La batalla por Palmar Sur

Un ancestral conflicto por tierra que ha costado litigios, protestas, y mucha sangre campesina.

La manifestación y las detenciones documentadas en este corto vídeo sucedieron en el puente sobre el río Térraba (por allá por Dominical), el pasado martes 16 de febrero, 2016. Parece algo totalmente alejado a nuestra realidad nacional ¿cierto? Al menos alejada de lo que vemos día a día en el GAM…

Hay muchas cosas que no vemos en el GAM.

Tampoco los medios ofrecen una versión completa ni justa de toda la historia ligada a este proceso tan complejo. Después de echarle un muy corto vistazo de cerca a la problemática, y trabajar lado a lado con algunas de las familias que serían desalojadas de la finca Chánguina y el cuadrante 3, quisiera ofrecer una pequeña reflexión sobre la situación (alarmante por decir lo menos).

“Bajo el Mismo Sol”

Lema de la construcción masiva con voluntarios de la organización social TECHO. Sin embargo, esta “constru” sería como ninguna otra que hubiese realizado TECHO en el país.

Viernes 18 de diciembre, 2015. Pasadas las 5 de la tarde, en las instalaciones de CENAC en el centro de San José, nos reuníamos 341 voluntades con un propósito compartido: ir a construir 38 viviendas de emergencia en la finca Cobasur.

Con las majestuosas palabras de Jorge Debravo, nos enviaba Sofía Kikut hacia la titánica tarea. Junto con los otros 7 Líderes de Escuela (LE), el pequeño discurso de la compañera Sofía nos daba una pincelada apenas de la larga historia de sufrimiento y lucha de la cual seríamos testigos.

Para este momento, nadie (ni siquiera quienes ya habíamos construido con TECHO antes) tenía idea de cuán difícil sería la tarea a la cual nos habíamos comprometido; y tan sólo imaginábamos los embates que sufriríamos por parte del Sol.

Por muy adecuado, el lema “Bajo el Mismo Sol” se quedó bien corto.

Pasadas las 12 de la noche, llegamos a Palmar Norte, específicamente al colegio diurno donde estaríamos basados los siguientes 4 días. Fue ésta la sede de la Escuela Gris, un subconjunto de unos 80 voluntarios.

Inició de manera expedita el trabajo en equipo. Descargar el autobús: primero la comida, para que las compañeras Intendentes pudiesen comenzar a preparar la cena que todos necesitábamos. Seguimos con las pertenencias de todos, las herramientas para el trabajo, una rápida revisión del bus, y el compañero transportista se retira.

Como es tradición, nuestros líderes de escuela nos reúnen a todos en el salón principal, nos piden nos acomodemos en un círculo, y procedemos a hacer la introducción. Se presentan las normas básicas para el trabajo, y se dan todas las indicaciones generales. Cada quien se presenta al resto del grupo; me siento en extremo orgulloso y feliz de ver que una gran parte de la Escuela Gris estudia en el TEC (incluidos ambos nuestros Líderes de Escuela y múltiples otros en el Staff). Después de una apresurada ingesta de comida, los voluntarios se retiran a dormir unas horas, mientras nos reunimos todo el Staff para tener todo listo para el sábado y el inicio de la construcción.

Vista inicial del terreno en Cobasur, a nuestra llegada el sábado. Facebook de TECHO.

5am: Comienza la jornada.

Otra ingesta apresurada, y una apresurada distribución de voluntarios en sus cuadrillas. El compañero transportista se apersona, nos montamos todos al bus y nos dirigimos a Palmar Sur, hacia la esperada finca Cobasur: propiedad del INDER, quien había prometido que el terreno sería limpiado y preparado, y que los servicios básicos estarían instalados en la finca antes de iniciarse la construcción. Si bien la limpieza del terreno se atrasó casi un mes, y no fue hasta nuestra llegada que los compañeros del ICE estaban instalando la iluminación, para el sábado 19 todo parecía marchar en orden.

Aquello era una vista espectacular.

Y espero no olvidarla nunca. Se concretó frente a mis ojos una de las muchas razones por las cuales esta constru sería única: entraban y salían vehículos y camiones del ICE, del INDER, nos acompañaron altos jerarcas de múltiples instituciones del estado, representantes del Ministerio de Presidencia, y como si todo esto fuera poco, caminaban como hormiguitas obreras 341 jóvenes sin más motivación que aliviar un poquito la situación de vivienda de éstas familias, sobre una misma propiedad.

Atardecer del lunes 21 de diciembre, penúltimo día de construcción. Facebook de TECHO.

Poco a poco se fue transformando una finca “pelada” en una nueva comunidad.

Así se veía Cobasur cuando íbamos completando el proceso constructivo, el martes por la tarde. Facebook de TECHO.

