Recesión de impacto vs Inversión de impacto

Rodrigo Villar
Sep 4, 2019 · 8 min read

Primera parte: Lo coyuntural y lo estructural en la recesión

Tomando en cuenta la diversidad de temas relacionados con mi campo de acción profesional, la inversión de impacto y el emprendimiento social y ambiental, me llama la atención que, entre las preocupaciones globales, la cantidad de semáforos en amarillo que se han prendido en el verano por una eventual recesión económica quizá sólo se compara con la de los focos más bien en rojo relacionados con el cambio climático, entre incendios masivos lo mismo en el Amazonas que en Siberia y niveles inéditos de deshielo en el Ártico. Sobre todo, por otra similitud fundamental: en ambos casos hay mucho más de fondo que lo que vemos a veces aisladamente en las señales y los sucesos, lo que les da su sentido o sinsentido más allá de lo coyuntural.

En lo que atañe a la situación económica, con tantos presagios acumulados, era inevitable que a estas alturas el nerviosismo se desbordara desde los mercados a la opinión pública en todo el mundo. Claro, importa saber si de verdad ya viene el lobo, cuándo llegaría y con cuánta hambre.

Hay analistas que afirman que la recesión, en concreto en Estados Unidos y Europa, iniciará entre los próximos 12 y 18 meses. Yo pienso que nadie tiene una bola de cristal para asegurarlo, mucho menos para predecir plazos. Sin embargo, sí creo que, como dice el refrán, cuando un animal se ve como pato y camina como tal, bien puede ser un pato. En este caso sobran las señales para al menos tener por cierto que ya hemos pasado del terreno de lo posible al de lo muy probable.

De entrada, porque, a fin de cuentas, nada es para siempre: ni el crecimiento, ni el estancamiento ni el declive. De otra forma no podríamos hablar de fases y ciclos. Aquí, da la casualidad de que estamos ante la etapa de crecimiento más larga en Estados Unidos desde los 1850, acompañada por el bull market más prolongado de la historia de Wall Street, cumplidos 10 años por allá de marzo, aunque en el oso se asoma con cada vez más recurrencia y soltura.


Las señales de coyuntura

Al momento de escribir este comentario, los mercados financieros siguen trastornados por otra jornada con la llamada curva invertida en los bonos del Tesoro de Estados Unidos (mayor rendimiento a corto que a largo plazo), ahora a un grado que no se veía desde los días previos al crack de 2007–2008 y lo que siguió. Como se recuerda insistentemente, este fenómeno ha precedido todas las recesiones de Estados Unidos en los últimos 50 años.

El mismo día cayeron los mercados bursátiles, al tiempo que firmas de análisis pronostican que las ganancias de las S&P 500 crecerán sólo 2.5% este año, cuando en febrero esperaban un alza de casi 8 por ciento. Mientras tanto, el precio del oro se va hacia las nubes y sube también la demanda de activos “seguros”, como el yen y la propia deuda estadounidense, que en los últimos meses ha dejado prácticamente las mismas ganancias promedio que inversiones en acciones, y sin el riesgo.

Si en Estados Unidos muchos se afligen por el comportamiento de las tasas (no Donald Trump, que exige más rebajas a la Fed para seguir con su “arte de la negociación” contra los chinos y por la reelección), en Alemania los bonos ya tienen rendimientos negativos lo mismo a un día que a 30 años. Hoy se sabe que en el mundo hay más de 15 millones de millones de dólares en deuda gubernamental en esa condición: en la práctica, cobrando por guardar activos.

Además, todo esto sin que a cambio haya algún un estímulo al crecimiento económico a través del crédito, al menos que se note. Al contrario. En “la economía real” los inventarios de petróleo van al alza y los precios bajan, al igual que los de insumos que son indicadores clave del clima industrial, como el cobre. Entretanto, la Organización Mundial de Comercio anticipa que el comercio internacional seguirá a la baja, según sus últimos reportes de órdenes de exportación o de transporte de carga.

Alemania, la mayor potencia económica europea, está al borde de la recesión, luego de una contracción de 0.1% en el segundo trimestre, ligera, pero con un amplio consenso éntrelos analistas de que se replicará en el tercero. A la par, la industria china se desacelera hasta niveles que no se presentaban desde hace 17 años, y también se desaceleran los llamados tigres, Corea del Sur, Singapur, Hong Kong y Taiwán. Sin, duda, malos signos del comercio y la demanda global, por la vocación y la fuerza exportadora de estos países.

Aquí es oportuno asentar que estoy convencido de que el conflicto comercial entre Estados Unidos y China, junto con el proteccionismo que parece extenderse en otros frentes, como Japón Vs Corea del Sur, sería más un efecto de problemáticas de mayor profundidad que una causa de los aires de recesión. De hecho, creo que será un fenómeno pasajero, dado el grado de integración y complejidad que han alcanzado las cadenas de valor transnacionales. Eso sí, se apunta como el disparador designado o la gota que derrame el vaso, quizá con el apoyo de algún ingrediente añadido, como un Brexit forzado.

Como sea, para cerrar el menú de temporada para comensales pesimistas, casi tres de cada cuatro economistas estadounidenses encuestados por la Asociación Nacional de Economía Empresarial (NABE) vaticinan una recesión antes del 2021.


