Las lecturas de Marilyn

Era su gusto por los libros lo que le hacía acudir a ellos cuando estaba fuera de cámaras.

Este día, el mundo recuerda que hace 55 años se dio a conocer que Marilyn Monroe había fallecido. La célebre actriz fue reconocida siempre en el mundo del espectáculo, inmersa en la crítica de quienes consideraron que ha sido sobrevalorada y quienes han apreciado su calidad sobre el escenario. Sea como sea, lo que debe verse siempre es que ella es uno de los mitos del cine más relevantes hasta la primera cincuentena del siglo XX. Y es que además, se vio envuelta siempre en honores a su belleza, pero también en escándalos.

Sin embargo, detrás de Marilyn había una faceta de su vida poco conocida. Se veía siempre como la figura de una mujer rubia, bonita, y hasta frívola, y así fue concebida siempre hasta que un 5 de agosto de 1962 fue encontrada sin vida. Vivió entonces ellas hundida en una “vana existencia”, que ocultó esa imagen lectoras que, contrario a lo que se piensa, tenía.

En su biblioteca personal había, según registros, unos 400 libros, que hace algunos años fueron subastados por Christie’s en Nueva York. Y es que la imagen de una mujer ingenua que se veía en la pantalla no era justo como la verdadera, pues Marilyn Monroe era una ávida lectora.

Estuvo casada con Arthur Miller, escritor y gran amigo de autores como Carl Sandburg y Truman Capote, quienes comentaron más de alguna vez sobre las interesantes conversaciones que mantuvieron con la actriz.

Según la colección subastada por Christie’s, Marilyn tenía afición por un tipo de libros en especial. En su catálogo destacan no cualquiera, sino obras maestras de la literatura universal, como “Ulises” de James Joyce, “Crimen y castigo” de Fiódor Dostoievsky, colecciones de cuentos de Anton Chejov, algunos textos de Sigmund Freud, Marcel Proust, Aleksandr Pushkin, Gustave Flaubert, Oscar Wilde y Bertrand Russell; también aparecen entre sus títulos ejemplares del trabajo de Edgar Allan Poe, Lewis Carroll, D. H. Lawrence… Y ante ellos, la idea de que Marilyn no era como se le veía, rodeada del glamour de aquellos años en las calles de Nueva York, sino que su hermosa imagen está enmarcada por la afición a los textos literarios… Era su gusto por los libros lo que le hacía acudir a ellos cuando estaba fuera de cámaras.

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