Esto me dijo mi papá cuando tuve miedo de mudarme a otro país

Cuando llevaba todo el día petrificado frente a la maleta, una llamada de mi papá me hizo tomar valor.

Mis papás nunca se plantearon ser viajeros. Sin embargo, por varios motivos a lo largo de los años, la familia terminó mudándose varias veces de casa, ciudad y estado. Así que ellos saben una cosa o dos sobre cambiar domicilio.

A un par de días de mudarme a Austria a iniciar mi Erasmus Joint Masters Degree, me entró una nostalgia inexplicable y unas ganas de no irme de casa sabiendo que este adiós es más definitivo que los que vinieron antes.

Y ahí estoy. Parado frente a mi maleta, sin poder terminar de empacar. Con ganas de no decir adiós. Con ganas de no mirar atrás.

Y como una ayuda divina, no necesariamente pedida, pero sí muy necesitada, suena mi teléfono. Era mi papá. Después del chitchat típico del inicio de una llamada, le dije que no me sentía listo para irme, que ya no estaba seguro, que necesitaba más tiempo.

Mi papá me dijo: ¿Has visto alguna vez una planta que se ahoga en su propia tierra?. No– le contesté (¿qué no se supone que las plantas nacen de la tierra, viven en ella y ahí hacen todos sus planes?).
Sí –respondió–. Cuando sus raíces no tienen el suficiente espacio para crecer, como cuando están en una maceta pequeña, quedan atrapadas y con el tiempo se ahogan en ese espacio pequeño.
Un árbol necesita espacio para crecer saludable, fuerte y grande como debe ser. Y si fue cultivando en un espacio pequeño, cuando llega el tiempo, debe ser trasladado a un lugar donde pueda expandirse y convertirse en ese gran árbol que debe ser.

Me dijo que a él no le agradaba para nada que yo me fuera a vivir lejos de él, porque le haría mucha falta. Pero sabía que era algo que necesitaba yo y que me haría mucho bien. Y que él deseaba sólo lo que me hiciera bien y por eso deseaba que me fuera.

Me dijo que yo necesitaba irme para poder crecer y aprender más, que él creía en el potencial que tenía y todo lo que podía dar.

Después de esa llamada, pude terminar mi maleta. Con un gran espacio compartimentado para la gratitud que le tengo a mi papá.

A partir de eso, yo me pongo a pensar:

¿Cuántas oportunidades no dejamos pasar por miedo a dejar la maceta en la que crecimos, por no movernos a nuevas tierras fértiles donde podamos nutrirnos y volvernos mejores?

¿Qué tanto dejamos de avanzar para no dejar atrás a otros que no quieren moverse?

¿Qué tanto permitimos que nos metan ideas a la cabeza algunos arbustos u otras plantas pequeñas para quedarnos pequeños y no encontrar las oportunidades que nos harán crecer tanto como estamos destinados a hacerlo?

Y bien…ésta es sólo una pequeña reflexión sobre algo que me acaba de suceder hace no más de dos horas desde que escribí este texto. Pero sentía que era algo que valía la pena ser compartido.

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