¡SE BUSCA!

Buscar un libro en Venezuela se ha convertido en una tarea detectivesca.

Desde hace aproximadamente tres años, la situación de las empresas editoriales ha ido decayendo hasta llegar a un punto crítico; no solo se les restringe el acceso a los dólares oficiales para la importación del papel, también deben enfrentarse al aumento constante en los costos de producción, lo cual influye en el precio final del producto que llega a las manos del público.

En el 2012, Carlos Tineo trabajó seis meses como vendedor en la tienda Muchos Libros, ubicada en el Centro Comercial Boleíta Center. “Mi experiencia fue bastante agradable, y a diferencia de lo que ocurre ahora con la escasez de libros, en ese entonces las personas se sorprendían por los precios, pero todavía se podían dar el lujo de comprar un libro en 10.000 Bs. sin dudar”, comenta.

3 años después y con 21 años, Carlos se propone meterse en los zapatos del lector venezolano actual que sufre las consecuencias de la escasez del papel: buscar un libro que ya salió al mercado pero que ha desparecido del ojo público, Bajo un cielo de mármol del autor norteamericano John Shors, con la determinación de regalarle a su mejor amiga un libro de su autor extranjero favorito. Shors ha trabajado como novelista, profesor y periodista en Colorado; y sus libros se han publicado en más de 26 idiomas.

Así, bajo un cielo despejado y con el calor del mediodía, visitaremos tres librerías de Caracas como si nuestro trabajo fuera ser detectives cuya misión es encontrar objetos perdidos.

Librería #1: Nacho del Sambil

Tienda #1: Nacho del Sambil. Foto: Victoria Sánchez

Al abrir la puerta de cristal el aire frío y refrescante producto del aire acondicionado recibe al nuevo visitante. Casi inmediatamente, Carlos se dedica a detallar la tienda. Relativamente vacía, pequeña pero no tanto y con dos niveles surtidos de libros y utilería de oficina. A continuación, se dedica a recorrer los pasillos del establecimiento a fin de evaluar la mercancía. Esto le lleva unos diez minutos aproximadamente. Terminada la tarea, procede a ubicar a un empleado que le proporcione información sobre si poseen o no el libro. Identifica a su objetivo: Andrés Sulbarán, 22 años.

“Actualmente no tenemos este libro, pero si revisas los datos de la computadora, verás que antes si estaba, incluso lo teníamos en 58 Bs. La encargada de proveernos ese libro era la editorial El Planeta, y de ellos ya no nos está llegando nada. Y si así fuera, ya no sabemos cuándo nos llegarán las cosas por la situación del país que también nos afecta a nosotros como establecimiento; a pesar de esto, los clientes no han dejado de venir, te explico: antes teníamos tres librerías aquí en el Sambil pero el alquiler de las tiendas es demasiado caro, por eso, se tuvieron que cerrar dos, una hace dos años y la otra hace dos semanas; entonces, todo lo que estaba ahí se trajo para acá, y claro, al haber una sola tienda Nacho, la gente se viene aquí, por eso vemos un incremento de clientela en cuanto a esta tienda”.

Tienda Nacho ubicada en el nivel feria del Sambil clausurada hace aproximadamente un mes. Foto: Victoria Sánchez

Librería #2: Tecni-Ciencia Libros del Sambil

Tienda #2: Tecni-Ciencia LIbros del Sambil. Foto: Victoria Sánchez

Si antes Carlos había tardado diez minutos en recorrer la tienda Nacho, en ésta tardó doce. A pesar de la enormidad de la tienda, los innumerables espacios vacíos en los estantes donde deberían estar los libros deslumbran a quien cruza las puertas del establecimiento. Por ello, su recorrido no se vuelve extenso y no se tarda demasiado en disponer del tiempo de un empleado para que sea su informante, en este caso, será el hombre que permanece de pie en la puerta mientras le indica a sus compañeros la ubicación de cierto libro que no llegamos a recordar. Su nombre, Luis Salazar. Más tarde, fuentes anónimas revelarán que este hombre lleva más de 30 años trabajando en la tienda.

“Hace tiempo que la tienda dejó de ser lo que era, fíjese que en la parte de literatura que era nuestro fuerte, ahí no hay nada. Anteriormente había bastantes libros, ahorita ya no hay tantos. Esta tienda que normalmente era un mundo con capacidad para setenta mil libros, ahorita no llega ni a los veinte mil, y a pesar de que la gente sigue viniendo, se lamenta como todo el que ha venido porque no es la misma tienda que antes y no son los mismos precios de antes”.

La falta de divisas para la importación del papel deja los estantes de las librerían sin mercancía para vender. Foto: Victoria Sánchez

Librería #3: Lugar común, Altamira.

Librería #3: Lugar común, Altamira. Foto: Victoria Sánchez

El ambiente es diferente con respecto a las otras dos librerías, aquí la sensación es de querer permanecer bajo esas cuatro paredes repletas de libros hasta el techo y que hasta integran un espacio dedicado a los que deseen sentarse a leer un rato. Sin embargo, la búsqueda del libro perdido se vuelve más complicada por la forma en la que está distribuida la mercancía; por lo cual, Carlos decide ir directamente al mostrador donde está el único vendedor disponible de la tienda en esos momentos, Eduardo Arellano, de 23 años.

“Ya han venido varias personas preguntando por ese libro, pero no lo tenemos. Los precios de los libros que poseemos, varían según la editorial y el lugar de impresión. Por ejemplo, si es de narrativa nacional los libros puedes valer 100, 400 Bs; si son importados pueden costar hasta 8.000 Bs. y, a pesar del precio, la gente los compra, muchos se adaptan a los cambios, incluso las editoriales del gobierno se han dado cuenta que un libro no puede valer 10, 15 Bs. que es lo que costaban antes; ahorita su límite alcanza los 800 Bs. porque saben que un libro pasa por muchas manos, desde cómo hacerlo hasta el librero que te lo esta vendiendo”.

Las visitas han terminado, observo el sentimiento de desánimo en Carlos por no haber obtenido resultados positivos de la búsqueda. Mientras caminamos hacia el metro, le escucho decir: “¿Sabes?, Eduardo tenía razón, con respecto a otros países nosotros no somos nada”.

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