Hipster (Flickr/Manjonni, CC BY 2.0)

Contracultura sin contras: Los hípsters

La primera contracultura que nació bajo el microscopio de la industria de la publicidad fue la hípster. Terminaron siendo un grupo de consumo, usando su capital para comprar todo lo que los hace hípsters. En ¿Qué fue ‘lo hipster’? , Mark Greif (2011) describe lo hípster como “un tipo de subcultura generada por el neoliberalismo”. Según este escritor, el hípster es nihilista, individualista, consumista, naíf y proclive a combatir los problemas sociales con ironía más que con acción. “Hípster” es un término que se usaba en los años 50 para los jóvenes blancos que admiraban el jazz y adoptaban la jerga de los jóvenes afroamericanos. Volver a esta palabra alude a la actitud de los jóvenes en torno a la cultura.

Cada década sucesiva a la posguerra había tenido su propio movimiento que desafiaba los estándares para revolucionar la música, el arte, la sociedad y las luchas políticas. En tiempos de la generación X, el grunge surgió como una mezcla entre el punk y el rock de los 60. Lo que siguió, es decir, lo hípster, fue una combinatoria de todo lo que le antecedió. Así este crisol de estilos, gustos y comportamientos se ha agrupado bajo la categoría problemáticamente definible de lo hípster.

Hipster Romance (Flickr/Ashley Webb, CC BY 2.0)

Los hípsters son jóvenes que consumen lo cool en vez de crearlo. Están lejos de la autenticidad y la rebeldía –pilares que se pensaban fundamentales para cualquier subcultura. En el momento en que una tendencia, una banda, un sonido un estilo –incluso un sentimiento– tiene demasiada exposición, los hípsters voltean a él con desprecio. Así, la cultura hípster está abierta a manipulaciones constantes, forzando a sus participantes a cambiar continuamente sus intereses y afiliaciones. Los hípsters no pueden darse el lujo de mantener cualquier lealtad cultural o afiliaciones por miedo a que pierdan relevancia.

En el 2008, la revista Adbusters advertía sobre lo hípster lo siguiente:

Como una apropiación artificial de distintos estilos de distintas épocas, lo hípster representa el fin de la civilización occidental –una cultura perdida en la superficialidad de su pasado y es incapaz de crear cualquier nuevo significado.

Varios críticos están de acuerdo en algo sobre los hípsters: se trata de una contracultura que no es nada política en comparación a los anteriores. Pensemos en la postura del punk ante la clase obrera, el hip-hop para las comunidades afroamericanas, o el grunge en los años 90 con su clara agenda antiautoritarista. Lo hípster no tiene nada que defender, apoyar o suscribirse. Esta irónica falta de autenticidad permitió que lo híptser funcionara como un fenómeno global listo para consumirse, pero también como un espacio hueco, susceptible de ser llenado con cualquier ideología.

¿Se acuerdan de los neonazis? ¡Volvieron! …en forma de hípsters

Der Nazi-Aussteiger! (Youtube/Mesh Collective, CC BY)

Conozcan a los nipsters, mitad hípsters mitad neonazis. Como los símbolos del nazismo están prohibidos en Alemania, los seguidores de la ultraderecha han tenido que cambiar su apariencia hacia una más amable. Se han dejado crecer la barba y el cabello, su ropa ahora proviene de los escaparates de tiendas de moda, y las insignias han pasado de ser parches en mochilas descuidadas a serigrafías con caligrafía estilizada sobre bolsas de tela. Es decir, los neonazis han tomado todos los elementos que configuran la estética de lo hípster y los han llenado con su ideología fascista.

Este nuevo rostro, que intenta ser un poco más amigable, cada vez está tomando más fuerza. Ahora hay vlogs neonazis con miles de suscriptores, programas veganos de contenido político que, mientras comparten recetas, hacen apologías de la ultraderecha, o bien, Tumblrs con fotografías de moda fascista. El más claro ejemplo de este despliegue nipster es FSN.tv, el único sitio de vlogs neo-nazis de Alemania. En los dos años que lleva existiendo, ha vuelto a su vloggero una figura muy conocida (y controversial) de la extrema derecha alemana, principalmente, porque ha dicho abiertamente que busca darle un rostro más amigable al fascismo. Esta no es ninguna contradicción. El fascismo ya había funcionado como el rostro amable de la ultraderecha (fascimo entendido como el gobierno de la fascia, es decir, del rostro, de la apariencia).

Heil, hípsters

Lo nipster es más difícil de catalogar dentro de lo neonazi porque no es tan evidente.

Según un reporte de 2013, en la actualidad, hay 22,000 miembros de la extrema derecha en Alemania. Este número crece cada año, y ahora que ser neonazi empata con la moda hípster, podría normalizarse una ideología violenta y radical. Los maestros en las secundarias y preparatorias en Alemania, hasta hace unos años podían identificar fácilmente a un joven neonazi. Ahora, con los nipsters es más difícil identificar a esos alumnos que después pueden convertirse en adultos radicales y están muy preocupados.

Los nipsters están apareciendo en Alemania en la misma época en que la ultraderecha está tomando más fuerza en Europa. Sería peligroso asumir que son dos fenómenos íntimamente relacionados, pero el hecho de que surjan al mismo tiempo preocupa.

(CC0)

Ahora empieza a declararse a los cuatro vientos la muerte del hípster. Según la revista Vice (la cual, curiosamente, se señalaba como punto de encuentro entre lectores hípsters)

El hipster era el paria perfecto: pretencioso, mal vestido, iconoclasta, poser. Era como tu hermano menor que hace todo lo posible para que lo noten y le pongan atención pero no se esfuerza para mantenerla.

Muertos o no los hípsters, su legado como generación, hasta ahora, es bastante sospechoso. Si bien hípster y nípster no son la misma cosa, tienen bastantes puntos en común que en ciertos contextos los une. Más allá de los blogs, la moda o la trascendencia, algo nos queda claro de esto: no tener postura política, es tener una. La falta de responsabilidad sobre el escenario político de una época, da pie a que cualquier ideología se apropie de las modas.

Por Ximena Rojo.

Hipster vs nazi (Flickr/thierry ehrmann CC BY 2.0)
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