Saturno devorando a sus hijos

ATENCIÓN: Este análisis contiene spoilers y datos relevantes sobre la trama y el desenlace de la segunda parte de ‘Gigantes’.


En el último plano de Gigantes –obviaremos la ridícula boutade que tiene lugar en el ultimísimo segundo–, Enrique Urbizu se detiene sobre el medallón de piedra que adorna la fachada del edificio en el que se asienta la vivienda de los Guerrero. La imagen del medallón muestra a Saturno devorando a su hijo, una imagen que se repite asiduamente durante todo el metraje de la serie de Movistar. Una metáfora que contiene buena parte de la narrativa de esta teleficción.

La fachada con el medallón de Saturno.

La segunda temporada de la obra ha dado continuidad a las fallas fraternales que abrió la primera. El conflicto entre los hermanos Guerrero, auténticos herederos de Caín, se ha recrudecido cuando parecía que ya no tenían ese enemigo en común a pesar de tenerlos todos. Este enfrentamiento, unido a la visión de un Madrid árido, en plena ebullición y envuelta en llamas, ha regalado una creación que en su segundo sexteto se ha tornado más lorquiana, visceral, pasional e incluso sangrienta que nunca.

Mientras Tomás y Daniel trataban de salvar su pellejo con una truculenta huida hacia adelante, jugando al perro y al ratón con el CNP, encabezado por la agente Ángela Márquez, el CNI y la mafia colombiana –interconexiones entre el triángulo, incluidas–, Clemente sufría las consecuencias de su apellido. El pequeño de los Guerrero ve como su vida se desvanece cuando, tras ser apuñalado en venganza gitana, pierde la confianza de su novia, Lorena, que pone fin a su relación antes de que sea demasiado tarde para abandonar su lodazal. Es entonces cuando decidirá llevar el legado de su padre Abraham hasta la última de las consecuencias y hacerse con el control del barrio, en una maniobra que pretende unir a todos los elementos (colonia gitana, comunidad negra, etc.) en una suerte de Hamsterdam castizo.

Clemente y Lorena observan cómo la vivienda de los Guerrero es incendiada.

Sin embargo, más allá de las idas y venidas de los hermanos Guerrero, lo más interesante de Gigantes ha estado en sus relatos subterráneos. La mirada de Urbizu hacia la España de las cloacas: esa nación que permite negociar a sus cuerpos de seguridad con el crimen organizado y encarga, incluso, asesinatos para quitarse del medio a elementos subversivos a su causa. Así las cosas, los seis capítulos con los que se ha despedido la producción original de Movistar se han atrevido a mostrar, por ejemplo, cómo el CNI es capaz de contratar sicarios colombianos para eliminar a Bárbara, la policía que desveló la trama corrupta en la entrega anterior o de aniquilar a los periodistas de investigación que desnudan sus corruptelas.

La agente Márquez custodia la protección al testigo de Bárbara.

Gigantes dice adiós con la misma intensidad y oscuridad que ha gobernado cada minuto de su metraje. Con un final descompensado, todo músculo, que demuestra que la ficción ha ido de más a menos, pese a no perder nunca un ápice de fuerza. Una potencia que no ha dejado nunca de lado la delicadeza de su puesta en escena como en esos ralentíes que heredan la tradición cinematográfica más afín a su creador y alma mater, Enrique Urbizu, el plano en el que, tras la muerte de Paula (2x04 o X), la cámara asciende hasta el cielo acompañando al malogrado personaje en su tránsito o la atmósfera de un Madrid en guerra, con disturbios constantes, en la que encaja a la perfección esa venganza lorquiana o ese Saturno que devora a sus hijos. El legado que pasa de padres a hijos y a nieta, Carmen, cuya osadía nos deja una potente imagen: ese chicle pegado sobre el Saturno que devora a su hijo. Porque esas cicatrices familiares le quedan lejos. A ella no parece ser capaz de devorarla nadie. Abraham solo devora a sus Caínes.

OchoQuinceMag

Magazine digital de análisis cultural de series de televisión. Dirigido por Jorge Dueñas Villamiel y Jesús Villaverde Sánchez.

Jesús Villaverde Sánchez

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Periodista. Me contradigo, contengo multitudes. Pienso, luego escribo. Showrunner de @OchoQuinceMag. Cinéfilo, bibliófilo y seriéfilo; futbolero y rayista.

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