Las penumbras de una sociedad tenue

ATENCIÓN: Este análisis contiene spoilers de las tres temporadas del podcast ‘El gran apagón’.


En 2012, la serie Revolution (Eric Kripke, NBC, Estados Unidos, 2012–2014) fabulaba con un mundo post-apocalíptico en el que todas las fuentes de energía habían desaparecido de la noche a la mañana. Más allá de la acción, la obra trataba de ofrecer una mirada casi sociológica a la forma de organizarse y readaptarse al mundo tras el apagón. De igual forma, el podcast El gran apagón imagina un blackout global y redibuja las reacciones de la sociedad al mismo.

«El 11 de abril de 2018 se produjo una tormenta solar de clase X9. Fue la más intensa jamás registrada. Dos días después, el 13 de abril, la radiación alcanzó la atmósfera terrestre, inutilizando todos los satélites y parte de los sistemas eléctricos. El planeta quedó en completa oscuridad. Este evento fue conocido como “el gran apagón”». Con este planteamiento, recogido en la sinopsis locutada en cada comienzo de los episodios, la obra de Podium Podcast trata de aproximarse a una visión global sobre cómo la sociedad tolera y reacciona ante las contingencias derivadas de este fenómeno meteorológico y sus consecuencias y, más allá, se atreve a ofrecer una reflexión sobre el papel que jugarían las autoridades en un suceso de este calado. El gran apagón es ficción, pero su capacidad de análisis sobre la realidad puede llegar a dar miedo.

Poco a poco, la narración, que mezcla herramientas de todo tipo (relato canónico, programas de radio, intervenciones de protagonistas, diálogos directos e indirectos, interrogatorios, etc.), nos va adentrando en un nuevo orden social en el que tendrán lugar disturbios y abusos, aparecerán nuevos cultos (el tramo de la secta del Sol Negro es fabuloso en el manejo de la tensión), se pondrá en tela de juicio la labor de las autoridades e incluso se cuestionará si se conocía la posibilidad de un apagón antes de que ocurriese y, además, se reestudiará la relación tóxica entre las élites sociales y la base. La sucesión de hechos llevará al oyente, casi en cada giro, a preguntarse si sería posible que un evento como el narrado (y todas sus consecuencias) se diese en la sociedad actual. Las posibles respuestas, quizás, sean aterradoras.

Con la mirada siempre puesta en las posibles relaciones que se establecen entre la construcción ficticia y la realidad desde la que se crea, El gran apagón se apoya en sus herramientas, puramente periodísticas en su mayoría, para establecer un interesantísimo discurso sobre la información como poder. Durante las tres temporadas, las reflexiones –tanto laterales como frontales– sobre la capacidad de los medios sobre la construcción de la realidad se suceden y complementan el relato sobre cómo las autoridades también son capaces de manipular y “construir”. Porque la legitimación de cualquier estado, sean cuales sean su índole y carácter, es imposible sin un aparataje de medios que lo respalde.

Es ahí donde entra en juego el ciudadano, representado en El gran apagón como una horda que sospecha, cuestiona y denuncia las medias verdades del Estado. Un ciudadano que, como coincidencia, también se apoya en herramientas informativas, aunque de carácter más modesto y democratizado (el podcast que denuncia las fallas de la acción gubernamental tras el apagón), para hacer tambalear las estructuras readquiridas tras la tormenta X9. Ese pueblo cuya capacidad de resiliencia ayuda a superar, en la segunda temporada, una segunda tormenta con idénticas consecuencias que la primera. Una sociedad que, curada ya de espanto, es capaz de autoorganizarse y responder de manera civilizada para seguir adelante con su día a día. La reflexión, en este caso, alude a la importancia de la base en el funcionamiento de la maquinaria global. Si se levanta la base, se termina el juego, parece anunciar, entre líneas, la narración. La obra dirigida por Ana Alonso recoge aquella metáfora de la partida de ajedrez: las élites y la oligarquía del mundo (los de arriba) están disputando una partida de ajedrez en la que el tablero es sujetado por las espaldas de los trabajadores y los peones de base (los de abajo). Basta con que una buena parte de la sociedad civil se levante para que la partida se termine y el constructo sociopolítico se revierta por completo.

La compleja relación entre las élites y lo que podríamos denominar como población rasa es un elemento tangencial a las tres temporadas de la serie. Casi como un motor de acción. Uno de los momentos más reveladores de este complicado intercambio tiene lugar en la tercera tanda, cuando una investigadora en tareas periodísticas (otra vez la relevancia informativa) descubre al mundo la creación y existencia de refugios para que los más adinerados pudiesen “disfrutar” con todo lujo de sendos apagones. El Marina D’Or de los apagones. Y en respuesta a este elitismo, El gran apagón abre otra vía reflexiva en torno al Club Gaia y el ecoterrorismo como reacción al sistema, una idea que ya mostraron obras cinematográficas como Night Moves (Kelly Reichardt, Estados Unidos, 2013).

Así las cosas, El gran apagón confirma al podcast como una herramienta narrativa perfecta para la ficción seriada. Un thriller político y social en el que voces como las de Nacho Fresneda, Nancho Novo, Irene Escolar, Juanra Bonet, Miguel Rellán, Macarena Gómez o, sobre todo, una espectacularísima Terele Pávez que se despidió de la interpretación aterrando a los oyentes con su papel de Marcela Yago durante todo el fabuloso tramo de la secta El Sol Negro, consiguen dotar de entidad a los guiones escritos por José A. Pérez Ledo. Una obra que conforma una aproximación a la realidad desde una ficción que plantea muchas más preguntas que respuestas y que planta la semilla de la duda en la conciencia. Quién sabe si mañana mismo la ficción se hará realidad.


OchoQuinceMag

Magazine digital de análisis cultural de series de televisión. Dirigido por Jorge Dueñas Villamiel y Jesús Villaverde Sánchez.

Jesús Villaverde Sánchez

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Periodista. Me contradigo, contengo multitudes. Pienso, luego escribo. Showrunner de @OchoQuinceMag. Cinéfilo, bibliófilo y seriéfilo; futbolero y rayista.

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