¿Alguien, por favor, quiere pensar en la historia?

El discurso de Merkel tras el #Brexit
Sí. En medio de un silencio estoico, la canciller alemana Angela Merkel se presentó en conferencia de prensa en Berlín después de que la salida de Reino Unido de la Unión Europea fuera el resultado arrojado por el referéndum británico del pasado jueves 23 de junio de 2016. Un discurso de poco más de cinco minutos bastó para sentar la grave situación y los peligros vigentes no sólo de la Europa actual, sino también de varios países alrededor del globo.
“Damas y caballeros, con un profundo pesar debemos reconocer hoy la decisión de querer terminar con la membrecía de Reino Unido en la Unión Europea, decisión tomada por la mayoría de la población británica”, comenzó la política alemana, para después sentenciar con su usual sobriedad: “No hay por qué andar con rodeos: hoy es un momento decisivo para Europa, un momento decisivo para el proceso europeo de unificación”.
Las consecuencias de esta cesura, de este momento decisivo –continuó Merkel–, se verán, en su significado preciso, durante los siguientes “días, semanas, meses y años”, y esto dependerá de que los 27 países aún miembros de la Unión Europea, en vez de dejarse llevar por “conclusiones rápidas y fáciles” que sólo fomentarían la subsiguiente división de Europa, actúen con “disposición y capacidad” para “analizar, evaluar la situación con calma y especial atención”, para así, sobre esta base, “enfrentar en conjunto las decisiones correctas”.

Y para que lo anterior no sonara solamente como las “patadas de ahogada” de la principal promotora y cara más representativa de la Unión Europea (no es para menos, si consideramos que Alemania es, desde hace años, el país que más dinero contribuye a los fondos de la Unión Europea), Merkel apuntó tres aspectos fundamentales de una Europa unida, necesarios para enfrentar esta situación.
Primero, que “Europa es diversa”: las expectativas de la Unión Europea son tan variadas como los seres humanos que la integran; a pesar de las principales críticas contra la unidad europea, no sólo en el caso de Reino Unido sino también en el de otros países europeos –reconoció Merkel–, se debe asegurar que “las ciudadanas y los ciudadanos pueden constatar, concretamente, cuánto contribuye la Unión Europea a la mejora de sus vidas personales”. Ésta sería una tarea tanto de la Unión Europea en su conjunto, como de cada país miembro.

Segundo, que en un mundo donde los retos son más grandes que aquello que los países aislados pueden enfrentar, la Unión Europea es uno de los espacios económicos más grandes, caracterizado por participar y “querer participar” en la creación de la globalización; la unidad de Europa es un garante único de “paz, prosperidad y estabilidad”, para poder asegurar aún “nuestros valores de libertad, democracia, y Estado de derecho, así como nuestros intereses económicos, sociales, ecológicos, de política exterior y seguridad, en una competencia global”.
Tercero, que en medio de crisis por las cuales han costado tantas vidas, mientras otras han sido arrancadas de sus países de origen, hay que ver el presente desafío con consciencia histórica: “Nunca debemos olvidar –incluso si eso es inconcebible para nosotros, y precisamente en estas horas–, que la idea de la unificación europea fue una idea de paz. Después de siglos de atroces derramamientos de sangre, los fundamentos de la unificación europea hallaron el camino hacia la paz y la reconciliación, manifestado esto en los tratados de hace casi sesenta años”.

Luego de anunciar su agenda de reuniones con los demás mandatarios europeos, en Berlín y en Bruselas, la canciller alemana concluyó: “Damas y caballeros, la Unión Europea es lo suficientemente fuerte para responder hoy correctamente. En conjunto con el Gobierno Federal de Alemania, abogo por ello. Muchas gracias”.
¿Cómo podemos interpretar estos aspectos de la Unión Europea, que Merkel eligió para hacer frente a la incertidumbre mundial?
Ciertamente, hay lugar para dudas y problemas en lo que Merkel ha apuntado, con respecto a la realidad de las sociedades europeas. ¿Acaso plantear una diversidad intraeuropea significa también, de hecho, que esa diversidad exista de manera incluyente?, pregunta que la propia carrera política de Merkel se ha encargado de responder con bastantes dificultades. Asimismo, ¿se puede inferir tan fácilmente, de los espacios económicos privilegiados, la concreta realización de valores como libertad, democracia y legitimidad? O bien, si seguimos la idea de que la Unión Europea es una principal co-constructora de la globalización económica, ¿en qué medida habría una contradicción entre, por un lado, abogar por los intereses de los inversionistas globales –como Merkel muy probablemente también está haciendo–, y por otro lado, implicar que ello significa “la mejora de las vidas personales” de los europeos?, hace no mucho tiempo, la posible salida de Grecia de la Unión Europea se concentraba precisamente en este problema.

Con todo, hay sin embargo algo importantísimo en el discurso de la canciller alemana, que la salva quizás de ser una mera Maude Flanders de la Europa contemporánea: históricamente, el hecho de que se puedan concebir y expresar libremente estas críticas sobre las pretensiones de la Unión Europea o de cierta unidad de Estado en general, es decir, la idea misma de que una unidad política (nacional, internacional o transnacional), descanse en el diálogo racional y la crítica pública, es algo por lo que varias luchas de Europa han arriesgado y muchas veces perdido todo; el propio derecho y la realización de un referéndum, así como la discusión política (más o menos) transparente, son algo que sólo ha sido posible gracias a las luchas a las que Merkel ha hecho referencia.
Y Merkel tiene razón al decir que no hay que olvidarnos de ello, precisamente cuando hoy hay más de un enemigo de estos valores de estas ideas emblemáticamente modernas e ilustradas (no solamente dentro o en las proximidades de Europa; para muestra, basta Brasil). Es en este sentido que podemos entender también las palabras de Merkel: cuidado con socavar lo poco o mucho que, en materia de libertades ciudadanas, hemos logrado con la sangre de los últimos tiempos, pues hoy hay quienes gustosos esperan que estos resultados se derrumben para provocar entonces la emergencia de regionalismos excluyentes (fundamentalismos nacionalistas o internacionalistas, como los que se articulan alrededor del Corán, de ciertos catolicismos o de la Iglesia ortodoxa), tan terribles como los del pasado.

¿Representa la inminente salida de Reino Unido de la Unión Europea, un debilitamiento cultural, una vulnerabilidad grave y sintomática en materia de realización de valores ciudadanos? Algo dice ya el hecho de que, después del referéndum, se dispare el googleo británico de sus consecuencias; “un poco demasiado tarde”, como publicó Die Zeit.
Nos toca pensar, a la par, las ideas modernas e ilustradas de nuestras luchas actuales.
Por Óscar Palacios Bustamante.
