Cosas de Casa (Blanca)

Make America Laugh Again!

ATENCIÓN: Este artículo contiene información sobre el desarrollo de la primera temporada de ‘Animado Presidente’.


En una de las secuencias de Animado Presidente, uno de los personajes ofrece la mejor definición posible tanto de Donald J. Trump como de la propia creación de Stephen Colbert. “La mejor forma de entender a nuestro presidente es a través de la fe y no de la lógica”, asegura uno de los acólitos de Trump. Y por eso funcionan tan bien las caricaturas cuando se trata de retratar personalidades tan inaccesibles como las de los políticos de gran calado y poder. El creador Stephen Colbert se sumerge en las profundidades del POTUS (si es que las tiene…) a la manera de grandes obras caricaturescas como los Ducktators (Norman McCabe, Estados Unidos, 1942), aquel corto animado de la Warner Bros en el que se proclamaba y se “educaba” el antinazismo, el Cartoon President de Disney, que servía a los mismos propósitos, o en otro orden de parecidos, El gran dictador (Charles Chaplin, Estados Unidos, 1940), película con la que Charlot aportó su granito de arena propagandístico a la lucha de los aliados en la Segunda Guerra Mundial.

El egocentrismo de Donald Trump queda patente en casi cada secuencia.

Colbert se abraza a la parodia para introducirse en los entresijos, familiares y políticos, en un acercamiento que bien podría haber filmado un Seth MacFarlane algo descafeinado. La serie, dosificada en pequeños capítulos de 25 minutos, hace más efecto en pequeñas cantidades que al empacho, dada su repetitividad en los gags narrativos. Las alusiones a Rusia, el espionaje, los tejemanejes de Trump en contra de Hillary Clinton o las políticas anti-inmigratorias de Donald Trump son constantes. Y, en pequeñas dosis, pueden llegar a sacar alguna carcajada (cabe destacar que el gag más corrosivo –un In Memoriam de los Oscar en el que van apareciendo todos los acusados de abuso y violación: Kevin Spacey, los Weinstein, etc.– no tiene que ver, apenas, con Trump). Sin embargo, donde peor parado queda el animado presidente es, sin duda, en la intimidad de su vida familiar. Con una mujer que, por momentos, lo detesta, y de la que ni siquiera recuerda el nombre (¿Malena, Melany, Megan…?), y con dos hijos cada cual más atontado, la vida hogareña de los Trump en la Casa Blanca podría parecerse a un episodio de Cosas de casa (William Bickley y Michael Warren, ABC-CBS, 1989–1998) o de Los Simpson (Matt Groening, Fox, 1989-?). En esa aproximación hogareña destaca, por encima del resto de protagonistas, la mirada hacia Melania Trump, una primera dama mucho más elegante e inteligente que él, que vive enamorada de los Kennedy y desea ser como Jackie, pero que, muy lejos de Camelot, choca una y otra vez con un marido inútil, falto de carisma y lleno de inseguridades (aquí encontramos el mayor logro de puesta en escena de la temporada: un flashback a la juventud del protagonista que nos habla de la relación tumultuosa y tóxica con su padre como origen de todo).

La intimidad familiar de los Trump, a estudio, con Melania como el personaje con más aristas.

No obstante, lejos de la chimenea, Animado Presidente también se acerca al Despacho Oval para poner en pantalla una aproximación a las políticas de Donald J. Trump. La producción de Showtime dibuja una personalidad profundamente extravagante a la par que caprichosa y absurda a la que acompaña un equipo de gobierno no menos inútil. Un presidente de la nación más poderosa del mundo cuyo único propósito político es enmendar todo lo que sacó adelante la administración Obama, menospreciar a su principal opositora, Hillary Clinton, y sembrar el odio al extranjero (fundamentalmente a los latinos: “esos tipos pequeñitos que se parecen a Antonio Banderas”). Un mandatario que solo es capaz de reaccionar y aprobar unos presupuestos cuando hay un bloqueo que le impide ver la tele y que no duda en llevarse por delante lo que haga falta para que su voluntad se cumpla, aunque para ello tenga que atropellar al mismísimo Dios (1x09). Porque, en el fondo, así parece ser Trump: un millonario vulgar al que le ha caído un cargo gracias a sus sacos de dinero y que dirige la nación con el mismo modus operandi que le sirve en sus conglomerados empresariales.

Animado Presidente brilla más, eso sí, por sus gags visuales que por su escritura, algo más típica y descafeinada de lo que pudiéramos haber esperado. Por momentos parece que hay demasiado respeto y no muchas ganas de incordiar en exceso y hundir el dedo en las llagas. Eso no le impide a Colbert, por ejemplo, cargar sin ningún tipo de piedad contra la Fox y su papel como legitimador de la presidencia trumpiana y adulador de su personalidad. La obra de Showtime apunta y dispara contra la cadena de los Murdoch, a la que representa como un canal eminentemente racista y lameculos de la administración Trump y, en definitiva, como una pata más de la alt-right y el nuevo fascismo emergente. “Buenos días y feliz 134 cumpleaños a Benito Mussolini”, llega a proclamar uno de los presentadores del magazine Fox and Friends en uno de los capítulos.

La política interior de Donald J. Trump queda reducida a eliminar todo el legado de Barack Obama.

Así las cosas, esta teleficción, que parece beber claramente la influencia del viñetista Mark Fiore, es un retrato, a veces certero, otras algo plomizo, sobre el –casi con seguridad– peor presidente de los USA en las últimas décadas. Un hombre que es, en sí mismo, una metáfora del país que rige. Un tipo que, en su trasunto animado, aunque podría ser perfectamente en su versión de acción real, se atreve a asegurar que “me encanta la familia; por eso he hecho de cada familia mejicana, tres, para que tengamos más”. Una sentencia que llega a asustar por lo verídica que suena en boca de este Trump ficticio, mucho más real de lo que pueda parecer a simple vista. En esa cercanía a la realidad (no solo a través de las voces) radica el principal éxito de este reverso cartoonizado de House of Cards y El Ala Oeste de la Casa Blanca que sirve, además, como pasarela de estrellas invitadas. No faltan a su cita con el antagonismo ni los Obama, ni Hillary Clinton (con monstruo incluso en el especial de la midseason election) o su marido Bill, pero tampoco las grandes personalidades políticas exteriores, como un divertido Vladimir Putin, que se quiere quitar de encima a “su amigo” Donald a toda costa; un Justin Trudeau que provoca los celos del presidente o los Mitt Romney o Rudy Giuliani, entre otras personalidades locales. Evidentemente, Animado Presidente no es un documental sobre la administración Trump, pero a pesar de no ser la aproximación más fidedigna sirve como un catálogo, con las formas de una sitcom, de todos sus affaires: las filtraciones y la investigación del fiscal Robert Mueller, las denuncias por acoso de varias mujeres al presidente, la estrecha colaboración con la Rusia de Putin… Faaake Neeeews! Sin duda, un filón para la vena caricaturesca de Stephen Colbert (y de cualquiera).

Vladimir Putin aparece siempre deseoso de quitarse de encima a Trump. Otras de las ‘guest starring’ son Justin Trudeau, los Clinton o los Obama.