‘El día de mañana’, el suicidio de España

Aura Garrido y Oriol Pla protagonizan la ficción creada y emitida por Movistar+.

Una mujer amenaza con saltar al vacío desde la azotea. La imagen muestra un día gris, nuboso, de esos que traen oscuros presagios. Simultáneamente, el montaje ofrece imágenes de la ceremonia en la que el futuro monarca Juan Carlos I fue nombrado por Franco como sucesor al título de Rey, el 22 de julio de 1969. En el preciso momento en el que Juan Carlos jura lealtad al dictador, la mujer se deja caer y rompe de forma violenta con el silencio y la calma tensa de la escena. Así de rotundo y demoledor es el inicio del 1x02 de la serie El día de mañana. Una mirada completamente política y militante que no duda en mostrar la Transición democrática como un engaño que lleva al país al suicidio. La secuencia, más allá de la significación, es todo un elogio a la puesta en escena, a esa capacidad de las imágenes de hablar y contener el mensaje por sí solas, sin necesidad de los subrayados de la voz, el rótulo u otro tipo de herramientas narrativas.

Oriol Pla interpreta a Justo Gil, un buscavidas en la Barcelona de finales de los 60.

El cineasta Mariano Barroso adapta la novela homónima de Ignacio Martínez de Pisón y se sumerge en la Barcelona del tardofranquismo. Con un dispositivo que se abraza al falso documental (declaraciones a cámara, menciones a un evento que se va aclarando según la lógica del relato, etc.), El día de mañana va dibujando un entramado de contextos históricos y clases sociales para ofrecer un retrato de época en el que sobresalen la ambientación y la documentación de hechos que se dejan ver entre las líneas de la historia ficticia. La España a la que nos transporta la producción de Movistar es un país que empieza a tener dudas, una nación en la que todas las certezas adquiridas empiezan a derrumbarse. Una España de engaños e incertidumbres, simbolizada a la perfección en el carácter central, Justo Gil, un buscavidas que tiene en la metamorfosis y la adaptabilidad uno de sus mejores aliados.

La documentación y el rigor histórico se convierten en una espina dorsal bífida en torno a la que se trenza el relato ficticio. Todo gira en torno a Justo Gil, personaje interpretado por un solvente Oriol Pla. Alrededor de sus tejemanejes, El día de mañana construye la imagen de la etapa histórica y el termómetro sociopolítico de entonces. Mariano Barroso contextualiza su narración con la colocación sutil de acontecimientos reales (el acto de coronación citado o la protesta de los curas por las calles de Barcelona en 1966) y profundiza en las oscuridades de un periodo ya de por sí tenebroso mediante la mostración de una España que se dejaba manipular tanto por el aparato del Estado como por la Iglesia, la santería o, incluso, el incipiente negocio de la venta por catálogo.

Un fotograma de la serie muestra la represión de la manifestación de los curas que tuvo lugar en la Ciudad Condal en 1966.

En esta línea, El día de mañana ofrece también un interesante panorama sobre el entramado de clases sociales que podíamos encontrar en la Barcelona tardofranquista a la que se circunscribe. Todo, recordemos, a través de las relaciones, profesionales y personales, que mantiene el protagonista. Así las cosas, poco a poco asistimos a la convivencia (o todo lo contrario) de la clase trabajadora (Carme y su familia), la jet set (Quim y su grupo del Club Babel), las esferas clandestinas del PSUC y la lucha de la vieja guardia contra el eurocomunismo, la militancia de los artistas y la España exiliada o el cisma de las autoridades franquistas, entre la renovación (un Jesús Carroza con matices) y lo reaccionario (Karra Elejalde en el papel de comisario abiertamente fascista). Tal vez en esta última instancia sea en la que la miniserie se significa más, en consonancia con esa primera secuencia del 1x02 con la que abríamos el texto. Barroso no duda en mostrar unas autoridades policiales franquistas que no aceptan el cambio y se lanzan a colaborar con los grupúsculos de la extrema derecha para mantener el orden social imperante durante los últimos cuarenta años. Esa asociación deviene en una crítica feroz a la modélica Transición española que recogería, a la perfección, una de las frases pronunciadas por el comisario Hermenegildo Lara: “ratas que hoy cantan el Cara al Sol y mañana se vuelven demócratas”. A buen entendedor, pocas palabras bastan.

El comisario Lara (Karra Elejalde) y el policía Mateo Moreno (Jesús Carroza), lo reaccionario y los matices.

El día de mañana supone, por tanto, una interesante composición de tiempo y lugar. Una obra con mucho ritmo en la que ficción y realidad se dan la mano para ofrecer una aproximación a un periodo convulso en lo político y lo social, pero también a una España que empezaba a abrirse de manera gradual. Un país que, en la frontera de algo que nace sobre las cenizas de un régimen que empieza a morir, podía redefinirse tanto en la frescura de los Beach Boys, en el sabor a humo de Las Grecas y Los Chichos o sobre el olor a incienso de un Ave María. La España que mutaba del último latido de Franco al suicidio y los albores de un nuevo, y quién sabía si más brillante, amanecer.

La España franquista que se empezaba a emborronar y un país renovado que trata de huir de su herencia.