma asistencial, temporal o precaria.


Esto es fundamental, porque supone el paso de ser un país emergente a uno desarrollado y, con una visión menos abstracta, cercana y tangible para las personas, implica la capacidad de conformar una sociedad de clase media, de construir un país de oportunidades para todos. No una quimérica igualdad de resultados, como las de un comunismo utópico, sino de una factible igualdad de oportunidades. En lo personal, secundo totalmente esta postura, y sobre esa base encuentro el valor de los hallazgos y los planteamientos del informe del CEEY.

Habría que tomar muy en cuenta el diagnóstico, si como país realmente vamos a fondo contra la las desigualdades sociales, como compromiso prioritario de esta nueva etapa, calificada anticipadamente como una cuarta transformación. Para dimensionar y planear las acciones prioritarias, los datos sobre pobreza deberían siempre complementarse con los de la movilidad.

De acuerdo con el Coneval, hay 53 millones de mexicanos pobres, casi 44% de la población, con más de 9 millones de ellos en pobreza extrema. Según el informe, 74% de quienes nacen en la parte más baja de la escalera social no logran superar esa condición, con diferencias enormes en términos regionales: en el sur, 86% enfrentan esa perspectiva, en tanto en el norte la proporción es 54 por ciento. También cuenta mucho el género, entre otras razones porque mientras el 82% de los hombres participa en el mercado laboral, para las mujeres el dato es 43% y de 36% para las que tienen hijos menores de seis años.

Cortesía de INEGI

Todas esas diferencias, regionales, de género y en el acceso a cuatro factores esenciales, educación, salud, trabajo y protección social, fundamentan el diagnóstico: “Cerca de la mitad de la alta desigualdad observada en México se debe a que no todos los mexicanos tienen las mismas oportunidades, lo cual se traduce en el principal reto de política pública del país”.

Por eso los investigadores de este centro de estudios, cuyo origen es la filantropía y filosofía del legendario banquero Manuel Espinosa Yglesias (1909–2000), proponen, como paso decisivo hacia la igualdad de oportunidades, crear un sistema universal de cobertura básica de salud y seguridad social, de calidad y accesible para todos los mexicanos por el solo hecho de serlo. No un gasto, sino la gran inversión en capital social de nuestra nación.

Calculan que costaría alrededor de 2.4 puntos porcentuales del PIB al año, que puede financiarse de manera saludable y sostenible con la reforma hacendaria integral que hace falta desde hace décadas. Además, impulsaría un mayor crecimiento, en parte al eliminar las distorsiones que actualmente genera la fragmentación de los sistemas de seguridad social y salud, que incentivan la informalidad laboral y empresarial.

Se trata de una inversión de impacto en toda la línea, que puede complementarse y crecer exponencialmente con las inversiones del sector privado. Impacto disruptivo, con retorno de inversión y resultados sociales medibles en términos de movilidad social. Nada de esto está en el horizonte de la 4T. Debería, en congruencia con principios que enarbola y compartimos millones de mexicanos. Esto, en verdad, sería una transformación; no sólo en el discurso.

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Promoviendo el sector de inversión de impact | Promoting the impact investing sector

Rodrigo Villar

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Rodrigo es socio fundador de New Ventures Group en México — Rodrigo is the Founding Partner of the New Ventures Group based in Mexico

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