Un famoso video de Nokia, la marca finlandesa de tecnología móvil, cuyo título es La cuarta pantalla, muestra la evolución desde la primera pantalla que trajo información del mundo (el cine), la segunda (la televisión) y la tercera, con gran pompa y ruido, por ser la revolución que le tocó vivir de primera mano a la generación actual (la computadora conectada a internet), con las ventajas y defectos de cada una.

El cine y la televisión permitían solamente consumir información, sin posibilidad de interacción. Ahora bien, con la masificación de las redes sociales y los dispositivos móviles la «televisión social» es una realidad, que ya desplaza los famosos índices Nielsen de audiencia en Estados Unidos. Hoy se toma más en cuenta un trending topic nacional de una serie como Community que sus supuestos bajos índices de audiencia en la medición tradicional. La computadora, por su parte, permitía interactuar de forma aislada, porque supuestamente la persona estaba «encerrada en su oficina».

La cuarta pantalla es la del dispositivo móvil. Con todo el poder de una computadora de escritorio, pero ligera y móvil, libera del encierro, de tener que estar entre cuatro paredes para recibir la información. La conectividad móvil permite a una persona ir a la calle a pasear, tomar vino con sus amigos mientras espera ese importante mensaje de la empresa; estar en la playa con la familia y leerles un chiste que puso algún humorista en su cuenta de Twitter; estar en un concierto y compartir con su hermano en Miami una foto en Instagram. La promesa era (y sigue siendo) conexión con el mundo, en vivo, todo el tiempo.

La idea de la cuarta pantalla emociona, abre las puertas del mundo, siempre y cuando se use con cuidado. Es necesario trazar límites y saber hasta dónde contar con la tecnología y cuándo llamar por teléfono o visitar a un ser humano para hablar.

La tecnología es una herramienta para conectarse con otros seres humanos, no para sustituirlos. Sentir simpatía por alguien, compasión y ternura, no es algo que una máquina pueda llegar a experimentar, por avanzada que sea, por muy cómoda que pueda ser. Hay gente que todo el día envía correos, mensajes de texto, tuits y demás, pero es incapaz de mantener una conversación con otra persona, de comunicarse con otras personas. Existen personas que, aun reunidas con sus amigos o compañeros de trabajo, sentadas al lado de otras, envían mensajes de texto, revisan su Facebook, hacen compras y se aíslan incluso estando acompañadas.

La tecnología permite a una persona concentrarse en lo que quiere, sacar de una reunión de trabajo exactamente lo que quiere, sin escuchar lo que no le interesa; mientras, smartphone en mano, ve esa foto que su amigo en Moscú compartió con el. La tecnología permite editar qué decir, cómo lucir, cuándo hablar y cuándo callar. Sherry Turkle en su más reciente TED Talk dice que la tecnología permite estar «conectados pero solos». Habla de personas que se refugian en las máquinas, en su dispositivo móvil, en su computadora, para aislarse de una sociedad que les da miedo, que no entienden, que han aprendido a evadir con la comunicación digital. Mientras que unos se maravillan de poder contactar tantas personas con opiniones diversas acerca de tantos y tantos temas, otros se sienten protegidos de una sociedad que ven hostil, y usan la tecnología como filtro para decidir qué dicen y qué no, qué muestran de sí mismos y qué no.

Poder decidir a cuál parte de una conversación se presta atención y a cuál no, editar lo que se dice y cuando se dice, cuándo y qué se contesta, incluso cómo lucir ante otras personas (editando las fotos de los avatares que muestran «cómo somos» o quizá, más bien, «cómo nos percibimos« o «cómo queremos ser percibidos»), puede parecer una maravilla para algunos. Pero, justamente, en una conversación cara a cara, cuando alguien se queda sin palabras y se detiene a pensar, esa inflexión de la voz es lo que le da carácter a su personalidad. Renunciar a ello es enmascararse frente al otro. De nada le sirve a una persona estar hiperconectada con todo lo que pasa en el mundo, si está aislada de lo que pasa frente a sus ojos. La tecnología es una herramienta para hacer la vida más sencilla. Las redes sociales son herramientas para comunicar y tejer redes. Pero más importantes y fascinantes son esas personas que se preocupan por ti, esas personas a las que les interesa lo que dices, y esto funciona de ida y vuelta, porque hay muchas personas interesantes en tu entorno, con las que disfrutas de una conversación, de una comida, incluso quizás con alguna de esas personas decidas pasar el resto de tu vida.

Solo intenta que, la próxima vez que estés hablando con alguien, el teléfono esté en tu bolsillo y tu mirada apunte a la persona que habla. Probablemente escucharás cosas interesantes, conocerás facetas increíbles de personas de las que ya creías saberlo todo; aunque sea aterrador estar en un «chat en tiempo real», donde no hay forma de «deshacer», y tengas que compartir una sonrisa y hasta una carcajada de verdad, sin emoticones.