Desde el mar de fondo

Todo lo que sucede en nuestras vidas es como un pequeño rumor, como el sonido del mar de fondo cuando sentados en la orilla pensamos en la nada, porque el horizonte que contemplamos nos inunda.

La vida es así, si nos detenemos un instante. Todo lo que se mueve, olas, viento, pájaros … todo es nada para nosotros porque ese movimiento azaroso que nos rodea no está en nosotros.

La vida que vivimos es un sueño, somos polvo de estrellas (Carl Sagan) pero esa infinitud, esa finitud, vivida en un instante es suficiente para tener la eternidad en nuestros pies.

La vida contemplada desde la atalaya del amor, nos comienza a parecer breve pero intensa porque el amor inunda cada parte de nuestro ser, como si estuviésemos mojados, totalmente empapados por el agua salada.

Nadie puede decir que está vivo, que ha vivido, sino ha podido sentir el agua penetrando hasta lo más profundo, nadie puede decir que ha vivido si el amor no le ha roto por dentro una y mil veces.

Todos creemos que la vida es lo que hacemos, hasta el día que nos percatamos que la vida es lo que sentimos, sino sentimos no vivimos, si sentimos vivimos pero sufrimos porque el amor igual que te llega se va. Pero que es vida sin amor, que es vida sin palpar nuestros ojos llenos de lágrimas, llenos de lágrimas que son agujas que se clavan en nuestro corazón.

El deleite del amor que rompe nuestro interior es porque en algún momento fue suave brisa, movimiento del mar que nos mece, sol dorado que hace que cerremos los ojos y podamos imaginar a nuestra amada, con la misma pasión que cuando la teníamos a nuestro lado.

Vida sin amor, nada es.