¿Qué ven en el futuro millones de niños y cada vez más inversionistas?

Rodrigo Villar
Aug 1, 2019 · 5 min read

Como concepto, el desarrollo sostenible es relativamente reciente. Sin embargo, muy pronto trascendió de las aulas y foros internacionales a las famosas discusiones de café para arreglar los problemas del mundo. Y casi a la par, se ha hecho de un lugar de creciente protagonismo en el sector financiero, a menudo “villano favorito” de esas tertulias con cafeína. Afortunadamente, no sólo a nivel teórico o discursivo, sino en la forma de estrategias y portafolios de inversión, como demuestra, cada año, desde el 2010, el Estudio de Inversionistas de Impacto.

La última edición del reporte auspiciado de la Red Global para la Inversión de Impacto (GIIN), recién publicada, confirma la tendencia y esboza pautas y áreas de oportunidad que merecen la atención no sólo del mainstream de la inversión, sino de políticos, organizaciones de la sociedad civil y emprendedores sociales. De cualquiera que piense en el futuro.

Activista

Con este comentario enfocado en el contexto inicio el análisis de las luces y pistas que salen de esta encuesta a 266 organizaciones que, en conjunto, manejan más de 239 mil millones de dólares en inversiones que buscan poner en sintonía ROI y rentabilidad social/ambiental: gestores de fondos, fundaciones, bancos, instituciones de financiamiento al desarrollo, oficinas de inversión de familias y fondos de pensiones, entre otros actores.

De acuerdo con la visión de Dominique Bourg, profesor de la Universidad de Lausana, quien ha dirigido el Centro de Investigación y Estudios Interdisciplinares sobre Desarrollo Sostenible en Francia, no habría por qué sorprenderse del “éxito internacional” de la idea del desarrollo sustentable, que como expresión apareció, formalmente, en 1980, con la Estrategia de Conservación Global promovida conjuntamente por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y World Wildlife Fund. De ahí, al Informe Brundtland de 1987, que sentó las bases del principio, posteriormente consagrado en la agenda internacional con la Cumbre de la Tierra de Río, en 1992.

“Es producto de un estado de ánimo colectivo insólito, a medio camino entre la mala conciencia y la confesión velada de un secreto a voces: el mundo en el que vivimos, y al que cada uno de nosotros contribuye fervientemente, no es sostenible. No se puede extender indefinidamente ni en el tiempo ni en el espacio, y menos aún, en los dos al mismo tiempo”.

Las implicaciones de esta lógica, constatada por la ciencia y percibida o intuida por millones de ciudadanos de a pie, son enormes. Más allá de la dimensión ambiental: atañen a la economía, a la organización social, a la ética y a la política, donde se vuelven anacrónicas e intrascendentes, en muchos sentidos, distinciones tradicionales como la de izquierda y derecha. Son las raíces de la inversión de impacto, que hoy gestiona más de 502 mil millones de dólares en activos.

Si quieres saber lo que viene en el futuro, en política, modas o inversiones, es mala idea cerrar los ojos a lo mueve a los jóvenes, a fin de cuentas, los primeros destinatarios de la definición originaria de desarrollo sustentable, aquel que “responde a las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de responder a las suyas”.

En un comentario reciente recordaba aquella frase célebre, “no hay nada más poderoso que una idea a la que le ha llegado su tiempo”, en relación con el movimiento que llevó a Vox a publicar un artículo con este título: “Una de las mayores protestas ambientales está en camino. La lideran niños”. Como subtítulo: “Están hartos con la inacción de los adultos sobre el cambio climático”.

Acuérdense de la chispa que encendió la estudiante de 16 años Greta Thunberg, que “se fue de pinta”, como decimos en México, para demandar, a las puertas del parlamento sueco, políticas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. ¿Podemos decir que cualquier parecido con lo que despunta como tendencia en el mundo de las inversiones, a través de la inversión de impacto, es coincidencia?

En ese orden de ideas: ¿qué tienen en común el desarrollo sustentable y la inversión sustentable? El principio de sustentabilidad, en función de los pasivos y retos de la humanidad con el planeta, los más necesitados y las próximas generaciones. Pero también en el sentido de la conservación y el crecimiento de los activos financieros con que se cuenta: los que están en manos de multimillonarios, los ahorros de millones de trabajadores y los recursos de inversión y financiamiento en su conjunto con que contamos como humanidad.

Hablando de tendencias, así como Vox sigue las protestas ecologistas de adolescentes, en el Wall Street Journal se da cuenta de una nueva ola de startups que compiten en Estados Unidos en el desarrollo de apps para atraer a millennials deseosos de invertir en empresas y proyectos con sentido social o ambiental. En el reportaje refieren que, según un sondeo del 2018 realizado por Bank of America, alrededor del 77% de los integrantes de esa generación con “valor neto elevado” se interesa en productos de inversión de impacto.

Por ejemplo, servicios para teléfonos celulares que permiten escoger, con un toque en la pantalla, carteras de inversión temáticas, según una segmentación por causas, como compañías que enfatizan la protección al medio ambiente o bien, prácticas éticas en su cadena de suministro.

¿Puras coincidencias u otro capítulo de la historia que incluye la Responsabilidad Social Empresarial o los fondos que han colocado en sus estatutos un porcentaje mínimo obligatorio de inversión de impacto?

Hay que leer el Estudio de Inversionistas de Impacto 2019 del GIIN; y reflexionar en torno a los cinco “hallazgos claves” que destacan: una industria tan joven como diversa; crecimiento acelerado en activos manejados y en desarrollo y madurez como sector; los objetivos centrales de medición y gestión de impacto como sello característico de la fase que vive en su rápida evolución; continuidad en los buenos resultados en función de las expectativas financieras y de beneficio social/ambiental; compromiso de seguir aportando para el desarrollo de la industria.

Añadiría una sexta manifestación, no textual en el reporte, pero que se siente en éste tanto como en cada congreso o evento sobre el tema, incluyendo el Foro Latinoamericano de Inversión de Impacto, que organizamos cada año en Mérida, Yucatán. La convicción de que no estamos ante una moda, sino de un avance de lo que viene y lo que hay que hacer.

Vislumbres coincidentes y una especie de fe compartida entre académicos expertos en desarrollo sustentable, niños y adolescentes más preocupados y ocupados por el cambio climático que por las diferencias izquierda-derecha/liberales-conservadores, e inversiones que entienden que el ROI, en su sentido tradicional, no basta o cuando menos hay que repensarlo.

Ahí hay retos y oportunidades, justamente para no sólo preocuparse, sino ocuparse, como millones de niños y cada vez más inversionistas.

New Ventures

Promoviendo el sector de inversión de impact | Promoting the impact investing sector

Rodrigo Villar

Written by

Rodrigo es socio fundador de New Ventures Group en México — Rodrigo is the Founding Partner of the New Ventures Group based in Mexico

New Ventures

Promoviendo el sector de inversión de impact | Promoting the impact investing sector

Welcome to a place where words matter. On Medium, smart voices and original ideas take center stage - with no ads in sight. Watch
Follow all the topics you care about, and we’ll deliver the best stories for you to your homepage and inbox. Explore
Get unlimited access to the best stories on Medium — and support writers while you’re at it. Just $5/month. Upgrade