Podría hacer un recuento detallado de todas las dificultades que encontramos en el camino, pero en ello podría tardar semanas; además, no es la idea. Simplemente espero que me crean.

Sin lugar a dudas, una de las experiencias más retadoras — física, emocional, y socialmente hablando — a las que jamás me he enfrentado.

Descarga de Material en terreno, circa 7pm. Facebook de TECHO.

El enorme reto de trabajar con un material tan pesado y tan frágil como el fibrocemento, la difícil coordinación interna de tantísimos voluntarios juntos, la complicada comunicación con todas las instancias de gobierno que habían presentes, las jornadas de hasta 14 horas en terreno; pero más que todo el Sol. Siguiendo directrices explícitas, los Líderes de Cuadrilla velamos por la hidratación de nuestros voluntarios dándoles sueros electrolíticos a intervalos regulares. Nuestros esfuerzos no fueron suficiente.

Voluntarios insolados, deshidratados…

Se nos caían las herramientas. Cometíamos toda suerte de errores constructivos que, en ocasiones tenían impacto nefasto sobre la vivienda, o sobre la salud de otros voluntarios. Un compañero que estaba colocando la estructura en el techo de una vivienda dejó caer su martillo por accidente, golpeando en la cabeza a otro chico que ayudaba desde abajo. Al colocar las láminas de Eureka, una compañera hizo un mal movimiento, y tras apoyarse en falso, la lámina de techo que la sostenía, cedió, y ella cayó unos 3 metros hasta el suelo.

Después de un buen susto, y el enojo proporcional a la (falta de) planificación en términos de Seguridad Laboral y de Servicios de Salud de Emergencia, tras unas 6 horas vimos a la compañera volver victoriosa, si bien fracturada, al terreno — portando un yeso en su brazo como cicatriz de batalla — y por única preocupación el estado de la vivienda que estaba construyendo para una familia. NUNCA entenderé el coraje de esta chica. Simplemente lo admiro.

Siempre hacemos una pequeña ceremonia donde inaguramos la vivienda, y los familiares cortan un lazo junto con los TECHEROS que ayudaron a construirla.

Testimonio de lo difícil de la tarea fue nuestra hora de partida. Eran las 7pm del martes y estábamos apenas inaugurando algunas de las viviendas con sus respectivas familias. Aquellas que por distintos motivos no logramos completar antes de nuestra partida, las dejamos en las capaces y comprometidas manos de nuestros voluntarios de la zona sur.

Después de una profunda limpieza del colegio que nos abrió sus puertas y nos alojó por lo que parecía una eternidad, partimos de regreso hacia el Valle Central. Eran como las 2 de la mañana cuando yo me bajé de ese bus cerca de la Sabana.

Pero bueno. Ésa es la historia de la constru. Espero que para este momento hayan entendido que la intervención de TECHO es si acaso el último párrafo en una historia que tiene un siglo de capítulos manchados con sangre.


Tomada del Facebook de Zona Sur Vive y Lucha.

El origen del problema.

Más comprimido que archivo zip, si me lo permiten.

Algunos quizás recuerden que en algún momento de su historia, a nuestro país le pareció una excelente idea adoptar un modelo productivo de enclave. Bueno, resulta que por allá de 1920, la UFCo tenía importantes plantaciones en el Pacífico Sur, por Parrita y Quepos. Para la década de los 30’s, en su expansión, llega hasta Palmar Sur. Recordarán que existió todo un movimiento social (con muchas huelgas y protestas) sobre la intervención y la expansión de la bananera. Bueno, no todas sucedieron en el Atlántico. También se dieron en el Sur, y allí también se derramó sangre campesina. La historia de policías golpeando campesinos, deteniéndolos, (y en aquel entonces, volándoles plomo), lamentablemente, no es nueva.

Mamita Yunai decide jalar.

Sucedió que en diciembre de 1984, la enorme multinacional decide salir del país, y abandonar todas sus tierras y sus trabajadores. Pueden ver una pequeña nota al respecto aquí. En total, para esos momentos, se estima que la bananera tenía unos 8,000 trabajadores en la zona sur del país, y unos 20,000 a nivel nacional.

Esta decisión dejó a este enorme número de familias — que dependían de dicho empleo para subsistir — totalmente desprotegidas.

Aquí es donde comienza lo realmente complejo.

¿Qué pasa con los cientos de hectáreas de tierra que deja botadas la bananera?

A manera de “compensación” para los trabajadores, y también en un intento de aliviar el problema de subsistencia de sus familias, el gobierno tico le ofrece estas tierras a los campesinos. En Palmar Sur, se fundan cooperativas (básicamente grupos de familias que se unieron para poder producir en esas tierras) y a esos grupos productivos se le transfiere la propiedad de la tierra.