Las señales de lo estructural

De los factores que están en la raíz de la inestabilidad visible se debate mucho menos. No están en las primeras planas porque simplemente no son novedad: vienen de lejos. Pero hay que ponerlos en la superficie si queremos entender lo que pasa y abordar con visión y efectividad los ajustes que hay que emprender, ya no digamos prepararnos para los que ocurrirán, querámoslo o no.

Por ejemplo, qué nos dice un apalancamiento de los corporativos en Estados Unidos cercano al 75% del PIB de ese país, mientras la deuda privada representa 2.5 veces del mismo. Venimos de una década de crecimiento y alza en las bolsas. Pero para los pesimistas, auspiciada o subsidiada por una racha aun más larga de liquidez extrema y bajo costo del dinero; sin incrementos sustanciales de productividad o en la demanda, al menos lo suficiente como para dar más alas a la inversión física que a la financiera.

Chequen lo que trasciende de las deliberaciones de la reunión de los banqueros centrales en Jackson Hole, especialmente calientes este verano. Dilemas como el hecho de que Estados Unidos hoy represente solo el 15% del PIB global y el 10% del comercio internacional, cuando el dólar se usa en la mitad de la facturación del total del intercambio, en dos tercios de la deuda externa de las economías emergentes y en otro tanto de todas las reservas oficiales de divisas existentes. Y qué tal la polémica por la recomendación ex miembro de la Fed, radical y escandalosa, pero pone mucho a pensar: si la responsabilidad legal de esa institución es salvaguardar la salud de la economía estadounidense, ¿no debería usar las facultades y recursos que tiene encomendados para impedir que Trump se reelija? El poder monetario contra la fuerza del tuit del Presidente.

La pregunta es si se puede extender indefinidamente el crecimiento con más recortes en las tasas de interés, incluyendo las que ya están en números rojos, o más “relajamiento cuantitativo”, los famosos QE. ¿Nuevos recortes de impuestos? ¿Podemos espantar al fantasma de la recesión con guerras comerciales, dureza contra los migrantes y retórica nacionalista? ¿Con una apuesta como la que se hace en México, basada en repartir dinero a la gente? ¿Ayuda en algo el condimento de reuniones y fotos del Presidente con magnates y dirigentes empresariales, para ver si hay una especie de contagio de confianza, mientras se estanca la inversión y el crecimiento?

Para mí, la posibilidad de que se dé la recesión puede ser equiparable a la de que todas esas medidas y ocurrencias acaben sólo por aumentar el tamaño de la bola de nieve, como respiración artificial para una economía global con desequilibrios y contradicciones sistémicas. Más aún si consideramos el avance del populismo, de izquierda, derecha o sui géneris, en todo el mundo, otra variable de peso creciente, desde mi punto de vista también por razones estructurales: más contradicciones y desequilibrios, en este caso de la democracia.


La capacidad regenerativa del capitalismo a prueba

Desde luego, la política fiscal y monetaria deben usarse para mitigar los riesgos e incidir en los mercados, pero no bastan para atender apropiadamente a un paciente con problemáticas mucho más profundas y complejas que los síntomas visibles. Lo mismo la demografía o de disrupción tecnológica que las grandes desigualdades que hoy marcan al mundo y la degradación ambiental que hoy comprometen al desarrollo sustentable.

Por eso no es descabellado ni inútil hablar de referencias comunes en temas aparentemente tan disociados como esos desequilibrios estructurales en los mercados y la amenaza planetaria del cambio climático. Porque hay que ir al fondo, salir de la caja, no quedarse sólo con los síntomas. Porque sí hay relación tanto en las causas como en las soluciones potenciales.

Tampoco me resulta inconsecuente el que Ray Dalio, el legendario operador de fondos de cobertura y fundador de Bridgewater, diga que hay un 40% de posibilidad de que la recesión ocurra antes de las elecciones por la Casa Blanca del año que viene, que sea blanco de críticas por ello debido a sus posiciones en corto en los mercados, y que al mismo tiempo siga recibiendo elogios y mucha atención por el ensayo que publicó hace unos meses en Linkedin: Why and how Capitalism Needs to be Reformed.

Por la misma línea va el documento que acaban de firmar 180 CEOs de grandes corporaciones, incluidos los jefes de Walmart, JPMorgan Chase o BlackRock. En medio de la incertidumbre financiera, la declaración de que el propósito de sus empresas ya no puede limitarse generar valor para los accionistas, sino comprometerse con causas que incluyen las sociales y ambientales. Una buena noticia del verano, entre tantas que preocupan.

Por las razones expuestas, espero con claridad, estoy convencido de que la inversión de impacto y el emprendimiento social y ambiental van a ser protagonistas de lo que venga, haya o no una recesión a corto plazo. Una nueva manifestación de la capacidad regenerativa que suele mostrar la economía de mercado cuando entra en problemas estructurales. De entrada, porque entre sus principios está el que la necesidad crea oportunidad. Pero de eso quisiera comentar en el próximo artículo.

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Rodrigo Villar

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Rodrigo es socio fundador de New Ventures Group en México — Rodrigo is the Founding Partner of the New Ventures Group based in Mexico

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