Un emprendedor común, como tú.

Escrito por Maximiliano Contreras @soymaxcontreras
Imagen de Shutterstock con edición por Stephanie Santoscoy

Yo soy como casi cualquier millennial; abierto, exigente, seguro de mis cualidades, algo ciego ante mis defectos, indudablemente con la mentalidad de que nada es imposible.

Me enseñaron, quizá sin saberlo, a nunca quedarme callado, a sentirme único, especial, distinto al resto -no, no soy argentino-. Me dijeron que podía hacer cualquier cosa que quisiera, que los límites sólo existen en mi mente y que, claro, el mundo conspiraría a mi favor para que todo resulte en un beneficio para mi causa.

También me demostraron, con ejemplos, cómo no hay situación o dificultad que pueda con un alma indomable. 
 
Ese cúmulo de enseñanzas, experiencias y creencias fueron conformando, poco a poco, la persona que salió al mundo, hace casi 4 años, para poner a prueba todas las cualidades que yo -al menos eso consideraba- tenía y que funcionarían para que mis sueños se materializaran.

Al venir de una familia de ejecutivos, donde la mejor -nunca desdeñable- opción era ser el mejor entre todos tus compañeros, luchar por mantener un lugar de suma importancia en un corporativo internacional y mantener lealtad a cambio de seguridad, la idea de buscar un camino en tres de las industrias más competitivas y cerradas del país como moda, deporte y tecnología, sin un mínimo de experiencia, plataforma económica o contactos de peso para lograrlo eran un suicido total. 
 
Como buen exponente de la generación del #MeLoMerezcoTodo, eso me hizo sentir aún más la sensación ser “único y especial”, por lo que, por supuesto, me lancé al vacío con la seguridad de un león que ataca a su presa -¿eso no podría fallar, o sí?-

Bueno, sí, como era de esperarse, fallé. Aunque no, no fue el fallo estrepitoso que cuentan en los libros de Robbins, Chopra o Kiyosaki.

Éste se trató de un fracaso que podría pasar desapercibido, aún más doloroso y mucho, muchísimo más complicado de asumir como tal -aquí aprendes qué es el ego-, por tanto, increíblemente lleno de aprendizaje.

Lo que yo entendí como fallo podía ser una exageración para otros, pues sí, en el camino logramos que una de las empresas fuera valorada e incluía en portafolio por Angel Ventures México y Endeavor, otra, la marca deportiva de un producto especifico más importante del país, que ya se ha extendido a otros dos en América Latina; también, fuimos propuestos para el Premio Nacional del Emprendedor en el último año y, un buen signo, casi todos los proyectos fueron aprobados por las instituciones regentes más importantes de cada industria, logrando inversiones de más de 1.5mdp en el segundo año de operaciones.

¿En serio la cosa iba tan mal? Sí y no, aunque parezca que no he llegado a ninguna conclusión.

En el camino, me fui dando cuenta que la vida es un equilibrio total, es decir, no fui el peor por considerar que los logros obtenidos son pequeños “porque yo sueño con más”, ni soy el mejor por darme cuenta de ello.

El fracaso que tuve que asumir fue uno que mi egocéntrico aprendizaje adolescente nunca me habría permitido ver con claridad y es que, de nada sirven -lo puedo decir hoy con honestidad- los valores típicos de nuestra generación que hablan de obtenerlo todo, lograrlo todo y ser el mejor en todo.

Para explicarme mejor: una buena idea, una gran mentalidad, una inexpugnable seguridad son poco -o nada- cuando no se sostienen en trabajo arduo e inteligente, honestidad, humildad y un deseo incontrolable por tener una cultura de trabajo -sí, TRABAJO, eso que nos cuesta tanto a los millennials- que te lleven a aprovechar cada oportunidad, alcanzar los objetivos propuestos, valorar el aprendizaje en cada situación y, siempre, honrar tu palabra.

Yo soy un emprendedor común, no soy tan distinto al resto como lo pensaba y, hoy, puesto que sí se que soy especial -como todos y cada uno de nosotros- he decidido iniciar una nueva fase de mi vida donde la caja de creencias de mis primeros años de independencia se combinen con el aprendizaje obtenido hasta hoy.

Para resumirlo, haré un equilibrio entre la mentalidad #YoLoMerezcoTodo con el #YoLoTrabajoTodo de la generación anterior -la de nuestros padres- y que, al menos sólo en mi experiencia, pueden significar esa pequeña gran brecha entre soñar/lograr, imaginar/crear o potencial/éxito.

No estoy seguro que mi experiencia sea un golpe de consciencia para los demás, tampoco creo que yo sea el estereotipo del emprendedor exitoso que pueda salir a exponer su vida como un ejemplo.

Lo que sí creo es que mi vida -tan única y especial- podrá ser un aliciente para otros “emprendedores comunes”, como yo, que quieran salir a demostrarle al mundo y a sí mismos, lo únicos y especiales que pueden ser, manteniendo un equilibrio entre mentalidad y trabajo, que los lleve hasta donde siempre soñaron.

¿Y si, de estar en el portafolio de las aceleradoras más importantes de México, logramos una inversión real de un holding internacional? ¿Si convertimos esa marca deportiva en una marca internacional fuera de America Latina? ¿Si logramos ser no sólo aprobados, sino comprobados y premiados por aquellas instituciones que ven bien los proyectos? ¿Si en lugar de ser propuesto al Emprendedor de Año, nos convertimos en los empresarios más exitosos del país? ¿Si dejamos de ser proyectos para ser realidades?

Todo es cuestión de trabajarlo, ¿qué dices?


¿Te gustaría compartir tu experiencia como emprendedor en nuestro blog? Nosotros estaremos encantados de leer y compartir tu historia. ¡Gracias y hasta la próxima semana! -padmit-
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