‘Vikings’, los fratricidios

ATENCIÓN: Este artículo contiene spoilers sobre la quinta temporada de ‘Vikings’.


En la apertura del episodio 5x10 de Vikings se esconde la tesis que subyace al relato de la quinta temporada. Los hermanos Harald y Halfdan, enfrentados en bandos distintos, cantan al unísono la misma canción. Una tonadilla, por cierto, profundamente triste y lúgubre. Cada uno permanece en sus filas, la noche antes de la gran batalla, pero las voces se entrelazan. El uno acompaña al otro mientras la puesta en escena se detiene, con languidez y sosiego, en cada uno de los contendientes que van a librar la disputa. Guerreros y guerreras que, como Halfdan y Harald, lucharán contra su gente en la absurda contienda civil que vertebra la trama central de esta tanda de la teleficción.

La lucha es fratricida. Todo en esta entrega respira la alta traición de la sangre, la guerra consanguínea que personalizan los hijos de Ragnar Lothbrok persiguiendo adueñarse de su legado. Lejos de los saqueos impulsados por el rey aventurero, los anhelos de Ivar se reducen a recuperar Kattegat y vengar el asesinato de su madre, la princesa Aslaug, a manos de Lagertha. Si apuramos, en este enfrentamiento colea también el familicidio. Esa confrontación, anhelada por el deshuesado, alimenta la necesidad de posicionamientos. Cada personaje contra las cuerdas; elegir un bando supondrá traicionar al opuesto. Defender la vida de un hermano puede significar arrebatársela a otro.

La tensión es creciente en la quinta tanda de Vikings. Fundamentalmente porque cuando empieza el 5x01 todo apunta al argumento clásico: la interminable pelea entre los sajones y los paganos. De hecho, de esta ramificación narrativa surge uno de los capítulos más interesantes en cuanto a la puesta en escena: el 5x03, Patria, en el que las fuerzas nórdicas consiguen la enésima victoria frente a las huestes británicas bajo una intensa y melancólica lluvia. El capítulo es, sin duda, uno de los más intensos de toda la serie y en el que, definitivamente, Ivar se revela como ese gran estratega que tiene como destino aparente dirigir las fuerzas vikingas. De esa intrahistoria emergerá también uno de los personajes de la temporada. Como ya se anunció en el desenlace de la cuarta, el obispo interpretado por Jonathan Rhys Meyers adquiere un peso protagónico en los primeros minutos de la decena de episodios. Su perspectiva sirve a Michael Hirst para humanizar el otro lado, para ofrecer una mirada desde el contraplano y para aportar dramatismo a los combates contra la corona inglesa.

La interpretación de Alex Høgh Andersen, dando vida a Ivar, es excelsa.

No es el único frente que abre Vikings en su último tramo. De hecho, se puede hablar del tramo más diversificado en cuanto a los espacios. Lagertha busca apoyos para la defensa de su Kattegat, que hace sonar el cuerno y espera la discordia; mientras, Wessex trata de reponerse de las invasiones y asimilar sus pérdidas y consecuencias. Más lejos, Floki, más hastiado de la vida que nunca tras perder a Helga y a su hija, trata de hallar la tierra de los dioses y establecer allí un asentamiento para las gentes de paz. Sin embargo, pronto se dará cuenta de que es imposible encontrar la pureza y la divinidad en la carnalidad de los mortales. Por otra parte, Bjorn viajará junto a Halfdan a tierras mediterráneas y regresará tras estar a punto de encontrar la muerte en Sicilia. Permanece latente el carácter y la vocación exploradoras del pueblo vikingo, pero la muerte de Ragnar, el ideólogo, y el abandono de Floki, el constructor, hacen mella en el ímpetu con el que se ambicionan los nuevos asentamientos.

Quizás por eso en esta quinta temporada la historia haya centrado su foco mucho más en las disputas internas. En el control sobre las posiciones previamente adquiridas. A este respecto, a partir del cuarto episodio los bandos se han diferenciado con claridad. En un lado, Ivar e Hvitserk, a los que acompaña el supuesto rey Harald y su nueva mujer Astrid, que huye del abrazo de Lagertha para asentarse junto a su nuevo marido y junto a los remordimientos, que la acompañarán hasta su final, pese a anunciar a su amada la fecha del ataque (5x06) a través de un mensajero. Al otro lado del campo de batalla permanece Lagertha, reina legítima y comandante de sus ejércitos, junto a su hijo Bjorn, su fiel escudera Torvi y uno de los hijos de Ragnar, Ubbe. Entre medias se situará el obispo Heahmund, quien tras ser salvado por Lagertha pasará de un bando al otro y cambiará sus lealtades para sobrevivir: “Amo a Dios, pero también amo la vida”.

