¿Sobreviviremos a esta nueva Era Dorada?

De Pittsburgh a Palo Alto y la novela de Edward Bellamy Mirando Atrás zumbando en mi oído.

Por John Battelle

Carrie Furnaces, sede del Thrival Festival en Pittsburgh

Una reciente visita a Pittsburgh (NewCo se asoció con el Thrival Innovation + Music Festival) me recordó que para comprender nuestro futuro, en particular cuando ese futuro parece amenazado y profundamente incierto, a menudo es bueno analizar nuestro pasado.

Discutía con nuestro compañero de viaje Marc Ruxin en el bar de súper moda del Ace Hotel Pittsburgh sobre el resurgimiento bastante improbable de Pittsburgh como una verdadera ciudad del futuro. Ruxin, un empresario de las industrias de la música, el marketing y el cannabis, estaba maravillado ante el hecho de que la ciudad hubiera sido alguna vez el lugar más rico de América, el centro del capitalismo industrial occidental. Fueron las forjas de la entonces naciente Pittsburgh las que impulsaron el dominio de la Unión sobre el Sur en la Guerra Civil, y fue en Pittsburgh que algunos de los mayores empresarios industriales de Estados Unidos -Carnegie, Mellon, Frick y Westinghouse- produjeron por primera una riqueza que continuaría por generaciones.

Y ocurrió también en Pittsburgh que el capitalismo industrial encontró su primera serie convulsiva de conflictos mortales. Los disturbios ferroviarios de 1877 en Pittsburgh, parte de una serie de huelgas nacionales en las que murieron cientos de personas, marcaron el comienzo de una renegociación de décadas entre los trabajadores industriales y sus jefes capitalistas fabulosamente ricos. Durante ese período, el mundo luchó en dos guerras mundiales y lentamente cristalizó el sistema de democracia occidental familiar para la mayoría de nosotros en las industrias de medios y tecnología.

Cualquiera que esté prestando atención estaría de acuerdo en que hoy ese mismo sistema democrático está ahora en crisis. Una vez más nos encontramos en las primeras etapas confusas de una nueva era económica. Esos barones industriales se han rendido a los nuevos señores de la información — Gates, Page y Zuckerberg han reemplazado a Carnegie, Morgan y Mellon.

Mientras Ruxin y yo estábamos discutiendo sobre este estado de las cosas, él me preguntó si alguna vez leí “ese libro, ya sabes, la novela de ciencia ficción que todos tuvimos que leer en la escuela secundaria sobre una utopía socialista”. Demostrando mi capacidad para responder a cualquier pregunta literaria con un cliché, respondí “¿Un mundo feliz? ¿Rebelión en la Granja? ¿La fuga de Logan? ¿1984?”

“No, no”, respondió Ruxin. “Ninguno de esos. Carajo hombre, ¿no te acuerdas? ¿En el que cada trabajo paga lo mismo? ¿Dónde se despierta el chico del 1800 en el año 2000? “

Admití que no tenía idea de qué estaba hablando Ruxin, pero él insistió en que tenía que hacerlo. Todos sabían sobre este libro. Fue una sensación a fines del siglo XIX, me dijo. Las sociedades surgieron en todo el mundo para hablar sobre las ideas del libro, recordó. Oh, ¿cómo se llamaba?

“Googléalo, amigo”, le dije, y pedí otro whisky hecho a la medida para los dos. Y Ruxin lo hizo, regresando triunfalmente en unos segundos con el título del libro: Mirando atrás desde 2000 a 1887, de Edward Bellamy. “Tienes que leerlo”, imploró Ruxin.

En pocos minutos, el libro estaba incluído en mi lista de lectura de Kindle. Y en los siguientes diez días efectivamente leí el best seller de la Era Dorada de Bellamy.

Cuando Mirando atrás debutó, pocos predecían el impacto a largo plazo del libro. De hecho, la novela sólo fue superada por La cabaña del tío Tom y Ben Hur como el libro más vendido de todo el siglo XIX. Así es como el New York Times describió su impacto (en una revisión escrita 100 años después de su publicación):

En el apogeo de la Era Dorada, con lacayos equipados con uniforme, tipos vestidos con broches de diamantes y herederas Americanas buscando maridos entre los duques y condes de Europa, un libro sobre una futura sociedad en la que el privilegio había desaparecido, no parecía pertinente. Sin embargo, en retrospectiva, parece que la novela no podría haber estado mejor sincronizada. América se había vuelto volátil. Enormes fideicomisos estaban fijando precios y controlando industrias enteras. Hombres trabajadores, luchando por menos horas y más paga, chocaron en las calles con ejércitos privados pagados. Los jefes de las grandes ciudades estaban inventando el sistema moderno de corrupción. Los anarquistas cocinaban dinamita en las cocinas de las vecindades. A esa escandalosa etapa, Bellamy entregó un guión de estabilidad y prosperidad en el futuro.