Las famosas fincas Chánguina y Térraba, quedan en manos de una tal cooperativa llamada Coopalca del Sur.

Lo que sucede entre 1984 y 1991 no lo tengo completamente claro. A partir de los testimonios macheteados que escuchamos de parte de los líderes comunales de Palmar Sur cuando estuvimos por allá, infiero que se produjo mucha división entre los miembros de las cooperativas, y la administración de las tierras (incluidos aspectos legales) fueron descuidados.

Y la tierra pasó a manos empresarias… nuevamente.

En 1991, aparece uno de los nombres más importantes de la historia. Óscar Echeverría Heigold, presidente actual de Motores Británicos, firma un contrato de arrendamiento con la cooperativa, por plazo de 20 años, de esas dos fincas. En ese tiempo, el señor Echeverría acumuló una serie de deudas. Una deuda de 408 millones de colones con la CCSS, además de deberle unos 4,000 millones al Banco Anglo. Los líderes campesinos que han encontrado la valentía de manifestarse (a pesar de lo que les ha enseñado la historia) aseguran que a pesar de que el señor Echeverría no pagó sus cuotas obrero patronales a la Caja, sí se aseguró de deducir ese monto de los salarios de sus trabajadores. No es exactamente el patrón más confiable.

Desde el 2001, el señor Echeverría Heigold presentó sus demandas ante el Poder Judicial, para desalojar a todas estas personas de sus tierras.


A la actualidad, hay que añadirle varias capas de complejidad.

Hay 100 familias en las fincas disputadas. 38 de ellas aceptan una solución de vivienda temporal que ofrece la administración Solís, por mientras se logra encontrar una solución permanente. Esta solución temporal tiene nombre: la finca Cobasur y la construcción de TECHO con sus voluntarios. Sin lugar a dudas, las familias que son reubicadas a Cobasur se muestran agradecidas y felices. Y sin embargo, a pesar de la seguridad que brinda la solución temporal, todas las familias de Chánguina, (en especial aquellas que no aceptaron la solución propuesta por el gobierno) tienen un mismo reclamo:

Tierra para sembrar.

Quizás hayan notado en el vídeo del inicio, a un líder campesino culpar al Presidente, y reclamar que “así es como me pagaron el voto”. Esto es algo que vimos de primera mano cuando estuvimos en el Sur: todas las familias reclaman al gobierno, algunas de manera pacífica y comprensiva, y otras no tanto. Aquí hay muchísima tela que cortar, porque lo que ellos entienden como Gobierno de hecho son múltiples actores diferentes. Y aquí entramos en lo más central del problema: decidir qué cosas se han hecho bien, cuáles se han hecho mal, y en qué demonios dirección seguir de aquí en fuera.

El gobierno de Luis Guillermo Solís.

Por razones de claridad, me gusta más usar los términos “Casa Presidencial” o “Ministerio de Presidencia”.

Mi opinión es que — dentro de lo complejo y difícil que ha sido todo este proceso — la administración de Solís ha actuado relativamente bien. Ha tomado acciones sin precedentes, y hasta donde logro identificar, se ha esforzado (un poco) por generar un acercamiento con los afectados, establecer canales de comunicación, escuchar sus necesidades, y dentro de lo que le permiten sus facultades, brindar una solución al problema.

Sí, de fijo. Es algo así como propaganda. Algo de manipulación mediática. No se pintan todas las aristas del problema. Pero es un pequeñito reflejo de la nueva realidad de algunas familias en Cobasur. Y la verdad no está tan mal. Lo que sí tengo que admitir me cayó bien mal fue el hecho de que el gobierno no reconoció la labor durísima y solidaria que asumimos cientos de jóvenes. Sin la cooperación de TECHO, la labor de brindar una solución temporal de la que tanto se jacta la administración Solís, quizás no hubiese sido tan fácil.

Tomada del Facebook de Zona Sur Vive y Lucha.

La ironía que ven las familias.

He visto cualquier cantidad de reclamos hacia Casa Presidencial por el maltrato de parte de los policías y la represión de la manifestación. Sin embargo, necesitarían evidencia irrefutable para convencerme de que la orden de violentar y detener campesinos la dio el señor Presidente. Si bien es cierto que la Fuerza Pública opera bajo el mandato del Poder Ejecutivo, creo que hay muchas más personas y fuerzas actuando allí, que no estamos viendo, y a las cuales no les estamos prestando la debida atención.

