Adrian Maldonado
Sep 18 · 2 min read

Tras ser el detonante que desencadenó la repetición de las elecciones, la religión se ha consolidado como un pilar fundamental en el escenario político israelí.

Ni la seguridad, ni la economía, el asunto más utilizado por los candidatos en la campaña electoral israelí ha sido el tipo de judaísmo que pretenden para el Estado. Ultraortodoxos (o haredíes) por un lado y laicos por otro, parecen haber identificado la religión como un factor fundamental para movilizar al electorado.

Mientras unos alertan sobre la creciente influencia de los haredíes (temerosos de dios, ultraortodoxos) en aspectos como la educación y el Ejército, los otros denuncian que, de llegar al poder los partidos laicos, se vería amenazado su estilo de vida.

Gilad Kariv, rabino reformista perteneciente al partido izquierdista Unión Democrática, que “trabaja en pos de una realidad más pluralista” indicó como centrales “La existencia de un monopolio religioso ultraorotodoxo sobre la ley en Israel y la falta de transporte público en Shabat (día de descanso).

Por su parte Isaac Pindrus, de Judaísmo Unido de la Torá (Iahadut Hatorá), uno de los dos partidos haredíes expresó “nosotros queremos que Israel sea un Estado judío y queremos conservar nuestros derechos”.

Más allá de las distintas ideas de país de los más laicos y los más religiosos, el futuro del Estado depende principalmente de dos partidos: Likud y Azul y Blanco (Kajol Labán).

El partido opositor Azul-Blanco (secular) del ex general Benny Gantz obtenía este miércoles una leve ventaja sobre la fuerza del primer ministro Benjamin Netanyahu (Likud, secular pero aliado a partidos ultraortodoxos) en las elecciones legislativas en Israel, marcando nuevamente un punto muerto ya que ninguno de ellos, ni siquiera con el apoyo de sus aliados, llegaría sin embargo a las 61 bancas necesarias para formar gobierno y se esperan duras negociaciones para alcanzar una coalición en condiciones de gobernar.

A finales de mayo, fue una cuestión religiosa -una disputa en torno a la ley de reclutamiento al servicio militar obligatorio para los judíos ultraortodoxos- la que imposibilitó la formación de una coalición de gobierno.

Avigdor Lieberman, líder del nacionalista secular Israel Nuestro Hogar (Israel Beitenu) y cuya exigencia de la aprobación de aquella ley impidió la formación de un gobierno, aparece ahora como la clave en este asunto. Liberman dijo que insistirá en la formación de un gobierno laico de unidad entre el Likud y Azul-Blanco.

El empate entre los dos grandes partidos y los bloques ideológicos supone un logro para Gantz y sus asociados, que fundaron a comienzos de año Azul y Blanco. “Nadie parece estar dispuesto a asumir el riesgo de forzar unas terceras elecciones en Israel”, destaca el analista Nahum Barnea en Yedioth Ahronoth. “Tal vez haya llegado la hora (para Netanyahu) de decir adiós”.

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Observatorio de la Libertad Religiosa — CEDyR

Un servicio del Centro de Estudios sobre Derecho y Religión (Universidad Adventista del Plata) donde se comparten novedades en relación a la libertad religiosa.

Adrian Maldonado

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Un servicio del Centro de Estudios sobre Derecho y Religión (Universidad Adventista del Plata) donde se comparten novedades en relación a la libertad religiosa.

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