“Si eres mexicano, ¿por qué eres blanco?”

Pensamientos sobre estereotipos y etiquetas en el extranjero.

Cuando vas por el mundo y conoces gente, te das cuenta que las cosas no son como te las pintan en la tele y que los estereotipos se quedan chicos cuando intentas entender un mundo diverso, complejo y muchas veces muy diferente a todo lo que conoces.

Y vaya que en mis choco-aventuras conviviendo y dialogando con personas de otras latitudes, es toda una experiencia escucharlos hablar de cómo perciben México y a sus habitantes.

¿Mexicano? = Sombrero, cactus, mariachi, ¡ARRIBA, ARRIBA!, fiesta, tequila, salsa y Speedy Gonzalez.

O incluso peor…Narco, mojado, cholo, fan de Julión Álvarez.

Tantas veces me han dicho incluso: “No pareces mexicano”, “Oye, hablas muy bien inglés para ser mexicano”, “¿Hay mexicanos altos y blancos?”.

A lo que les respondo: Oh my God, Karen! You can’t just ask people why they’re white.

Bueno, ya en serio, les respondo: ¡Claro! México es racialmente muy diverso y hablo muy bien inglés porque no soy idiota, me encantan los idiomas y he estudiado mucho para llegar a este nivel (bitch).

Ahora, es normal que existan los clichés, estereotipos y prejuicios. De hecho, nuestro cerebro está configurado para funcionar así. Creando atajos mentales y generalizaciones para ayudar con la tarea magistral de procesar toneladas de información diaria.

Estos procesos mentales también nos ayudan a llegar a conclusiones, prever situaciones e incluso sustentan nuestra lógica.

Sin embargo, reducir realidades complejas y diversas a estructuras rígidas y planas es peligroso, por más que se parta de cosas reales. De ahí que los estereotipos sean tan ofensivos, pero que a la vez, puede que contengan cierta verdad en ellos.

De ahí que vengan ejemplos como que: Los negros la tienen grandota; los chinos, chiquita. Los irlandeses son pelirrojos de cantina, los americanos son gordos xenófobos (‘Muricaaaa), los árabes comen kebab y demás. No son siempre ciertos, pero tampoco nos resultan del todo ajenos.

Pero cuando ponemos un prejuicio por delante, antes de conocer a alguien, nos privamos de la experiencia de poder dejarnos sorprender, de posiblemente encontrarnos con una maravillosa persona que sea muy diferente a lo que esperamos que sea.

Y eso, dejar de esperar algo y dejarnos sorprender, es la gran magia que yace al explorar otras culturas y otros países. Sin eso, es mejor quedarse en casa y no salir del metro cuadrado en el que vivimos.

Así que te invito a que recuerdes que cada día es una oportunidad de conocer algo nuevo, de verlo con otros ojos, de romper esquemas y paradigmas que no te funcionen.

En mi caso, yo disfruto ayudar a otras personas en el mundo a expandir su percepción de cómo es México y lo que realmente significa ser mexicano: Color, vida, calidez, cultura, historia, chingonería, solidaridad y muchos apapachos.

Porque como bien dice Rosa Virginia Gubaira: Emigrar no se trata solo de ti y cada uno nos volvemos embajadores de nuestra propia cultura y país.

Si te gustó este artículo, ayuda a que otras personas también lo disfruten dando corazoncito aquí abajo. Y si te quedaste con ganas de viaje y el wanderlust ya te carcome el alma para salir al mundo, te comparto un gran artículo de mi querida Reisy Abramof sobre 13 maneras de recorrer el mundo intercambiando trabajo por hospedaje y alimentación.

Nos seguimos leyendo en NomadLab.

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