Quiero dejar muy claro que condeno y reprocho absolutamente cualquier forma de represión que se ejerza sobre una manifestación pacífica. Este pasado martes, los campesinos estaban — hasta donde sé — protestando de manera pacífica, y sin obstruir completamente el paso por el puente de Térraba. Es decir, no estaban actuando fuera de la ley, sino ejerciendo un derecho: su derecho a ser escuchados. A ellos, les admiro su valentía, y recalco además que al lado de lo que ellos vivieron sobre ese puente, nuestra manifestación del miércoles (de la cual debemos sentirnos orgullosos) se ve como de juguete.

Aquí se actúa respetando la División de Poderes del Estado.

El Poder Judicial ordena el desalojo, y al Poder Ejecutivo no le queda otra alternativa más que obedecer.

Espeluznante, ¿no? Foto tomada de La Nación.

Por eso, no creo que nadie deba reclamarle a Casa Presidencial el hecho de ordenar el desalojo: al hacerlo más bien cumple con su obligación. Creo que lo que debemos cuestionar es cómo se lleva a cabo el desalojo, y a quiénes estén a cargo directamente del proceso. Sí, eso incluye a la tropa de GAOs que garrotearon y amenazaron con gas lacrimógeno a un grupo de campesinos desarmados.

Bueno, no hace falta ni que yo diga que la forma de llevar a cabo el desalojo es cuestionable. La Sala Constitucional de nuestro país ya lo hizo, y con ello paralizó el proceso hasta que se encuentre una mejor manera de lidiar con toda esta tormenta. Ahora lo que queda por definir, es lo de siempre: ¿y ahora qué pasará con las familias de Chánguina?

Dentro de todo esto, creo que hay cosas que no le quedan muy claras a nadie.

¿Por qué un millonarísimo deudor puede exigir tan violento desalojo de 100 familias que viven en tierras que — desde 1984 se decidió les pertenecían? ¿Qué vale más: un título de propiedad, o lo que por lógica y empatía es lo correcto? ¿A quién debe pertenecer la tierra de este país: a un gran empresario, o a las familias, que se rompen las manos y las espaldas, labrándola?

¿A quienes hacen referencia nuestros himnos?

Si me preguntan a mi, las respuestas a estas interrogantes (y muchas más que nacen en este proceso) las podemos encontrar fácilmente, si nos conectamos con nuestra capacidad humana de solidarizarnos y comprender a otras personas. Independientemente de lo que digan las leyes, o el tribunal contencioso administrativo, o el Presidente de la República. Basándome en lo que creo y en lo que veo, para mí, es sencillo. Arriesgándome a sonar un poco Zapatista:

La tierra es de quien la trabaja.

De quien la ha trabajado. Incesantemente y con valentía, por tantos años. Por generaciones. Lo que nos queda por decidir — obvio es lo más difícil siempre — el cómo.

Fuente: Facebook de TECHO.

Así pues, la Batalla por Palmar Sur — continúa.

Y hasta el momento, no veo indicios de que este conflicto se resuelva pronto.

Fuente: Facebook de TECHO.

Creo que nos corresponde a todos, pero especialmente a quienes tenemos acceso a la educación y múltiples otros recursos, el participar activamente del proceso, y velar por que se busque una solución justa y adecuada. Después de todo, somos la ciudadanía a quien se debe el gobierno de nuestro país, ¿no? Tenemos una voz. Y si la usamos en unísono, esa voz es muy poderosa. Propongamos ideas. Denunciemos las cosas que se han hecho mal. Subámonos las mangas y jale a construir una solución temporal de vivienda para familias que realmente lo necesitan* (éste por supuesto, es sólo un ejemplo, pero hay miles de oportunidades para subirse las mangas y transformar la realidad).

Lastimosamente, no existe una única solución o respuesta correcta a todo este embrollo, y lo que es peor: no hay forma de reintegrar los daños y las vidas que ya ha cobrado este conflicto. Lo que veo más factible a partir de este momento, es un largo proceso de diálogo, conciliación, negociación, y la búsqueda en conjunto de una solución que le permita a todos — si no bien sentirse “victoriosos” en el conflicto — al menos sentirse satisfechos con la solución lograda, y subsistir de manera digna.

Como humanos, como jóvenes, como ciudadanos costarricenses es nuestra obligación velar siempre por que se respete siempre la dignidad de las personas, y construir una cultura y una sociedad verdaderamente en paz. Los invito a que vayamos más allá de cantar el himno una vez al año, y vivamos lo que en realidad dicen esas hermosas palabras:

¡Vivan siempre el trabajo y la paz!


Ariel Dickerman es estudiante de Ciencia e Ingeniería en Materiales, es Vicepresidente del Consejo Ejecutivo 15–16 de FEITEC, y fungió como Líder de Cuadrilla en la construcción “Bajo el Mismo Sol” de TECHO en diciembre 2015.

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