Admitiendo Nuestra Ignorancia

Foto por stina jonsson.

Se ha dicho que una de las razones principales por las que Silicon Valley floreció como lo hizo es por tener una cultura abierta, en la que las ideas podían fluir con muy poca fricción entre empresas; y típicamente se le contrastaba con el área de Boston, con un ecosistema similar (empresas tecnológicas, universidades de primer nivel, capital), pero con una cultura menos dispuesta a compartir, lo que probablemente causó su rezago.

A mí me parece que esto tiene mucho sentido.

Creo que en México no nos sentimos muy cómodos compartiendo ideas y conocimientos. A veces porque los sobrevaloramos, a veces porque los subvaluamos. Otras veces no estamos dispuestos a escuchar las ideas de otros si no consideramos que tienen la experiencia suficiente.

Pero sobre todo, me parece que nos cuesta mucho trabajo acercarnos a otros a pedir ayuda.

Hace unos meses se me ocurrió tratar de armar una comunidad de mentoría peer to peer para emprendedores tecnológicos en Slack, bajo el argumento de que hay todavía muy pocos casos de éxito locales y que esos pocos emprendedores exitosos no tienen tiempo para darnos mentoría a todos. Pero podríamos acercarnos unos a otros y ayudarnos; seguramente hay quienes ya pasaron por el problema que otros están enfrentando y pueden ofrecer consejos.

Se apuntaron a la comunidad un buen número de personas, lo que me entusiasmó. Pero luego, silencio. Con excepción de una o dos personas, nadie preguntaba nada a nadie.

Después me topé con otra iniciativa similar, Café de Hola, donde además podías acceder a mentoría con mexicanos en Silicon Valley. Me sumé y únicamente una emprendedora me pidió asesoría. Aunque la experiencia con ella fue buena, me parece que esta iniciativa tampoco ha despegado como podría.

Luego se me ocurrió ofrecer mentoría gratuita a mujeres, con la intención de ayudar a cerrar la brecha de género. Esta iniciativa ha ido un poco mejor. El formato es más sencillo (simplemente reservar y luego hablar por Skype treinta minutos), lo que imagino que facilita las cosas. Creo que las sesiones han sido útiles para quienes las tomaron, pero ya ellas dirán.

Con todo, el número de personas que se han apuntado es más bajo del que esperaba —¡es gratis, después de todo!— e incluso algunas de las que se apuntaron no llegaron a la cita. Lo que me lleva a pensar que de verdad nos cuesta mucho trabajo admitir que necesitamos ayuda.

Me imagino que nos hace sentir expuestos.

Richard Saul Wurman dice que admitir nuestra ignorancia es el primer paso para aprender. Cada vez que oímos un término o concepto que no conocemos y decimos “ah, sí” para no pasar por ignorantes, nos estamos cerrando una puerta de saber algo nuevo. El orgullo pesa mucho.

Hay que desprenderse de eso y admitir que hay mucho que no sabemos y que podemos aprender de los demás.

Emprender, particularmente una startup tecnológica, es muy duro, y muy solitario. No hay ninguna razón para hacerlo más difícil. Acerquémonos, y compartamos.