‘The Letdown’, la maternidad desmitificada

ATENCIÓN: Este artículo contiene spoilers sobre la primera temporada de la miniserie ‘The Letdown’.


Una de las consecuencias que ha traído el impulso del discurso feminista, en los últimos tiempos, ha sido la revisión de la maternidad y su desmitificación. No en vano, el cine y la televisión han sabido canalizar ese escrutinio en obras nada complacientes como Better Things (Pamela Adlon y Louis C. K., FX, 2016-?), SMILF (Frankie Shaw, Showtime, 2017-?), la española Mira lo que has hecho (Berto Romero, Movistar +, 2018) o la película recientemente estrenada en nuestras carteleras Tully (Jason Reitman, Estados Unidos, 2018). Discursos muy alejados del estereotipo que fundamentan su éxito en la naturalización de la maternidad, lejos del mito adquirido a fuerza de repetición durante décadas en el imaginario colectivo.

Maternidad para ‘dummies’.

Una de las últimas creadoras en ajustar cuentas con la maternidad ha sido Allison Bell, creadora (junto a Sarah Scheller) y protagonista de The Letdown. La visión que ofrece sobre los primeros meses tras el parto no resulta nada complaciente y golpea directamente en la línea de flotación del discurso prefabricado que ha regido durante años. De esta forma, la obra pone en foco la naturalidad que normalmente queda fuera de campo cuando hablamos del tema. Madres que sufren estrés posparto, la desesperación de no saber cómo reaccionar al llanto del hijo, la recomposición de la identidad y la resituación que tiene lugar tras el nacimiento y las consecuencias corporales propias del cambio sufrido en la anatomía (incontinencia, dolor en pecho, insomnio, etc.).

La estructura de la ficción propone un grupo de madres en el que cada una posee una procedencia y un estatus. De esta manera, The Letdown supone un viaje por la crianza en todas direcciones. Cada capítulo se centra en una de las madres, aunque siempre mantiene a Audrey en el centro del foco y como columna vertebral. Como interlocutora del resto y centinela del guion y el espectador, en definitiva. Así las cosas, la escritura va indagando en esos pequeños relatos ocultos que componen el total y que suelen permanecer en estado de latencia en el mito sobre ser madre.

La relevancia del grupo en el desarrollo de la serie es absoluta.

Precisamente en esa amplitud de miras pueda residir una de las pocas pegas que se le pueden poner a esta comedia agridulce: su vocación por maximizar el abanico temático puede provocar que alguna de las subtramas pasen muy tangencialmente sobre el índice. Por lo demás, Allison Bell y Sarah Scheller han pergeñado un grito maternal entre la ternura, la comedia y la reivindicación feminista (el tramo en el que las madres protestan frente a una cafetería que no permite dar de mamar a una compañera del grupo, aunque finalmente no es así; la aproximación a la figura del padre en todo el proceso o la mirada hacia la conciliación). Las creadoras de The Letdown se suman, con esta miniserie, a esa corriente de desmitificación que parece tratar de abrir los ojos y naturalizar un proceso que, aunque bello y especialísimo, también exige mucho de la psicología y el cuerpo de la mujer.