A través del espejo y lo que Stefan encontró allí

ATENCIÓN: Este análisis contiene datos relevantes sobre la trama (o tramas) de ‘Bandersnatch’, el episodio especial de ‘Black Mirror’.


“En efecto, Augusto Pérez vuelve a su casa, se dispone a morir, y muere”. Con esa frase, Miguel de Unamuno concluía Niebla, su más famosa nivola. Tras una larga conversación entre el personaje Augusto Pérez y el autor, Don Miguel, en el que el primero le pedía cuentas sobre su carácter real y el determinismo ficcional, el primero moría. En una de las secuencias más loadas de Black Mirror: Bandersnatch, el protagonista rompe la distancia entre el espectador y lo que mira para preguntarse quién lo está controlando. “Mándame una señal”, pide, desesperado, justo antes de que en la pantalla se permita la posibilidad al interlocutor de, a través de su mando a distancia, enviarle una u otra imagen y quebrar el árbol narrativo en dos ramas.

¿Qué señal enviaremos a Stefan: Netflix o White Bear?

Lo que hace Charlie Brooker en su especial no es nuevo. En absoluto. Ya lo hizo, como veíamos, Unamuno, al romper la barrera personaje-autor, y también aquellas narrativas de “Elige tu aventura” que irrumpieron con fuerza en la literatura infantil de los años noventa. Muchos crecimos con ellas: creyéndonos que, en efecto, éramos los dueños del destino de aquellos personajes que no paraban de vivir una pesadilla eterna (muchos de estos libros eran de la saga de R. L. Stine) con decenas de finales truculentos. Más tarde nos alucinó ese reality macabro que fue El Show de Truman (Peter Weir, Estados Unidos, 1998), a la que uno de los finales rinde un claro homenaje, y pasamos a nuestra adolescencia espiando por esa mirilla invisible de la cámara 24/7 que no dejaba de latir en las entrañas de una casa en Guadalix de la Sierra. Resulta curioso, en esta línea, que la historia de Stefan intentando programar ese videojuego basado en la novela del demente Jerome F. Davis transcurra en 1984, el año en el que Orwell situó su Big Brother, tan presente en la conceptualización narrativo-psicológica de este episodio-evento. Además, ese mismo año tenía que haber salido un videojuego de idéntico nombre para la computadora ZX Spectrum. Como en varios de los finales de la película, nunca vio la luz.

Las múltiples rutan convierten al episodio en una representación muy pertinente del multiverso.

Lo que hace Brooker no es nuevo, decíamos. Y, en cambio, sí es novedoso. El Bandersnatch de Black Mirror comienza funcionando, ya avisábamos, como una de esas clásicas novelas juveniles. Sin embargo, pronto la filosofía lo inunda todo. Antes de que empecemos a sospechar, el capítulo funciona como una magnífica recreación de la teoría de los multiversos. La mecánica nos hace pensar, y nos atrapa, a través de lo que dejamos atrás: ¿qué esconderían todas aquellas opciones que hemos ido desdeñando al avanzar en la historia? Según la teoría del filósofo Hugh Everett, que en 1957 ya estableció la idea de los universos múltiples, cada una de las decisiones que tomamos en la vida es una bifurcación: en un universo paralelo, el mundo sigue, pero allí hemos tomado el otro camino. En ese sentido, la capacidad decisoria del espectador sobre la vida del protagonista de Bandersnatch abriría una multiplicidad de universos narrativos que convierten al episodio en algo aparentemente inabarcable (siempre podemos regresar en la línea cronológica y modificar nuestra toma de decisiones).

¿Aceptar o rechazar? ¿De verdad tiene algo de importancia?

No obstante, una vez comprendido el mecanismo del capítulo, lo realmente interesante se reduce a su propia filosofía intrínseca. Lo que late bajo esa aparente libertad de tomar decisiones y controlar al personaje es, precisamente, un discurso pesimista que denuncia y conceptualiza un cierto determinismo arraigado en el sistema. Lo explica mucho mejor el programador Colin Ritman, secundario clave al que da vida el actor Will Poulter, en un discurso que sirve como contenedor de toda la mística de este Bandersnatch: “Lo que hacemos en una ruta afecta a lo que hacemos en las demás. El tiempo es una construcción. La gente cree que no puedes volver a cambiar las cosas, pero sí puedes. Esos son los flashbacks. Son invitaciones para volver atrás y tomar una decisión diferente. Cuando tomas una decisión crees que eres tú el que la toma, pero no es así. Es el espíritu que está conectado con nuestro mundo el que decide lo que hacemos. Nosotros solo tenemos que subirnos al carro. El gobierno nos monitoriza. Paga a gente para que se haga pasar por tu familia, echa droga a tu comida y te graba. Hay mensajes en todos los juegos. Como en PACMAN. ¿Sabes qué significa PAC? PAC: Programa y Controla (Program And Control). Es el hombre que programa y controla. Todo es una metáfora. El Pacman cree que tiene voluntad propia pero está atrapado en un laberinto, en un sistema. Lo único que puede hacer es comer. Le persiguen demonios que probablemente sólo existen en su mente, e incluso si consigue escapar por un lado del laberinto, ¿qué pasa? Que vuelve al otro lado. La gente piensa que es un juego alegre, pero no lo es. Es una puta pesadilla de mundo y lo peor es que es real y vivimos en ella”. Toda la denuncia que cabe en el episodio ideado por Brooker se aloja en este speech del personaje: monitorización, capitalismo, consumismo, determinismo sociocultural y económico. Terror contemporáneo. La democracia, en definitiva, recogida en una falsa ilusión de libre elección.

Así las cosas, Black Mirror: Bandersnatch resulta mucho más interesante cuando se desnuda su propia farsa interna; cuando la narrativa se autoboicotea para destapar el motivo real que se esconde tras sus múltiples tramas. No existe esa libertad que nos han vendido como un caramelo, no podemos elegir el destino de Stefan como apenas estamos cualificados para elegir el nuestro dentro de un orden económico, político y cultural que nos redirige a su antojo hasta la decisión “correcta”. Si el refrán nos dice que todos los caminos llevan a Roma, en Bandersnatch todos los botones conducen a la tragedia y al espejo negro. Es el sistema, amigo. Y, como reflexión final y lectura extraída del desarrollo del capítulo, quizás debamos preguntárnoslo seriamente la próxima vez que entremos en la austera cabina del colegio electoral: ¿realmente posee nuestro voto algún hálito de cambio dentro del orden sistémico? Deténganse a reflexionarlo. Y por si no volvemos a vernos: buenos días, buenas tardes y buenas noches.

Una novela de “Elige tu aventura” escrita por el demente Jerome F. Davies es la espita de todo.