Mi roble sonriente

Palarba: Cima

Yo medía menos de un metro, él casi dos. Yo era un ratoncillo tímido, él un roble sonriente. Con mis manecitas débiles e inseguras empezaba a escalarlo y apoyaba mis rodillitas que me temblaban por el esfuerzo; y cuando me veía desfallecer, se agachaba un poco para ayudarme a seguir.

Pero siempre llegaba a la cima, escalaba hasta llegar a los hombros y me sentaba, dueño del mundo, sonriente, cansado y triunfal. Me agarraba de los colochos, cada vez más blancos, y disfrutaba del mundo desde las nubes.

- ¿Cómo está el clima allá arriba? — preguntaba siempre, pretendiendo que gritaba.

- Hoy hace mucho viento — respondía yo. Me tomaba la pregunta en serio, de verdad creía que el clima era distinto a esa altura y además le gritaba la respuesta.

Luego crecí, crecimos los dos. Y empecé a usar audífonos, a esconderme en libros, a pegar la cara al celular y a huir en aviones. Él empezó a ir al hospital, a tomar pastillas, a probar remedios naturales y a aceptar que el dolor en la pierna empezaba a ganar sobre su ánimo.

Ahora sonríe menos y suspira más; está un poco cansado pero el corazón no le ha dejado de crecer, mi roble está hecho de puro amor.

Cuando estaba allá arriba mis manos apenas alcanzaban para taparle los ojos en un abrazo de parche de pirata, ahora desde tierra firme lo puedo abrazar completo. Mi roble se encoje y la cima me queda cada vez más cerca de los labios.

Cuando estaba en la cima yo no era el playito del aula o el que caminaba raro, no era el verde sin amigos o el sapo solitario, era el fucking dueño del mundo.

En gran parte de mis recuerdos más felices hay un roble y yo sonrío desde arriba, desde la cima.

Show your support

Clapping shows how much you appreciated Marco Adrián Vega Botto’s story.