Quijotes y molinos

ATENCIÓN: Este análisis contiene spoilers sobre la temporada final de la serie ‘Ballers’.


En su última película, High Flying Bird (EEUU, 2019), Steven Soderbergh se valía de un agente de deportistas que, en plena huelga de jugadores NBA, ponía al sistema contra las cuerdas. El statu quo se tambaleaba mientras el protagonista veía la oportunidad de hacer negocio junto a uno de sus representados. En cierto modo, la temporada final de Ballers recoge el testigo argumental de Soderbergh y, en su segunda mitad, convierte a Spencer Strasmore en el antihéroe que empujará con violencia las estructuras de la NFL.

Spencer Strasmore hace balance de su carrera en el documental que sirve como hilo argumental para la quinta temporada de ‘Ballers’.

Con un comienzo algo dubitativo en el que parecía que la serie abordaría su última tanda de episodios como una guerra abierta entre Spencer y Joe, la teleficción de HBO gana enteros según avanza su metraje hacia el final. La quinta temporada adquiere un tono crepuscular en el que todos los protagonistas tratan de reajustar sus vidas bien tras la retirada o bien tras el fracaso de sus anteriores empresas. Así las cosas, observamos al antaño superstar Ricky Jerrett dirigiendo un programa de radio en el que analiza y revienta la actualidad footballística y recibe a invitados de renombre como el propio Strasmore. También vemos como Vernon, quizás el jugador más díscolo, pero también el más inteligente, expande sus miras profesionales hacia los e-sports (temática interesante y, por descontado, en el punto de mira de la actualidad: ahí tenemos a Piqué y su fallida empresa de gaming, sin ir más lejos). Resulta interesante, en este sentido, la mirada tangencial que existe hacia un sector cada vez más en auge; un mundo en el que un deportista puede llegar a ganar incluso más dinero que con su propia labor deportiva. Más allá, en el terreno de las oficinas, hemos podido comprobar cómo Joe Krutel es capaz de alzar el vuelo sin Spencer, así como hemos sido testigos de la tensión insoportable bajo la que trabaja, una vez más, el bueno de Charles Greane, que llega a sufrir dos microinfartos que, finalmente, le llevarán a replantearse su situación profesional y personal.

La puesta en escena de esta temporada de Ballers ha sido más líquida que nunca. La cámara no se ha detenido en ningún tipo de alarde técnico. Se puede decir, incluso, que se ha retirado a un lado para dejar paso a una narración que necesitaba más espacio que en otras ocasiones (no es fácil determinar el funcionamiento de las instituciones deportivas como la NFL). En este sentido, el de la planificación y puesta en escena, sorprende el mecanismo mediante el que Spencer Strasmore nos cuenta los acontecimientos que han tenido lugar en la quinta entrega. Un documental en el que el ex jugador reflexiona, mira hacia su pasado, comparte sus inquietudes y aporta una visión con perspectiva de lo que se nos está contando en la ficción de HBO. Interesante maniobra que cierra el arco de Spencer Strasmore en lo más alto, cuando descubrimos que es el invitado estrella del documental sobre fútbol americano que está rodando su amigo Ricky Jerrett.

Tras retirarse debido a una lesión, Ricky Jerret se recicla gracias a un programa de radio en el que analiza la actualidad de la NFL.

Poco antes de esa revelación final –que se intuía, por otra parte–, Ballers ha ofrecido la última de las victorias de Spencer, que en este caso es doble. Por un lado porque recupera su amistad y la relación con Joe Krutel: Sancho y Don Quijote vuelven a estar juntos en el camino. Por el otro, porque ha conseguido que cristalice su plan de extender de por vida el seguro médico de los jugadores con más de tres años de profesionalismo, algo que llevará a que la Liga garantice la solución, o al menos el seguimiento y tratamiento, al grave problema de salud que mostraron, entre otras, películas como La verdad duele (Concussion; Peter Landesman, EEUU, 2015), en la que se trataba la investigación sobre la conmoción cerebral que llevó al doctor Omalu a relacionar el fútbol con las lesiones posteriores. En esta línea argumental, la producción creada por Stephen Levinson se ha reivindicado a sí misma como un elemento de cierta agitación de la élite deportista. De esta forma, la quinta aproximación de Ballers a los entresijos del football ha concluido con una puntiaguda reflexión sobre cómo los jugadores y los aficionados cada vez importan menos en el deporte (extensible fuera de las fronteras de los USA) y sobre cómo el espectáculo está por encima de la salud (la posibilidad de alargar las temporadas sin tener en cuenta los problemas derivados del sobreesfuerzo). Frente a todo ello se alza la imponente figura de Spencer Strasmore, un Quijote enfrascado en una batalla más cruda que derrotar a los molinos de viento: convencerlos y persuadirlos de que su idea es la mejor y de que, si mira y vela por la seguridad de los jugadores, es porque sin ellos el espectáculo está muerto. Un antihéroe lleno de heridas y cicatrices, pero con la cabeza alta y el orgullo intacto; ya lo decía el mismo Alonso Quijano: “las heridas que se reciben en la batalla antes dan honra que la quitan”.

OchoQuinceMag

Magazine digital de análisis cultural de series de televisión. Dirigido por Jorge Dueñas Villamiel y Jesús Villaverde Sánchez.

Jesús Villaverde Sánchez

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Periodista. Me contradigo, contengo multitudes. Pienso, luego escribo. Showrunner de @OchoQuinceMag. Cinéfilo, bibliófilo y seriéfilo; futbolero y rayista.

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