Matrioshkas de Macondo

ATENCIÓN: Este análisis contiene spoilers sobre la segunda temporada de ‘Mira lo que has hecho’.


Alguien me dijo una vez que tener un hijo era la mejor forma de romper una relación de pareja. Ganas un amor para toda la vida, pierdes el que se supone iba a serlo. La segunda temporada de Mira lo que has hecho ahonda en ese momento de entropía en el que todos los supuestos y las zonas de confort se desvanecen de golpe. La metamorfosis que experimenta la ficción de Movistar + es absoluta y la metaforiza, con total acierto, una línea de guion que, en boca del Berto personaje, podría resumir todo el desarrollo de la obra: “¿cuándo dejó esto de ser una comedia y se convirtió en una tragedia?”

La segunda entrega de la teleficción creada por el propio Berto Romero ha supuesto su madurez. De la comedia con especias dramáticas de la primera tanda hemos pasado a un sexteto de episodios en los que ha predominado el drama sobre los toques de humor. Un pequeño cambio en la receta que ha supuesto una modificación total en el menú. La pareja, como institución social, ha sido cuestionada casi de forma constante por el equipo creativo de la teleficción, que ha sustituido en la dirección a Carlos Therón por Javier Ruiz Caldera.

Así las cosas, la segunda temporada de Mira lo que has hecho comienza cuando el edificio se está derrumbando. Con un juego de metaficción que se ha revelado como el macguffin perfecto para el desarrollo psicológico de los protagonistas, y en el que ha entrado una sobria y eficaz Belén Cuesta para dinamitar, aunque levemente, los presupuestos de la vida matrimonial. Con Berto tratando de sacar adelante una serie sobre su vida (dentro de una serie sobre su vida, en una especie de Matrioshka televisiva), la relación de pareja del actor con Sandra (magnífica, de nuevo, Eva Ugarte) se ha resentido y ha testado de forma continuada los límites de su propia tensión. La química innegable entre Berto Romero y Eva Ugarte se ha convertido en uno de los mayores baluartes de la propuesta, tanto en los momentos nostálgicos como en los capítulos dramáticos cargados de secreción.

Esa subtrama autoficcional, en la que Berto construye una familia a medida para hablar de sí mismo, ha servido a Mira lo que has hecho para ofrecer un discurso sobre cómo las personas utilizamos los relatos y la ficción para tratar de buscarnos a nosotros mismos. Usamos la imaginación constantemente para construir y modelar la realidad que nos gustaría vivir: “lo que me jode de verdad es encontrarme más a gusto con la familia que me he montado que con la que tengo aquí”. La frase que pronuncia Alberto esconde mucho más que un reproche: un miedo atroz a lo que nos viene por delante y a la soledad, así como un terror innato a la presión familiar adherida en el día a día de los personajes principales.

No obstante, la producción de Movistar ha continuado ofreciendo desahogos cómicos, aunque más a cuentagotas que en la primera edición. Destacan momentos puntuales como la explicación de las diferencias entre los universos Marvel y DC Comics, así como la secuencia de la fuente (la dolcce vita), que retrotrae a Berto a su primera cita con Sandra, en el preciso momento en que su hermano rompió con su ex novia. También destaca el inusitado musical de Braxton-Hicks, algo que tal vez podría rechinar al espectador no padre, pero que desternillará al que sí lo ha sido. Mira lo que has hecho alberga la brillantez en sus pequeños detalles.

Sin embargo, si por algo han vuelto a destacar estos seis episodios ha sido por su ya característica forma de entrelazar nostalgia, alegría y tristeza, sobre todo en la segunda mitad de la temporada (2x04–2x06). Es en esos instantes en los que la puesta en escena ha conseguido experimentar de una forma más evidente: ese 2x04 que trenza el pasado y el presente para ayudarnos a comprender el estado de ánimo de sus personajes; el entrelazado entre Antonio Resines y el padre de Berto (2x05) que nos lleva a comprender las relaciones que establecemos entre realidad y ficción; y, sobre todo, el fantástico inicio del 2x05, en el que la creación se adhiere a una suerte de realismo mágico a través del que Berto dialoga con su yo niño y con su padre en dos tiempos: pasado y presente. La secuencia en la que su madre termina rellenando de coñac una copa inexistente para que se la tome el fantasma de su marido, con el que acaba de hablar, es de una sensibilidad al nivel de Gabriel García Márquez.

Mira lo que has hecho crece de la mano de sus protagonistas y, en un movimiento de aproximación involuntaria a Catastrophe, nos habla del miedo a la soledad, del terror a lo que nos depara nuestra vida y, sobre todo, la de nuestros hijos; pero también de como intentamos no abandonar a nuestro niño interior, precisamente por ese miedo de perdernos para siempre a nosotros mismos mientras intentamos que nuestros descendientes sean capaces de encontrarse. Para que sus Macondos no vuelvan a sufrir aquellos cien años.