La despedida de Floki y Lagertha, una reflexión sobre cómo ejercer el poder.

La quinta temporada de Vikings ha vuelto a indagar en sus habituales reflexiones sobre el liderazgo. En este sentido destaca la secuencia del 5x06 en la que Lagertha y Floki se despiden, quién sabe si para siempre, y este le pregunta si le va a perdonar por llevarse con él a efectivos de su ejército. “¿En serio piensas que podría matarte?”, le contesta ella. La puesta en escena y el guion hablan sobre las diferencias en la manera de ejercer el poder de los hombres y las mujeres. Posteriormente, una de las mujeres que acompañan a Floki en la búsqueda de su Tierra Prometida lo resume con una consideración llena de sentido y clarividencia emocional: “Nos perdona porque es una mujer. En su situación ningún hombre lo habría hecho. Los hombres son impacientes, no saben esperar. Si tienen poder, necesitan ejercerlo. De otro modo les parece que no poseen ningún poder. Pero una mujer ha de esperar casi un año para parir. Por eso, su vida es más lenta y profunda”. Una aproximación al liderazgo femenino que no ha sido la única y ha tenido su réplica en Wessex. Allí, tras el fallecimiento inesperado del rey Aethelwulf, toma la palabra la reina Judith, que vuelve a elevar la figura de la mujer y a mostrarse como una líder mucho más inteligente que los varones que la rodean. Mientras el pueblo y la nobleza esperan la sucesión del hermano mayor, el príncipe Aethelred, un rey guerrero en la línea de su difunto padre, Judith aboga por lo contrario y apoya a su hijo menor, el príncipe Alfred, que sería un rey pacificador y político, en otra trama en la que se vuelven a escuchar ecos de un futuro enfrentamiento fratricida. En Vikings persiste una sutil diferencia en las formas de ejercer poder: el género masculino siempre permanece luchando; el femenino trata de gobernar, aunque para llevar a cabo su política deba tomar las armas.

Por otra parte, la puesta en escena del título creado por Michael Hirst ha regresado a su búsqueda de la belleza visual y a la didáctica sobre los ritos y la cultura vikinga. Desde la primera temporada, la mirada hacia la idiosincrasia y la identidad nórdica han permanecido siempre como uno de los elementos de mayor relevancia de la obra. En esta entrega, hemos visto como esa poética de las imágenes y esa aproximación ritual y cultural se han dado la mano en las secuencias de la boda de Harald y Astrid (5x04), la revelación de Floki (5x03) en la isla o el sacrificio en la inauguración del templo dedicado a Thor que levanta con sus manos y las de su pueblo (5x09). Pero la producción también nos ha hecho testigos, nuevamente, del choque de culturas a través de las conversaciones religiosas entre Ivar y Heahmund, que rememoran las que mantenía Ragnar con Aethelstan en las primeras invasiones, así como en todo el tramo, visualmente soberbio, del viaje por el desierto de Bjorn y Halfdan (5x03-5x05).

Sin embargo, todo ha sido fagocitado por la intensidad de la trama central, que ha quedado perfectamente recogida en el fantástico montaje alterno que ha vertebrado el 5x10. La season finale ha mostrado la acometida fratricida desde diferentes puntos de vista, mientras que ha circulado adelante y hacia atrás en el tiempo para mostrar los anhelos, remordimientos y nostalgias de los protagonistas. Un colofón idóneo para una temporada de lucha entre hermanos, de traición y muertes de alcance poético y emocional: la de Astrid a manos de Lagertha, casi una piedad ante su dolor y remordimiento, y la de Halfdan, asesinado a espada por su hermano Harald, entre lágrimas, gritos de rabia y dolor. Así las cosas, el magnífico episodio final concluye con la inevitable muerte que conlleva un conflicto de tales dimensiones emotivas. Una guerra civil cuyas cornetas tal vez empiecen a advertir el funeral de toda una cultura y, por tanto, el punto final a la serie. Algunos ya están llamando a las puertas del Valhalla, otros lo harán pronto. Pero nadie se librará ya del juicio de sus dioses.

El arco dramático de Astrid ha transitado la traición, el amor y el arrepentimiento hasta su trágica y piadosa muerte en el 5x10.