‘Westworld’, ¿sueñan los androides con la revolución?

ATENCIÓN: Este artículo contiene spoilers sobre la segunda temporada de ‘Westworld’.


“Alzaos como leones tras el sueño / en número invencible. / Tirad las cadenas al suelo, como rocío / caído mientras dormíais. / ¡Vosotros sois muchos, ellos pocos!”
Percy Bysshe Shelley. La máscara de la anarquía.

¿Sueñan los androides con paraísos eléctricos? La pregunta con la que Philip K. Dick tituló su novela más famosa, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, resuena en cada uno de los giros de Westworld. La teleficción de HBO se abraza a los androides creados por Delos para hundir el dedo en la llaga de temas tan humanísticos como el deseo (o no) de la inmortalidad, las creencias y la fe, la lucha de clases o la libertad y el liderazgo.

Después de la toma de conciencia, el qué somos y por qué lo somos, llega la lucha de clases. “Hay un mundo más grande ahí fuera que también nos pertenece”, le dice Dolores a Teddy hacia el final del episodio 2x01. A partir de entonces, la pelea se centra en la toma de conciencia y condición de los miles de robots, “esclavos de las narrativas”, y la confrontación contra los humanos esclavizadores. Bajo el manto místico y de la ciencia ficción resuenan las teorías marxistas (el proletariado esclavizado, la mano invisible capitalista, etc.).

La segunda temporada de Westworld se podría resumir en una teoría que El Lazo (Giancarlo Esposito) le explica a William en su visita a la ciudad de Pariah. En el capítulo 2x02 vemos como el Hombre de Negro visita esta especie de ciudad maldita junto a Lawrence y el villano le cuenta una teoría que habla de la libertad y la autodeterminación. Si de pequeño atamos a un elefante a una pequeña barra, asegura, aprenderá que no puede con ella y nunca más volverá a intentar derribarla. La conclusión es tan sencilla como demoledora: solo es libre aquel que siente sus cadenas.

En el decálogo de episodios que conforma esta segunda tanda de Westworld, los creadores tratan de responder algunas de las preguntas que abrieron en la primera entrega (la historia familiar de William y cómo llegó a convertirse en el hombre negro) y deslizan nuevas cuestiones. De esta forma, sus co-creadores, Lisa Joy y Jonathan Nolan, preparan el terreno para las reflexiones que inundan cada minuto de metraje. La obra se torna más conceptual que nunca y termina por teorizar sobre el libre albedrío, el liderazgo o la aproximación teológica a los conceptos de la salvación y el cielo-paraíso.

El episodio 2x09 profundiza en el pasado de William para explicar su conversión.

Es en esas intelectualizaciones donde la producción saca músculo narrativo y se atreve, incluso, con corrientes teóricas difíciles de abordar como qué nos hace humanos. “¿Qué es una persona sino un conjunto de elecciones?”, sentencia William, para ofrecer una mirada iniciática hacia una de las columnas vertebrales de la temporada: la libertad como única forma de autodeterminar la humanidad. Incluso para poder elegir sobre nuestra muerte (o el riesgo de enfrentarla en nuestras acciones), algo que Dolores sintetiza en una única frase que nos trae a la mente al mortal y humano Freddie Mercury. Who wants to live forever?

La columna bífida argumental la completan las reflexiones sobre el liderazgo, su legitimidad y las distintas formas de presentarse como líder. A un lado encontramos a Maeve, una líder que basa más su posición en el individualismo y el control total, desde su posición, de lo que ocurre o puede ocurrir. Al final, también, la antigua madame del Mariposa busca un beneficio personal, además de la revolución. En la otra orilla encontraríamos a Dolores, una especie de Libertad guiando al pueblo, la líder que pretende la inclusión de todos sus semejantes en la lucha, la extensión de la lucha hacia otros ámbitos y la colectividad como método. Juntas componen una comandancia mesiánica que augura el éxito a la revolución y subraya uno de esos lemas tan manidos como pertinentes en la actualidad: la revolución será feminista o no será.

En el terreno visual, Westworld ha continuado transitando el western con mezcla de thriller y noir en determinados fragmentos. Con una puesta en escena más funcional, la segunda entrega ha cargado las tintas en el juego de formatos, un cambio de relación de aspecto que recuerda al cine y que ha vertebrado lo que parecían los recuerdos de Bernard, pero que finalmente han sido revelados como visitas casi astrales a una especie de versión beta del parque en la que han sido revelados algunos de los secretos más oscuros de la corporación Delos. Por otra parte, las esporádicas visitas al segundo de los parques, Shogun World, de temática asiática, ha ofrecido algunas salidas a la monotonía cromática y fotográfica que respiraba la primera tanda.

No obstante, en esa aproximación a las oscuridades de la multinacional, Westworld ha ofrecido su revisión a la actualidad (el descubrimiento del uso de datos que hace Delos, la creación de muros y la segregación) y a la conceptualización de la humanidad como ese lobo capaz de aniquilarse a sí mismo. Una humanidad que permanece siempre como una entidad esclavizadora, poderosa y profundamente tiránica. Como una autoridad de la que escapar una vez tomada conciencia de quiénes somos. Robots del mundo, ¡uníos y luchad!

El episodio 2x08 cuenta una preciosa historia sobre cómo Delos recicla a los anfitriones, les “roba” su vida y ellos tratan de luchar para recuperarla.