El héroe de la novela, miembro de la clase privilegiada, cae dormido en Boston en 1887 y se despierta 113 años después en una sociedad utópica donde el capitalismo occidental había sido abandonado. Estados Unidos se había convertido en una corporación muy grande, muy bien administrada, una corporación que había sido nacionalizada. Es como si Amazon ganara, y Bezos luego legara su creación al estado. Los críticos lo llamarían socialismo patrocinado por el estado, o incluso comunismo totalitario, pero la versión de Bellamy tenía un sabor claramente estadounidense: las libertades individuales de nuestra Constitución estaban en gran parte intactas, y la mayoría del conflicto se había resuelto mediante la aplicación de lo que podría entenderse mejor como un Ingreso Básico Universal.

Nuestro héroe se encuentra en la casa de un médico jubilado (todos se jubilan a los 45 años después de aproximadamente dos décadas de servicio nacional en el “ejército industrial”). El Dr. Leete, como se lo conoce, se pasa la mayor parte del libro explicando cómo funciona la sociedad en el siglo XX. La prosa se vuelve pedante y tediosa a veces, pero lo que lo mantenía fascinante para mí, era lo familiar que parecían los problemas más de 125 años después.

Una vez más nos encontramos en un momento de desigualdad de ingresos sin precedentes. Las acciones correctivas de la era del New Deal y los Derechos Civiles son atenuadas e ineficaces. La división entre trabajo y capital se ha vuelto aún más abierta y corrosiva para la sociedad. Pero tal vez para esta nueva Era Dorada deberíamos sustituir “dependencia de datos” por “trabajo” y “plataforma digital” por capital. Los monopolios (el estado natural de las cosas, según muchos en el Valley) otra vez gobiernan nuestras industrias más importantes, ya sean agrícolas (Monsanto), procesamiento de información (Google, Facebook) o comercio (Amazon, Alibaba). Hasta el momento, no tenemos los ataques generalizados de finales de 1800, pero es difícil no percibir que algo tan feo acecha a la vuelta de la esquina. Tal vez, como muchos han argumentado, ya está aquí.

El libro de Bellamy ha sido llamado vacío, ingenuo y políticamente peligroso por críticos mucho más consumados que yo, y el objetivo de mis escritos al respecto no es presentarlo actualmente como una solución para nuestra inflamable atmósfera política. La mayoría de las predicciones de Bellamy no se materializaron; en lugar de evolucionar pacíficamente hacia una utopía, el mundo occidental se convulsionó en una guerra horrible impulsada en gran medida por las filosofías nacionalistas que el libro exalta.

La idea de un ejército industrial nacionalizado me resulta escalofriante y repugnante. Pero el libro me obligó a pensar sobre nuestra situación actual en términos nuevos, y ese pensamiento ahora conduce mi punto de vista sobre muchos de los problemas más urgentes de nuestra era. Cuando las mejores nuevas ideas políticas que el Valley ha presentado incluyen el ingreso básico universal y/o un salario mínimo garantizado, es claramente el momento de que hagamos lo que supuestamente el Valley hace mejor: pensar fuera de la caja. Con eso en mente, recomiendo leer, o volver a leer, el Mirando Atrás de Bellamy. Sin nada más, es reconfortante recordar que hemos estado aquí antes. Quizás en esa realización evitaremos condenarnos a una repetición de las consecuencias más trágicas de la era industrial.

Bellamy’s Mirando atrás es uno de los muchos libros que estamos leyendo en NewCo mientras nos preparamos para los diálogos en el Shift Forum de febrero. Nuestra lista también incluye American Girls de Nancy Jo Sales, The Retreat of Western Liberalism de Edward Luce, Un mundo sin ideas de Franklin Foer, Homo Deus de Yuval Noah Harari, La Nueva Crisis Urbana de Richard Florida y muchos otros. Si estás interesado en el nuevo programa de Lectura de Shift Forum, asegúrate de inscribirte en mi boletín semanal aquí.

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