Los números de los DD.HH
¿Números? Símbolo de una lucha

Una vez más una parte sustantiva de la discusión pública en Argentina se concentra sobre los RecurDERECHOS Humanos.
Y no parece casual que esto se deba a las declaraciones del presidente Macri en una entrevista. Y, vale destacar, que las dos mejores entrevistas (incisivas, profundas, incomodas) que le hicieron fueron dos mujeres mexicanas. Algo para subrayar pensando la relación del periodismo con el poder político en nuestro país.

Volviendo a lo que nos convoca. La discusión muchas veces se empantana en el “tema de los números”. -Cuántos desaparecidos hubo? 30.000 o 9.000?, le preguntaron a Macri. Las reacciones indignadas no tardaron en llegar. Porque ven en su respuesta (“no se; no voy a meterme en esa discusión”) un desprecio, o al menos ninguneo, a la lucha histórica por la defensa de los DD.HH. en Argentina.
Creo yo que, si pudiéramos aislar esa respuesta de los contextos, de la serie de manifestaciones y actos que desde su gobierno o partido se promueven, la respuesta “del número” no está mal dirigida. Es difícil de digerir, sí. Por lo demás.
CONTEXTO
Hace unos pocos meses numeraba esto en un post del #NuncaMas: “El editorial del diario La Nación el día en que Macri asumía el gobierno; las declaraciones del Ministro de Cultura de la CABA, Darío Lopérfido, sobre el “número de desaparecidos”; la reciente columna de Alfredo Leuco en la que se reclama por “nuevos organismos de DD.HH.” A ello se le puede agregar la presencia de Aldo Rico en un desfile militar en la celebración del Bicentenario, por ejemplo. O las “dudas” de Luis Alberto Romero quien ve en “la franquicia de los DD.HH” a “un plantel de profesionales, que encontró en la causa de los derechos humanos la posibilidad de una carrera rentada por el Estado. Hoy constituyen un lobby, que defiende sus principios y también la subsistencia de una cantidad de instituciones y programas financiados por el Estado, que claman por una auditoría”.
Pero, de nuevo. Creo que lo más grave no está allí. Sino en otra declaración del presidente el día de ayer. Macri refirió como “guerra sucia” a lo que una amplía mayoría, con más sensibilidad y ¿conocimiento? sobre el tema denomina “terrorismo de estado”. Pienso en esto mismo que tuiteo María Esperanza Casullo ayer.
NUMEROLOGÍA
La discusión sobre los números no es actual, ciertamente. Ese es el puntapié de Francisco de Zavalía en una nota en Bastión Digital en la que se insta a tratar el tema con libertad. Cómo si en Argentina no se pudiera decir (casi) cualquier cosa libremente. El contexto de su columna era uno de crecientes reclamos para lograr la desvinculación de Darío Lopérfido como Ministro de Cultura de la CABA. Pedido que se fundaba, en buena medida, en la “discusión sobre el número”.
Desde mi punto de vista no es la numerología el agravio de Lopérfido; sino que eso estuviera unido en un argumento en que “el número” era una estrategia para cobrar subsidios. Algo así como que miles de familias inventaron desaparecidos para extraer recursos monetarios de las arcas públicas. Una canallada mentirosa.
Lopérfido tuvo que irse. Por la presión de muchos. Y por su propia prepotencia. A esa entrevista de verano en el programa de Majul — en el que reivindica (mal) el ceferinoReatismo- le siguieron numerosas muestras de prepotencia, falta de sensibilidad e incompetencia que costaban caras a la gestión del PRO en la CABA (aunque se refugiara en otras áreas como un funcionario con altísimo presupuesto).
La nota de FdZ trae a colación a Graciela Fernández Meijide. Quién también cuestionó los números (pero “en su condición de víctima”). Lo hizo, al menos, desde 2009. Esto llevó a una replica por parte del por entonces Secretario de Derechos Humanos de la Nación, Eduardo Luis Duhalde:
“La cifra de 30.000 no es ni arbitraria ni caprichosa, aunque es lamentable reducir la dimensión de la tragedia argentina a un problema contable”, apuntó el funcionario, y aclaró “que no hay un censo nacional completo sobre el número de víctimas y que éste es irremisiblemente aproximativo” (…)” “El único registro fehaciente de la cantidad de víctimas asesinadas, su identidad y destino final solo está en poder de los asesinos. De aquellos que mientras pregonan que su accionar fue `justo y en defensa de la patria´ ocultan todo dato, sabiendo que su proceder fue abiertamente criminal”.
Hugo Alconada Mon, en La Nación, publicó también una nota (el 24 de Marzo de 2006) sobre “el número”; en este caso “revisando” para arriba los de CONADEP, por ejemplo: “Treinta años después del golpe militar, nuevos documentos desclasificados muestran que los militares estimaban que habían matado o hecho desaparecer a unas 22.000 personas entre 1975 y mediados de 1978, cuando aún restaban cinco años para el retorno de la democracia”.
En linea con el argumento de Duhalde, Alconada Mon escribe que “Los organismos de derechos humanos sostienen desde hace décadas que las Fuerzas Armadas habían redactado listas con nombres y datos de todos los secuestrados, los muertos y los operativos autorizados. Se supone que esas listas fueron destruidas antes del arribo de Raúl Alfonsín a la presidencia, aunque algunos sospechan que podrían estar intactas y escondidas, como ocurrió con los archivos de la policía de la provincia de Buenos Aires”.
EL NÚMERO COMO UN SÍMBOLO
Horacio Verbitsky destaca, por otro lado, el carácter simbólico de “el número” también a raíz del affaire Lopérfido: “El argumento de Lopérfido de Mitre es que se infló la cifra para cobrar subsidios y cita a Reato que dice exactamente lo contrario: para Reato, la prueba de que son menos es que se cobró subsidios por 8500. Ahora, yo conozco por lo menos siete, ocho casos de desaparecidos que no fueron denunciados. Gente con la cual he hablado del tema. Y no puedo proyectar eso como número válido, porque no lo es, pero me da la pauta de que la existencia de indemnizaciones y de registros escritos no agota el tema. El número puede ser muy superior al que está registrado con nombre y apellido. Yo no cuestiono en absoluto el esfuerzo de precisión. He tenido una polémica al respecto con Reato, donde me atribuía a mí sostener el número de 30 mil, y yo nunca dije eso. He dado el número que estaba acreditado con nombre y apellido, desde la época de la revista El Periodista en adelante. He dicho “tal número acreditado con nombre y apellido, pero que otras fuentes elevan hasta 30 mil”. Ahora, que quedó instalado como un lema, como un símbolo, eso es evidente. Una cosa es alguien que se ponga a hacer una investigación, a ver cuántos son. Y otra cosa es que aparezca un frívolo que diga que inventaron el número para cobrar subsidios. Eso es un ataque simbólico, deliberado, clarísimo. Y, bueno, tuvo el repudio que merecía”.
OTRO NÚMERO: 2000
El día de la fecha, un día después de que el presidente Macri tildara de desquiciada a Hebe de Bonafini y etiquetara el terrorismo de estado como “guerra sucia”, se cumple la ronda número 2000 de las Madres de Plaza de Mayo. Símbolo de una lucha que lleva más años que quien escribe estas lineas.
Vuelvo a citar la sentencia que Ernesto Semán hiciera hace varios meses:
“quizás serán los DD.HH. una clave de la divisoria política del nuevo tiempo”. No me caben dudas que este es un nuevo tiempo. Y (casi) todas las acciones relacionadas con los DD.HH llevadas adelante por quienes tienen la responsabilidad institucional de gobernar el país alimentan esa hipótesis.