Estimado Pablo… #NuncaMás

Pasó más de una semana del 24/03. Quizás todos los años son algo diferente. En esta ocasión se daba la situación de que por primera vez en 12 años no era el kirchnerismo el que ocupaba la casa detrás del escenario principal de la Plaza de Mayo. Y este es precisamente el disparador de lo que acá quiero escribir.
¿Qué es lo que pasó con los organismos de DD.HH. el último 24? ¿Cuál fue su discurso? ¿Es distinto del que vienen sosteniendo los últimos años? ¿Por qué la incomodidad de muchos ante ese discurso? ¿Cuál es la posición del (nuevo) gobierno nacional respecto de este tema?
No voy a pretender dar respuestas a estas preguntas. Pero me interesa plantearlas y tratar de transitarlas con algunas de las imágenes, palabras y discusiones que pude cosechar desde la distancia física de la última plaza del 24/03.
Ese día preguntaba esto en Twitter a raíz de una polémica.
Había quienes sentían que la movilización a la Plaza de Mayo era una cuestión de minorías intensas y poco representativas. Que los discursos de los organismos habían sido “abiertamente cristinistas”, y eso era una pena. Que muchos que sí se sienten representados por el #NuncaMás no fueron a la plaza; presumiblemente por lo anterior.
En sentido contrario (que en rigor fue lo que disparo ese intercambio), Ingrid Beck manifestó que sentía que había “sueltos”; más allá de las columnas de organizaciones, partidos, sindicatos. Eugenia Mitchelstein, por su parte, apuntó lo siguiente:
Mi pregunta apuntaba a tratar de encontrar alguna razón de ello. ¿Por qué sienten que no pueden marchar a la Plaza (aunque muchos lo hayan hecho)? Porque, como también se manifestaba, si existe algún grado de diversidad en las marchas bajo el paraguas del #NuncaMás
Pero hay un sector que “no va más”. Uno importantísimo en la historia de la recuperación democrática. Ese que, detrás de la figura de Raúl Alfonsín, dio los primeros pasos -fundamentales- en la etapa de transición. Y que, según arriesga Pablo Gergunoff, tampoco volverá si sigue escuchado los discursos que se emiten desde el atril.
Ese gran tuitero y mejor profesor me encomendó ver los discursos. Prometí hacerlo y comentárselo. Acá intento hacerlo, estimado Pablo.
No los escuché en vivo. Los guglié. Encontré dos partes. Este de apertura y este fragmento de Estela. Allí se relata parte de la historia de los últimos 40 años; se convoca a seguir recuperando nietos; se pide por la continuidad de los juicios. Sobre la situación actual se repudia la aprensión de Milagros Sala y la represión a niños murgueros, entre otros ¿desaciertos? del actual gobierno. Quizás un fragmento del primer video puede servir para entender en parte lo que manifestaba Pablo; sobre la incomodidad con los discursos: en medio del relato de la continuidad de la lucha de los organismos el público corea un “Macri basura… vos sos la dictadura”, seguido de un “Vamooooos a volver…”. Ese parece ser el nexo entre el kirchnerismo y las manifestaciones de los 24/03.
No! Macri no es la dictadura. Su gobierno, a muchos argentinos, no nos satisface. Por muchos motivos. Y quizás serán los DD.HH., como sostuvo Ernesto Semán, una clave de la divisoria política del nuevo tiempo. Pero el gobierno de Macri no es la dictadura.
El editorial del diario La Nación el día en que Macri asumía el gobierno; las declaraciones del Ministro de Cultura de la CABA, Darío Lopérfido, sobre el “número de desaparecidos”; la reciente columna de Alfredo Leuco en la que se reclama por “nuevos organismos de DD.HH.” ¿Son todos elementos de una nueva discusión? Algo de esto se planteo en columnas de opinión en el New York Times y The New Yorker a raíz de la visita del Presidente Obama poco antes de la conmemoración del 24/03.
María Esperanza Casullo escribió recientemente sobre Qué son y qué no son los organismos de Derechos Humanos. Allí sostiene que “con la llegada al gobierno de Mauricio Macri hemos visto lo que podría llamarse una ofensiva de editoriales, notas de opinión y entrevistas que apuntan, seguramente de manera no coordinada, a cambiar los términos de lo que se constituyó como política de Estado y sentido hegemónico (no consenso, pues nunca hubo ni habrá consenso total sobre estos temas) sobre el tratamiento jurídico, político y cultural de los crímenes de lesa humanidad cometidos mediante el terrorismo de Estado de la última dictadura nacional”. Y que los organismos “son asociaciones civiles sin fines de lucro, no gubernamentales y voluntarias. Surgieron y existen como agrupamientos en donde personas con preocupaciones comunes intentan coordinar estrategias para conseguir ciertas cosas que les preocupan a ellas mismas, con los medios que ellas mismas decidan”.
Si el “Macri basura…” es efectivamente la linea discursiva repelente, ¿es ello una condición suficiente para no participar de algo que se cree (o gustaría que fuera) más plural?
“Si juzgaste a las Juntas no necesitás sobreactuar una marcha”, nos decía Andrés Malamud. Esta creo que es la mejor imagen del quiebre que describía arriba. ¿El kirchnerismo hace una sobreactuación de la marcha? ¿Es la marcha solo kirchnerismo? ¿Cuando dejó la UCR de marchar? ¿Dejó?
No conozco personalmente a Andrés. Lo respeto, lo leo, me divierte y me forma, por qué no! Por ello le respondí con otro intento de “chicana”, dada la casualidad de una Semana Santa #DíaDeLaMemoriaPorLaVerdadYLaJusticia — FelicesPascuasLaCasaEstáEnOrden
Lo que compartí ahí fue mi post en el especial que preparamos en #ElÁgora para el 24/03. El intercambio con Andrés me sugirió revisar algunas cuestiones de lo que allí escribí; pero la idea central era sugerir que el abandono de la primera etapa de juricidad delineada por el alfonsinimo, con la sanción de las leyes “del perdón”, fue una condición necesaria de un Bussi “democrático” en Tucumán. Y que 30 años más tarde, con la reactivación de los juicios, su proyecto político empezó a diluirse.
Agustín Cosovschi publicó en La Nación un texto en el que trata la cuestión paz-memoria / democracia-justicia. En el se pregunta: “ ¿Sirvieron las leyes del perdón o el indulto de los años 90 para “hacer olvidar”? La historia más reciente de nuestro país indica que (afortunadamente) no”. Creo que esa pregunta/respuesta sintetizan la historia que yo quería contar: el dictador Bussi pudo ser gobernador porque se sancionaron las “leyes del perdón” (condición necesaria). Y el bussismo se derrumbó porque no hubo olvido; porque los organismos, militantes, y buena parte de la sociedad sostuvo durante mucho tiempo sus luchas. Que fueron transformándose con el tiempo. Pero funcionaron como cimiento para lo que vendría después.
Nestor Kirchner bajo un cuadro. Hay quienes ven en ese símbolo un uso político de los DD.HH. ¿Pueden estas reivindicaciones no politizarse? ¿Fueron los organismos (las madres, las abuelas, los H.I.J.O.S.) coptados por el kirchnerismo? ¿O, más bien, encontraron en él una oportunidad para avanzar con sus demandas; sus (nuestras) reivindicaciones?

“Un día el Presidente fue a la ESMA, a cara descubierta, sin simulaciones, como lo que es. Nadie sabe de su visita. Entró con su troupe de retratistas y gacetilleros. Y las fotos nos muestran a un Macri que va a la ESMA “por primera vez” y, más que eso, a un Macri que piensa la ESMA por primera vez. Brazos en la cintura y mirada fija a un rincón de ¿Capuchita? Piensa la ESMA porque está obligado a pensarla. Porque un país viene sin beneficio de inventario. Porque se puede querer achicar el Estado pero no se puede achicar la representación”. — “¿CÓMO VA A SER EL 24 DE MARZO DE MACRI?” — Por Martín Rodríguez y Bruno Bauer (Panamá Revista)
Estimado Pablo, no dejemos de ir a la Plaza los 24/03 a gritar todos juntos -o por turnos, cada uno un ratito- NuncaMás.